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| 10/22/1990 12:00:00 AM

CONSTRUCCION VIVIENDA Y DECORACION

UN NUEVO "ACTO DE FE"
El antiguo teatro la Castellana parecíó haberse convertido en un eléfante blanco Cuando la Fundación Patrimonio Fílmico Colombia no lo adquirió en 1987 salario sólo arrojaba inmensas pérdidas mensuales, sino que su destino parecía estar marcado por e infortunio.

En principio, la fundación Patrimonio Filmico quiso aprovecharla para montar alli su centro de operaciones. Pero a pesar de que sus socios Intentaron revívir la asistencia masiva a la sala con la presentación de excelentes ciclo de cine, la incipiente respuesta del público fue apagandose hasta el punto de prodúcir una nueva crisis.
La idea era reunir los tondos necesarios para reemplazar la gigantesca sala por una más pequeña, destinada a los estudiosos del séptimo arte, y construir en el espacio sobrante un edificio adjunto que le sirviera de sede a la institución.

Pero con el tiempo, la cinemateca se quedó corta, tanto en afluencia de gente como en presupuesto. Y fue entonces cuando nació la idea, en el seno del Teatro Nacional, de adquirir las instalaciones de Patrimonio Fílmico para transformarlas en un teatro con lujo de detalles: la segunda sede del Teatro Nacional.

Los artifices del proyecto fueron dos arquitectos que decidieron desde hace algún tiempo dedicarse de lleno a obras de similar envergadura: construir escenarios culturales, teatros, salas de concierto y auditorios. Víctor Bejarano Cháux y José Fernández Duque diseñaron la remodelación, mientras la firma Esguerra Sáenz y Samper se encargó de la construcción. Se trataba de hacer realidad un segundo "acto de fe en Colombia", luego del atentado sufrido por el Teatro Nacional durante el I Festival Iberoamericano de Teatro y en medio de la honda crisis de orden público que azotaba al país hace un año.

Y el proyecto se hizo realidad. Los 400 millones de pesos invertidos se convirtieron finalmente en una obra arquitectónica digna de destacar.

LA OBRA POR FUERA
Si bien las labores de excavación realizadas para reafirmar los cimientos que sostienen tanto la fachada como la enorme tramo ya posterior, tardaron un poco, el trabajo de construcción no sobrepasó los seis meses. A pesar de que en principio se conservó el diseño original de la edificación, las adiciones exteriores y los cambios internos con respecto al aprovechamiento del espacio fueron notorios. En cuanto al exterior, los diseñadores tuvieron muy presente la perspectiva urbanística del barrio. Al frente de la fachada se construyó una rotonda de ladrillo, con el ánimo de incorporar al teatro un espacio en el que se pudieran presentar obras diversas de teatro callejero. Por eso también la rotonda fue adecuada con mástiles y con otros elementos accesorios para facilitar esa tarea.

A lapar, se instalaron parrillas frontales y laterales, las cuales, además de ser un excelente aditamento decorativo, cumplen con la función de servirde soporte a los carteles y pancartas que han de invitar al espectáculo. De la misma forma, la estructura gris que se adicionó sobre el costado izquierdo del teatro no constituyó un simple argumento de decoración. Si bien fue necesario aprovechar ese espacio, se quiso que la edificación anexada contrastara con la original, de tal forma que se notara una clara diferencia entre las dos. El resultado no sólo fue estéticamente bueno, sino que cumplió con los objetivos propuestos.

LA OBRA POR DENTRO
Ya en el interior del teatro, la remodelación fue meticulosa. Todos los detalles necesarios, hasta los más minimios, fueron puestos a consideración por los arquitectos. Desde el complejo problema de la reflexión ideal del sonido, hasta los sistemas de seguridad mas avanzados.

En primera instancia se llevó a cabo la ampliación del vestíbulo y la adecuación de una zona de cafetería y de restaurante, con lo cual se buscaba ubicar a público antes del inicio de la función y en los intermedios. Al mismo tiempo se decidió unificar las graderías, no sólo para aprovechar mejor el espacio interior sino también para lograr un ambiente más compacto dentro del público, para ello se incorporaror dos entradas laterales, en reemplazo del único acceso central que antes poseía la sala. La finalidad de ampliar la capacidad del teatro llevó a los diseñadores a convertir la antigua cabina de proyección, ubicada en el fondo del salón, en un pequeño balcón, desde el cual, de cualquier manera, la visibilidad es perfecta.

Porque también de eso se trataba. De que aun el asistente que se acomodara en uno de los extremos de la sala, pudiera sentirse cómodo. Y también por esta misma razón la silletería fue tapizada con lujo de detalles.

En cuanto a las especificaciones técnicas, el Teatro Nacional La Castellana no obvió ninguno de los ingredientes necesarios en la consecución de una sala óptima para la presentación de espectáculos teatrales. Se instalaron escotillas laterales de iluminación y dos puentes de luces en el techo, dotados de cabina central de control, desde donde se producen todos los efectos de luz con ayuda de un computador.
De igual forma, se dotó a la cabina de una consola de 96 dimmers y los muros laterales de la sala fueron recubiertos con acabados especiales (placas de mármorl gris y cemento) asegurar la adecuada proyección del sonido. En compensación, el muro posterior fue trabajado con alfombra, con el ánimo de absorber el sonido en esa parte del recinto y de esta manera evitar el eco.

De los detalles del escenario como tal y de los demás elementos que completan la remodelación del teatro, las cifras hablan por sí solas: 1.526 metros cuadrados de área total del teatro; un escenario de 166 metros cuadrados (10 metros de boca, 16 metros de ancho y 12 metros de fondo); una caja de tramoya de 18 metros de altura; ciclorama; 16 trampas para efectos escenográficos; un foso de orquesta de 30 metros cuadrados; 140 reflectores; 240 escenas lumínicas; 6 amerinos individuales y camerinos accesorios para 20 artistas; una capacidad para 720 espectadores; restaurante para 50 personas y parqueadero con capacidad para 90 automóviles.

Todo se calculó de tal forma que no quedara espacio sin utilizar, pero pensando al mismo tiempo en no afectar la zona urbanística del barrio. Incluso, la necesaria ampliación de la parte posterior del teatro demandó especificaciones arquitectónicas que poca veces son tenidas en cuenta por los constructores: respeto por el espacio público y por la perspectiva urbana.

"La gran diferencia con respecto a otras obras similares, comenta Víctor Bejarano, radica en que se tuvo en cuenta el espacio público, además de que se, dio una respuesta técnico a los problemas de visibilidad, de acústica y de comodidad.

OPTIMA SEGURIDAD
Por último, los diseñadores del Teatro Nacional La Castellana se encargaron de que el teatro estuviera protegido de la mejor manera posible contra cualquier eventualidad. Se instalaron detectores de humo, distribuidos por todo el teatro y controlados desde un pán el central ubicado en la portería lateral; se incorporó un gabinete con mangera en caso de incendios y se añadió una conexión siamesa para uso de los bomberos; a la sala se le adicionaron dos salidas de emergencia, y por si fuera poco, las puertas de salida fueron diseñadas para que se abran con sólo presionar la manija.

Con todo, la remodelación de la segunda sede de la Fundación Teatro Nacional en La Castellana logró reanimar una sala que parecía haber caído en el olvido del público, convirtiéndola en uno de los teatros mejor dotados de la capital.
Otro ejemplo poderoso de que la cultura también es capaz de hacer sus "milagritos".
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