Martes, 2 de septiembre de 2014

CONSTRUCCION Y VIVIENDA

| 1990/08/20 00:00

CONSTRUCCION Y VIVIENDA

FANTASIA NATURAL
Una sola flor, colocada estratégicamente, es capaz de transformar un ambiente, de hacer revivir ese rincón que parecía muerto, de restablecer la calma que se había perdido cuando se dejó la casa en la mañana.
Y hacer del hogar un jardín de helechos o de araucarias no sólo es volver a entablar la relación esencial con la naturaleza, sino también crear un entorno más generoso en alegría. Las plantas llenan de vida el hogar, le brindan armonía y lo vuelven más acogedor.
Al lado de las más innovadoras y personales formas de decoración, las plantas y las flores representan un estímulo. El verde natural, que además de ser agradable a los ojos descansa la vista, posee una característica fácil de explotar: su versatilidad.
En cualquier rincón, en cualquier habitación, en los baños, en la sala, en el comedor o en el cuarto del estudio, las plantas resultan ser el elemento decorativo por excelencia. No conocen época, resisten los vertiginosos cambios de la moda, se amoldan a todo tipo de personalidad. En pocas palabras, han sabido con vivir con el hombre desde los tiempos inmemoriales.
¡Y de qué manera... ! Todos los sitios de la casa son aptos para decorar con plantas. Una entrada principal adornada con helechos apoyados en los costados, o colgados del techo, no sólo recrea el pasillo sino que relaja a todo aquel que entra a la casa. Lo mismo sucede con la sala, la cual puede cobrar vida con palmas, con crotos o con arbustos de varias ramas, florecidos. Los cafetos, por ejemplo, han demostrado ser un elemento decorativo bastante noble, al igual que los naranjos enanos. Todo depende de la inspiración del dueño de casa, y por supuesto, del efecto que se quiera causar.
Porque también debe tenerse en cuenta el tamaño de la habitación y la función que desempeñe en el hogar. Así, en ese rincón destinado exclusivamente para descansar, las plantas suelen ser un argumento de mucho peso en materia decorativa. La proliferación de matas y de flores de todos los tamanos inundando el ambiente, ayudan a crear esa sensación de tranquilidad que muchas veces se busca en casa.
En el cuarto del estudio, por el contrario, el leve toque de una flor es suficiente para transformar el ambiente más sobrio en un lugar lleno de vida.
Las posibilidades son ilimitadas. La habitación principal es susceptible de colmarse de plantas alegres. Inclusive, un florero en el tocador apoyado contra el espejo adquiere ese romanticismo que debe ser indispensable en el cuarto de la pareja. En los baños, las pequeñas matas logran el objetivo de embellecer un lugar en el que muchas veces se carece de recursos para decorarlo. Y en el comedor, los floreros de cristal adornados con azucenas pueden ser la solución ideal para una cena de fantasía.
El encanto de las plantas aviva el espíritu, lo renueva cada día con su presencia y permite que la casa se conserve siempre fresca. Y por si esto fuera poco, la afición por su cuidado es una de las fórmulas más efectivas contra el estrés.
LA OBRA MAESTRA
Cómo construír a bajo costo, utilizando materiales nacionales en la totalidad de la obra y sin sacrificar la estética arquitectónica?
Ese fue el reto que la ingeniería colombiana se propuso superar y que le permitló a la firma Conconcreto, con la asesoría del ingeniero Doménico Parma, obtener el Premio Nacional de Ingeniería 1990 que otorga anualmente la Sociedad Colombiana de Ingenieros. Y lo hizo con una obra difícil e imponente: el nuevo puente sobre el río Chinchiná en la carretera Pereira-Manizales, terminado en enero de este año.
La "obra maestra" fue diseñada por Doménico Parma Marré con ayuda de un sofisticado programa de computador-también elaborado por él- con el que se lograron realizar todos los cálculos necesarios para llevar a cabo la tarea: un puente de 250 metros de largo por nueve de ancho, que estuviera en capacidad de soportar una eventual avalancha diez veces superior a la que arrasó con Armero en noviembre de 1985. Y la meta no sólo se logró sino que las técnicas utilizadas redujeron los costos tradicionales, a la vez que representaron una innovación en materia de puentes. Desafortunadamente su diseñador, Doménico Parma, había de morir antes de la culminación del proyecto.
REDUCIENDO COSTOS
Una de las principales innovaciones fue la introducción de cables de tensionamiento, ciento por ciento nacionales, en la elaboración de las catenarias, o sea las cuerdas de suspensión que sujetan los pendolones, que en resumidas cuentas son las que sostienen la calzada. La utilización de estos cables disminuyó considerablemente los costos de la construcción sin que se hubiera descuidado en ningún momento su eficaz desempeño como elemento de soporte.
La armadura metálica, que generalmente se utiliza en la fabricación de la torre central en este tipo de puentes, fue reemplazada por una estructura de concreto de 65 metros de altura construída mediante la técnica del "molde deslizante", lo cual también resultó ser una solución al problema de los costos. Su sólida configuración está asegurada para soportar velocidades de la corriente del río de hasta 100 metros por segundo y está protegida, al igual que la totalidad del puente, contra eventuales movimientos sísmicos.
De igual forma el concreto constituyó la base de la calzada, acoplada con elementos prefabricados, y en la que también se tuvieron en cuenta todos los detalles técnicos para evitar el efecto de torsión al que puede someterse la vía por el desnivel en el peso, causado por el constante flujo vehicular. El uso del concreto, así como el refuerzo de las vigas que sostienen la calzada, incrementaron el peso del puente, pero en compensación garantizaron la necesaria rigidez torsional.
La complicación que presentó la ubicación de las catenarias por debajo del nivel de la calzada en los extremos del puente, se resolvió a satisfacción mediante técnicas avanzadas de ingeniería, que suprimieron los costos ocasionados si se hubiera construuído una torre central más alta. Esta última solución habría permitido la suspensión de las cuerdas por encima de la calzada en todo su trayecto -técnicamente más fácil-, pero de igual manera habría deteriorado la imagen arquitectónica del puente, una de sus mayores virtudes.
Así, la ingeniería colombiana quiso demostrar que era posible construír un puente colgante de semejantes características, con un costo apropiado a las capacidades del país, utilizando materiales netamente nacionales y sin descuidar el diseño estético. Y con una ventaja apreciable: el mantenimiento es mínimo, en comparación con otras estructuras similares.

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