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| 12/24/1990 12:00:00 AM

CONSTRUCCION, VIVIENDA Y DECORACION

De casa en casa
Tomar un espacio y jugar con él, abarcarlo, desdoblarlo, manejarlo, moldearlo al gusto, de acuerdo con la manera de vivir de cada uno. Y luego, habitarlo. Es la constante histórica del hombre en su paulatino descubrimiento arquitectónico.
La Cámara de Comercio de Cali ha querido dejar constancia de una de las múltiples formas de arquitectura, por medio de una retrospectiva de la Casa en la Arquitectura Moderna Colombiana en Bogotá, Medellín y Cali entre 1930 y 1990, expuesta recientemente en el Museo de Arte Moderno de Bogotá.
Ante todo, los especialistas valoraron el rescate de un término que se había casi archivado en el olvido. La "casa", personalizada e independiente, tiende a transformarse en un vocablo más masificador, la "vivienda". Por eso se ha querido recuperar el verdadero sentido del término, que recuerda el núcleo de la sociedad.

Bogotá en su búsqueda
La primera casa moderna bogotana, según Alberto Saldarriaga, debió construirse entre los años 30 y 40. Uno de los pioneros de la nueva tendencia, Gabriel Serrano, dio clara muestra de los novedosos conceptos de forma, espacio y técnica, con el diseño de su propia casa, construida en 1939.
En la década de los 40, el más representativo fue el arquitecto Vicente Nasi, que intentó, a través de sus obras, imponer el estilo moderno en la casa capitalina, pero sin mucho éxito. Nuevamente sería Gabriel Serrano quien con su casa del norte de Bogotá, marcaría la pauta para las generaciones futuras. Hacia la primera mitad de los 50, sobresalen Guillermo Bermúdez y Rafael Obregón. Ambos plantean la integración visual del jardín y el antejardín con los espacios interiores. Ellos, junto con Bruno Violi, son los artífices de un modernismo que incluso ha sido mostrado en el exterior como ejemplos de la arquitectura colombiana en esos años.
Ya en los 60 los cambios se sienten con más notoriedad. Hace su irrupción el nuevo concepto de la arquitectura orgánica, con obras que explotan simultáneamente la personalidad del autor y la influencia extranjera en el tratamiento de espacio y geometría. De este período, tal vez los arquitectos más representativos sean Ricardo y Dicken Castro, quienes se convirtieron en los primeros artífices en la construcción de casas con ladrillo de "chircal" en la totalidad de la obra. Esta imagen estética se iría a tomar como ejemplo para la introducción de la típica arquitectura bogotana, basada en el ladrillo.
En la década siguiente, la arquitectura bogotana va tomando forma, y se presentan diversificaciones de toda índole tanto en la arquitectura tradicional de ladrillo, como en otros estilos. Entonces aparece la creatividad innovadora de Rogelio Salmona, en la búsqueda de nuevos argumentos espaciales. Esta búsqueda de nuevos conceptos continúa en la década de los ochenta, en la cual los arquitectos muestran mayor interés por la luz, las diagonales y los enlaces espaciales contemporáneos.
Medellín y Cali
La arquitectura de la casa capitalina antioqueña, según algunos especialistas, tiene un corte preciso en la década de los cincuenta. Un corte que enfrenta dos tipos de modernismo que incluso hoy continúan en pugna, en busca de la propia identidad arquitectónica. La primera fase modernista tiene lugar entre los años treinta y cincuenta, cuando el ancestro paisa se hacía presente con toda su poesía en la concepción de la casa, siempre pensando en el arte y en la belleza, antes que en masificación y la despersonalización que trae consigo la tecnología. Pero sin descuidar el progreso de la ciudad.
Por eso la casa antioqueña de la primera modernidad está totalmente involucrada al concepto urbano, al sentido cultural del barrio.
Sin embargo, la segunda etapa del modernismo, iniciada en los años cincuenta, amenaza con extirpar la tradición manual. Se introduce entonces un racionalismo que involucra la tecnología para trabajar en un contexto de pureza formal y organizacional del espacio.
A pesar de que Medellín había dejado de ser una aldea y de que se debían buscar nuevas perspectivas más prácticas, no deja de llamar la atención el detalle, en un intento por lograr que no se pierda la creatividad estética. Es la lucha constante entre una arquitectura para masas y una arquitectura que todavía busca afianzarse dentro de la línea de la individualidad, de la expresión íntima de lo que significa un espacio como morada.
En Cali, la introducción de una arquitectura moderna propiamente dicha, no fue bien recibida en un comienzo. En los años 30 la estructura urbanística caleña se hallaba respaldada en la concepción arquitectónica de las "villas" rodeadas de amplios jardines, al mejor estilo californiano.
Sólo a partir de la década del 40 y de la aparición de los primeros arquitectos graduados en la Universidad Nacional o en el extranjero, la "casa moderna" pudo romper con el tradicionalismo, permitiendo el ingreso de expresiones nuevas.
Desde entonces, la arquitectura caleña ha intentado mezclar adecuadamente la concepción moderna de la casa con el paisaje. En los años 50, la influencia de la arquitectura orgánica trae consigo el manejo de nuevos materiales, como el ladrillo, la piedra y el hormigón, los cuales van a servir en los años posteriores para que los arquitectos caleños comiencen a buscar un estilo regionalista auténtico, siempre tomando elementos modernos y contemporáneos, pero sin olvidar la tradición ni los principios estéticos de vincular la naturaleza a los espacios cerrados.
De esta manera, la "casa" colombiana continúa su camino en su propósito de descubrir un estilo arquitectónico propio que se atreva a desafiar a las revistas europeas y constituya un verdadero soporte cultural para las generaciones futuras.-
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