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| 2/26/1996 12:00:00 AM

COMO INVERTIR SU DINERO EN EL 96

La crisis polítca ha llenado a los inversionistas de incerddumbre, llevandolos hacia la prudencia y la cautela. 1995 no fue un buen año y 1996 tampoco ha comenzado bien.


LA PIRINOLA YA PASO DE MODA. SI HACE UN año las expectativas giraban en torno al "todos ponen, todos toman", ahora el juego parece ser "el puente está quebrado". Y es que en escasos 12 meses las buenas perspectivas de crecimiento y de ganancias para los inversionistas que operan en Colombia acabaron siendo reemplazadas por nubes oscuras en el horizonte.
Las cosas se veían color de hormiga desde hace un tiempo, como consecuencia de la crisis política que incidió en la confianza de los empresarios durante el semestre pasado. Sin embargo, los hechos recientes no hicieron sino empeorar el clima general de expectativas. Primero fue la caída de varios viaductos que bloquearon algunas de las principales carreteras troncales, alimentando los temores sobre eventuales problemas de abastecimiento y carestía en diversos productos. Después vinieron las señales de alerta del propio gobierno, a tal punto que el Ministro de Hacienda declaró que el crecimiento esperado del Producto Interno Bruto PIB no sería mayor del 4,5 por ciento, como consecuencia de la necesaria reducción del gasto público y de persistentes dificultades en sectores como la construcción y otras ramas manufactureras.
Pero si bien ya nadie duda que la economía no tendrá su mejor desempeño en 1996, los acontecimientos políticos de la semana pasada parecieron reforzar los augurios pesimistas. Las declaraciones del ex ministro de Defensa Fernando Botero volvieron a alborotar el avispero, al afectar seriamente la estabilidad del gobierno. Como ya se ha vuelto costumbre en estos casos, el dólar volvió a treparse hasta tocar incluso el techo de la banda cambiaria y las bolsas se volvieron a resentir. Lo cierto es que, al margen de cualquier consideración política, no hay que llamarse a engaños sobre los efectos eco- nómicos del proceso 8.000. Si bien la economía aún ofrece un panorama relativamente sólido, la incertidumbre y la inestabilidad macroeconómica podrían afectar considerablemente su desempeño en caso de que la actual crisis política no se resuelva de manera rápida y por las vías institucionales.
Sin perder de vista estas consideraciones, la economía sigue ofreciendo perspectivas confiables para este año. Hay buenas expectativas, por ejemplo, en el sector de minas y energía. El boom petrolero que comienza con la entrada en producción plena de los campos de Cusiana y la iniciación de la explotación de otros grandes pozos coma de Conoro y Cupiagua, plantean buenos augurios. Sin embargo, todos recuerdan la experiencia venezolana, y como no se quiere una economía dependiente exclusivamente de los ingresos del petróleo en detrimento de otros sectores de la producción, la plata estará en una cuenta corriente en los mercados internacionales. De esta manera, no resulta fácil predecir el efecto directo que tendrá la bonanza.
Pero al margen de los efectos que puede tener Cusiana sobre la economía, no hay que olvidar que desde el año pasado las autoridades monetarias están preparando el terreno para establecer en Colombia un escenario propicio para ahorrar e invertir. En primer lugar, le pusieron freno al desmesurado crecimiento del consumo privado y trataron, con menor éxito, de controlar el gasto público. La reforma tributaria aprobada a mediados del segundo semestre de 1995 seguramente contribuirá a este propósito, pues el aumento del Impuesto al Valor Agregado IVA al 16 por ciento desincentivará aún más el consumo suntuario.
Otra medida im portante que persigue la política económica es la de tratar de recuperar el nivel de ahorro que, debido al auge del consumo, ha caído como los puentes. Así las cosas, aquellos colombianos que decidieron no gastarse la plata sino ahorrarla, lograron excelentes beneficios por las tasas de interés y al parecer seguirán obteniendo un buen retorno de su dinero dada la escasez de ahorro en la economía.
No obstante, el círculo de los inversionistas que operan en Colombia vuelve siempre al mismo punto de partida: la crisis política.
Para nadie es un secreto que colombianos y extranjeros por igual prefieren no arriesgar hasta que el panorama se aclare. El ejemplo más evidente de cuan importante es el tema surge cuando se evalúa si el gobierno de Estados Unidos certificará o no los esfuerzos de Colombia en la lucha contra las drogas. De esta decisión, que se debe tomar antes del próximo primero de marzo, depende en buena parte la tranquilidad de la economía nacional a lo largo del año.

ENTRE TASAS Y DOLARES
Dejando de lado consideraciones de carácter político, las decisiones de inversión en 1996 estarán condicionadas en buena parte por los desarrollos de dos de los aspectos más negativos que presentaba la economía al comienzo del año anterior: el 'recalentamiento' inducido por la excesiva demanda y la revaluación del peso frente al dólar. En el primer frente, el Banco Emisor le apretó las riendas a la cantidad de circulante de la economía para mantener bajo control la inflación, lo que, sumado al excesivo endeudamiento privado, hizo que las tasas de interés se dispararan, llevando a muchas empresas al concordato. Por otro lado, para detener la caída del dólar se impusieron restricciones al endeudamiento de corto y mediano plazo en el exterior, contribuyendo a acentuar aún más la escasez de recursos financieros y a elevar las tasas de interés por encima del 50 por ciento anual.
Ante esta situación, la Junta Directiva del banco central notó que se le había ido la mano en la restricción monetaria y abrió un poco las llaves mediante medidas como la baja en los encajes de CDT y la suspensión transitoria de la emisión de Títulos de Participación. A pesar de estas acciones, las altas tasas de interés premiaron a quienes confiaron en ellas, pues mientras los precios al consumidor aumentaron el 19,5 por ciento, su ahorro fue retribuido con niveles superiores al 30 por ciento anual.
En el frente cambiario, el dólar no sólo detuvo su caída en términos reales, sino que terminó por dispararse. Y no fue porque las restricciones al endeudamiento externo y la aceleración de los pagos por importaciones hayan sido más efectivas de lo que pensaba el banco central: lo que pasa es que si hay algo sensible a la inestabilidad política de un país es el precio de las divisas. Así, mientras el propósito del Emisor era alcanzar una devaluación de 13,5 por ciento, suficiente en teoria para detener el crecimiento del déficit comercial sin generar más presiones inflacionarias, la profundización de la crisis política hizo que se desbocara el dólar, cambiando de manera radical el panorama cambiario del país en tan solo un año. De esta manera, mientras unos observaban asombrados, otros capitalizaban unas inesperadas ganancias con sus antes depreciados y despreciados dólares.
La tendencia ganadora de los ahorradores y los poseedores de dólares se mantuvo para el cierre del año. En diciembre la escasez de recursos se volvid a acentuar, cuando se esperaba una inyección importante de dinero a la economía por parte del banco central, lo cual no ocurrió al parecer por la necesidad de tener tasas de interés seductoras para atraer capitales y controlar el ascenso del dólar, que ya superaba los 1.000 pesos. Las tasas de interés se mantienen desde entonces sobre el 32 por ciento anual y, aunque se espera que declinen gradualmente en los próximos meses, Io más probable es que los ahorradores sigan percibiendo un margen sobre la inflación similar al obtenido en 1995 más de 10 puntos entérminos reales.

NADA ES COMPLETO EN LA VIDA
Pero, como siempre, mientras a unos les va bien a otros les va mal. Y los que llevaron la peor parte el año anterior fueron los inversionistas, es decir, aquellos que a diferencia de los ahorradores arriesgaron por una mejor rentabilidad. Entre estos están los que invirtieron en nuevas empresas, en proyectos inmobiliarios y quienes tenían o compraron acciones en las bolsas de valores. En muchos casos los inversionistas no lograron ni siquiera un rendimiento superior a la corrección monetaria, que fue del 24 por ciento en 1995, e incluso algunos perdieron hasta la camisa.
Los que crearon nuevas empre- sas o iniciaron ampliación de planta se encontraron a mitad del camino sin crédito suficiente y con altas tasas de interés. Algo similar les ocurrió a los constructores, que vieron aumentar sus costos financieros a lo largo del año y adicionalmente observaron una caída en la demanda por vivienda, en parte por la persecución del gobierno a los dueños de dineros provenientes del narcotráfico, y en parte por los altos costos, la menor oferta de crédito y el aplazamiento de decisiones de inversión ante la incertidumbre política.
En el mercado accionario las cosas fueron peores. Si bien a principios de 1995 no se esperaba un traspiés bursátil como consecuencia de la crisis mexicana dada la buena situación cambiaria del país, la crisis política doméstica y la consecuente incertidumbre económica cambiaron las cosas e hicieron que las decisiones de los inversionistas extranjeros a través de los fondos de inversión se detuvieran. Así, al final del año fueron muchos los perdedores, pues las acciones cayeron en promedio un 16 por ciento.
Si bien las perspectivas no son las mejores, en buena parte por la actual crisis política, no hay mal que dure cien años, y ahora los precios de las acciones están en niveles que muchos consideran de ganga por lo que, escogiendo adecuadamente y con algo de suerte, se pueden hacer grandes ganancias. Los resultados de las empresas que tienen sus acciones inscritas en el mercado de valores son en general buenos, y además la rentabilidad por dividendo mejorará cuando se decreten aumentos en las próximas asambleas de accionistas.
En cuanto al dólar, mientras a principios del año pasado era la cenicienta en materia de alternativas de inversión, al final resultó siendo la más demandada en el baile. Sin embargo, si bien el dólar ha resultado ser una buena manera de protegerse del riesgo cambiario, este no parece ser el mejor momento para colocar el dinero en el exterior. Las tasas de interés en Estados Unidos están bajando y, curiosamente, también se espera una destorcida de las Blue Chips, o sea las acciones de las grandes empresas inscritas en la Bolsa de Nueva York.
En conclusión, la mejor opción parece ser tener la plata en Colombia a pesar del grado de incertidumbre, porque aquí están las mejores oportunidades, especialmente en inversiones de bajo riesgo. Por ahora las autoridades monetarias seguirán aplicando las viejas técnicas para reparar el puente roto: la disminución del consumo público y privado, la reducción del endeudamiento privado, el aumento de la tasa de ahorro y la mejora en la tasa de cambio y la balanza comercial. Y si bien esto no implica necesariamente una buena tasa de crecimiento en 1996, sí constituye el establecimiento de unas condiciones econimicas atractivas para ahorrar e invertir y obtener unos resultados buenos este año y mejores en 1997.
Y en cuanto al desarrollo de la crisis política y su efecto sobre la economía, como en el juego del puente está quebrado, no hay que olvidar la frase, "... con cáscaras de huevo, burritos al potrero, que pase el rey, que ha de pasar, que uno de sus hijos se ha de que dar...".
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