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| 4/20/2013 7:00:00 AM

Cómo cambian los tiempos

En este planeta todo está destinado a mutar y evolucionar, los ecosistemas, el urbanismo, las grandes tradiciones culturales… Lo mismo ocurre con los detalles efímeros que marcan la vida cotidiana.

Basta con examinar el lenguaje que se utiliza hoy para darse cuenta de los cambios tan brutales que han acaecido. Como, por ejemplo, decirle ‘transporte’ o ‘ruta’ al bus; ‘móvil’ al taxi; ‘personal’ a la gente; el uso generalizado del verbo ‘cancelar’ en vez de pagar; de ‘colaborar’ en vez de ayudar. 

Y así… Y si lo anterior no fuera poco, estos son tiempos políticamente correctos. Es decir, que a los ciegos se les debe decir ‘personas en discapacidad visual’ y a los sordos, ‘en discapacidad auditiva’, así las instituciones que los cobijen se llamen Instituto Nacional para Ciegos e Instituto Nacional para Sordos.

Otro hábito que desapareció es el ritual de escribir cartas a un amigo o al ser amado. Al escribirla había que pensar cada frase para tachar lo mínimo, muchas veces pasarla a limpio, conseguir el sobre, ir a la droguería y comprar la estampilla, pegarla, echar la carta en el buzón y esperar la respuesta para ni idea cuándo… 

Y la televisión… El mando a distancia acabó con los televidentes cautivos. Al menor síntoma de aburrimiento, el televidente cambia de canal y es poco probable que regrese. Y ni hablar del alquiler de películas de Betamax, VHS o DVD. ¿Alguien recuerda qué era eso?

La cultura desechable acabó con ciertas prácticas, como dejar finca en las tiendas por los envases de gaseosa o usar pañales de tela. Antes los electrodomésticos que presentaban fallas se mandaban a arreglar. Ahora sale más barato comprar uno nuevo. Divierte recordar que en los años sesenta y setenta, cuando se compraba un radio, una licuadora o un equipo de sonido, era muy importante corroborar que fuera Made in USA, Made in England o Made in Germany. 

A cualquier aparato Made in Japan se le miraba por encima del hombro. Hoy en día todo se ha estandarizado tanto que da lo mismo que sea Made in China o Made in Philippines, y es un verdadero milagro (y tesoro) encontrar un amplificador Made in Japan.

Pero, sin duda, el mayor cambio en décadas (y quizás en siglos) ha sido la masificación y a la vez sofisticación de los teléfonos celulares. Y para qué decirse mentiras, mientras más inteligente es el teléfono celular, más idiotizado su propietario, que anda a toda hora pendiente de correos, mensajes de texto, chats, actualizaciones de aplicaciones; en las calles, en los buses, en los restaurantes...

Pero hasta el más ‘flecha’ de los celulares ha cambiado los hábitos de comportamiento. En 1980 a nadie se le hubiera ocurrido que una persona se quedara horas embelesada ante un teléfono de pasta negra esperando a que sonara. O que en un almuerzo de trabajo todo el mundo llevara a la mesa teléfonos inalámbricos o walkie talkies de celador “por si acaso me necesitan”. Antes bastaba tener una moneda de a peso en el bolsillo por si se presentaba una urgencia y se llamaba desde un teléfono público. Ah, y ya casi nadie grita cuando recibe una llamada de larga distancia.

Y ver gente hablando sola por la calle… ¿eso cuándo se veía? Era cosa de locos. ¿Qué pensaría algún viajero en el tiempo proveniente de 1975 si viera a la mitad de los transeúntes hablándole al viento? ¿Quién le explicaría que no son locos de atar alienados por el mundo contemporáneo sino usuarios de celular atados a un manos libres? (En la práctica, ¿no viene siendo como lo mismo?). 

*Periodista.
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