Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/08/11 00:00

A comenzar de cero

Desde 2005 avanza un plan de liquidación de ocho centros asistenciales por deudas laborales y pensionales. La idea es iniciar un nuevo proceso.

A comenzar de cero

Los síntomas eran serios: deudas millonarias con proveedores y empleados, cirugías represadas y un imparable pasivo pensional. Luego de años de intentar sin éxito terapias de reestructuración y dolorosas inyecciones de capital, los especialistas responsables de la Red Hospitalaria en Santander anunciaron que para el paciente sólo había un tratamiento: liquidación.

Y es que, para finales de 2004, la red de hospitales de este departamento estaba, si no agonizando, por lo menos en un coma profundo. El ícono de semejante cuadro era el Hospital Universitario Ramón González Valencia (Hurgv), un centro de tercer nivel que prestaba sus servicios a una población de cuatro millones de personas en siete departamentos del oriente colombiano y que, entre sus múltiples dificultades, arrastraba un déficit de 56.000 millones de pesos.

El anuncio de su liquidación fue recibido con protestas ciudadanas, pero nada de eso cambió los planes del departamento, a la medianoche del 4 de febrero de 2005, el Hurgv expiró y dio paso, de inmediato, al Hospital Universitario de Santander (HUS).

Plan de salvamento

El González Valencia representó la primera fase del 'Plan de Salvamento' de la red hospitalaria departamental, presentado por la administración del gobernador Hugo Heliodoro Aguilar. Con esa estrategia, el gobierno seccional buscó poner fin a una problemática que previas administraciones habían eludido sucesivamente y que se veía expresada, entre otros indicadores, en un déficit de 79.000 millones de pesos.

En una segunda y una tercera fase, la administración liquidó los hospitales de Vélez, San Gil, Málaga, Piedecuesta y Barrancabermeja. La cuarta fase, actualmente en ejecución, incluye a los hospitales de Socorro, Charalá y Guadalupe.

En todos los casos, nuevas instituciones nacieron de inmediato para reemplazar a los centros liquidados. Se trata de lo que el médico cirujano Holger Horacio Díaz, secretario de Desarrollo y presidente de la junta directiva del HUS, califica como "hospitales cero kilómetros".

"En Santander nos sentimos muy orgullosos, no de liquidar hospitales o cerrarlos, sino de crear hospitales que tienen viabilidad, que parten de cero, sin deuda laboral, sin deuda pensional y sin deuda a proveedores".

El costo total de las liquidaciones superó los 52.000 millones de pesos, pagados en su mayor parte por el gobierno nacional. Según Díaz, los nuevos hospitales son autosuficientes y han logrado niveles de rentabilidad que sus antecesores nunca conocieron.

Pero no todos están conformes. Jaime Santamaría, enfermero pensionado del liquidado hospital San Juan de Dios de Vélez, dice que los pacientes se afectaron por la liquidación. "La atención desmejoró. Antes se dejaban dos enfermeros en un solo pabellón, pero ahora la nueva gerencia contrata por cooperativas y deja sólo un enfermero de turno para atender entre 25 y 30 enfermos".

Con todo, reconoce que la situación financiera de la institución era, al momento de ser liquidado, precaria, y dice que el nuevo centro no sufre de las difíciles condiciones económicas de su antecesor: "Había un déficit de casi 2.000 millones de pesos, lo que demoraba los sueldos seis meses y hasta un año. Llegó un momento en que el paciente tenía que comprar el algodón. Además, siempre había politiquería y eso llevaba a que se nombrara personal que no estaba capacitado".

De las críticas no se salva ni el HUS. La médica Stella Rodríguez asegura que el nuevo centro sufre un "maltrato" en su capacidad instalada. "Han disminuido camas, los servicios aumentaron, los indicadores están muy bien en lo que interesa al Ministerio, pero la respuesta asistencial tiene los mismos problemas, que no son heredados del Ramón González Valencia, sino del sistema", dijo.

El costo de liquidar

El departamento ha anunciado que con la cuarta fase concluirá su 'Plan de Salvamento', pero reconoce que podrían ser necesarias medidas similares en por lo menos otros dos hospitales: el siquiátrico San Camilo, en Bucaramanga, y el local de San Vicente de Chucurí.

Lo que sí se tratará este año es el manejo que se le dará a la amenaza que la liquidación de los hospitales trajo para Santander: asumir el pago de los pensionados de la red pública significa para el departamento una carga de 13.000 millones de pesos mensuales. Como el pago de pensionados aparece, según la ley, registrado como parte de los gastos de funcionamiento, Santander -que tiene un convenio de desempeño con el Ministerio de Hacienda- enfrenta la posibilidad de incumplir sus porcentajes y pasar a ser, ante el gobierno, un departamento de segunda categoría.

El gobierno departamental no ha ocultado que considera al tema como prioritario. Por ese motivo, llevará la situación ante el Presidente de la República en la próxima cumbre de gobernadores, que se llevará a cabo en Bucaramanga, el 16 de agosto.

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