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| 9/15/2012 12:00:00 AM

Confianza en los locales

Tres de los mejores gobernantes del país analizan la descentralización desde su propia experiencia. Coinciden en que aún queda mucho terreno por ganar en la materia.

La tremenda desconfianza del gobierno central en los mandatarios locales es un problema medular para la descentralización "Quienes manejan la economía en Bogotá tienden a tener un perfil similar: desconfían. Incluso cuando uno 'se nacionaliza' bogotano a uno se le termina pegando ese perfil", dice el caleño exdirector de Planeación Nacional Esteban Piedrahita. Esa misma sensación de desconfianza la perciben muchos de los gobernantes regionales del país.

Hay formas para resolver ese problema. Una es regresar a modelos en los que los gobernadores no son electos, como en Chile, pero tiene el problema de que no se desarrolla capacidad institucional. Otra, que sugiere Piedrahita, es gradualidad. "Que se les vayan dando funciones. Hay que hacer experimentos", opina. Esta es una buena opción porque como lo demuestran los estudios sobre ciudades del BID, las grandes innovaciones en sistemas de administración pública aparecen en las regiones y no en el nivel nacional.

Para Horacio Serpa, elegido en 2011 por Colombia Líder como el mejor gobernador, hay que confiar en los territorios y sus gobernantes. Sostiene que la descentralización se ha ido revirtiendo. "Nunca se avanzó en materia de regiones y la Ley de Ordenamiento Territorial es una timidísima ley de mínimos, que poco dice en materia de autonomía regional. Vivimos una época de recentralización. Para atrás, como el cangrejo", opina. "Hay muchos tropiezos para gobernar desde las regiones. La dependencia del poder central es absoluta. Todo se pretende ordenar, planear y disponer, desde el centro", argumenta.

Jesús María Botero (Ibagué) fue elegido por Colombia Líder como el mejor alcalde en la categoría de municipios con más de 500.000 habitantes. Óscar Eduardo Teatino (Nobsa) el mejor en la categoría de municipios con menos de 20.000 habitantes. Los dos se quejan de la falta de autonomía frente al poder central. Esta es su visión.
 
Jesús María Botero
 
¿Qué tan descentralizada está Colombia?
Si bien el espíritu de la Constitución del 91 le brindaba un gran impulso a la descentralización, reformas posteriores han reducido en forma ostensible la autonomía de las regiones. En esa medida, y sobre todo en la última década, la posibilidad de que la provincia cuente con recursos y tome decisiones sobre sus asuntos es cada día más restringida.

¿En su administración tropezó con centralismo innecesario?
Desde luego. En sectores en los que se requieren soluciones inmediatas, como la educación, la vivienda y la salud de la población vulnerable, estas no son concertadas en su mayoría con los agentes locales, de tal suerte que finalmente deben supeditarse a las decisiones y a los tiempos del sector central.

¿Qué falta para lograr la descentralización ideal?
Voluntad política de los poderes ejecutivo y legislativo nacionales para establecer normativas que así lo dispongan, acompañada del fortalecimiento de los entes de control y de la participación de la sociedad civil en el desarrollo local, así como de la ideal descentralización fiscal.

¿Qué sobra?
Tramitomanía, intermediarios y falta de confianza en los mandatarios locales.
 
Óscar Eduardo Teatino
 
¿Qué tan descentralizada está Colombia?
La descentralización del Estado existe y funciona, en cuanto al desarrollo administrativo de los municipios del país. Pero cuando de trazar políticas y planear proyectos municipales o locales se trata, estos deben enmarcarse dentro de los lineamientos, normas y estructura de política centrales, lo que limita su actuar para dar soluciones efectivas a problemas particulares.

¿En su administración tropezó con centralismo innecesario?
Sí. Los programas nacionales relacionados con Familias en Acción o Red Juntos están generando en nuestro municipio un retroceso en el desarrollo social de muchas familias, que pese a tener cubiertas por el gobierno local sus necesidades, aprovechan los parámetros nacionales de evaluación y seguimiento y buscan sistemáticamente deteriorar su calidad de vida para demostrar la vulnerabilidad exigida por estos programas.

¿Qué falta para lograr la descentralización ideal?
Un sistema de información completo y más preciso de la situación económica y social de los municipios más pequeños de Colombia, con el fin de conocer y reconocer cuáles son los verdaderos y más sentidos problemas de cada uno de los entes territoriales, sin caer en soluciones globales sino conociendo y particularizando a los municipios locales.

¿Qué sobra?
Por más inocuo que parezca un proyecto, plan, programa o ley, siempre aportará un grano de arena para disminuir el impacto de la arrasadora influencia que tienen las decisiones centrales sobre el desarrollo de los municipios pequeños de este país.
 
Listos para empezar

San Andrés es un buen ejemplo de un problema bien diagnosticado, que requiere una acción coordinada entre todos los niveles de gobierno para abrirles el camino a la prosperidad. El archipiélago está siendo azotado por tres problemas: pobreza, violencia y narcotráfico. Así lo señala Cecilia López, asesora de la Gobernación de ese departamento. Si bien el desempleo es el más bajo del país, con una tasa de 8,3 por ciento, mantiene un alto nivel de informalidad y de remuneraciones reducidas que se traducen en pobreza. Además hay problemas en los servicios públicos básicos. “La cobertura de acueducto y alcantarillado solo ha disminuido en San Andrés y La Guajira”, dice.

Hoy las islas no son un lugar de ricos. “El 56,3 por ciento de sus habitantes son pobres y el 86,9 por ciento está en los estratos 1, 2 y 3”, señala la asesora. San Andrés vio su época de auge económico cuando era puerto libre en una economía cerrada y la perdió con la apertura. Ahora la fórmula para rescatar a San Andrés está en desarrollar un plan de turismo de alto nivel. Para conseguirlo, dice, se requiere de nueva infraestructura que incluye servicios y el aeropuerto. La acción de la Nación y los problemas de capacidad y transparencia de la clase política en el pasado no han ayudado en la transformación. La inacción en este caso solo le beneficia quizás a Nicaragua.
 

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