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| 3/18/1991 12:00:00 AM

CONSTRUCCION Y VIVIENDA

¿EN OBRA NEGRA?
Era de esperarse. Los efectos negativos causados por la ley de reforma urbana que impidieron la financiación de vivienda de interés social, sumados a la crisis que sufrió el Instituto de Crédito Territorial, a la saturación de los estratos medios y medios altos del mercado en las principales ciudades del país y a la continua situación de violencia y terrorismo que enfrenta la nación, no podían arrojar otro resultado que el estancamiento del sector de la construcción en el primer año de la década.

Las últimas cifras suministradas por Camacol sobre el comportamiento de la actividad edificadora en general durante 1990, hablan por sí solas.
Al finalizar el año inmediatamente anterior se registró un decrecimiento del 16.31 por ciento en relación con 1989 y del 23.13 por ciento con respecto a 1988 (ver Cuadro No. 1). Si se comparan las cifras de metros cuadrados construidos relacionados solamente con vivienda, los indices de crecimiento negativo son aún más altos. La construcción de vivienda descendió en un 16.40 por ciento en comparación con 1989 y en un 24.06 por ciento frente a los resultados obtenidos en 1988 (ver Cuadro No.2).

Según los especialistas, el balance anterior también obedece al elevado índice de inflación, que el año pasado llegó al 32.4 por ciento, la tasa más alta de crecimiento inflacionario en las últimas tres décadas. Igualmente, los drásticos ajustes fiscales impuestos por el Gobierno durante el segundo semestre del año, contribuyeron a desmejorar la situación. En general, 1990 fue un año tan malo, que los índices de crecimiento escasamente superaron a los de 1981 y 1982, períodos considerados como los más críticos para la economía del país en su historia reciente.

Los casos más significativos de esta recesión se presentaron en Cartagena y Barranquilla. La primera experimentó un decrecimiento del 44.57 por ciento, mientras la segunda lo hizo en un 28.10 por ciento. Ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, que con Barranquilla representan el 75 por ciento de la actividad edificadora nacional, también sufrieron fuertes bajas. Bogotá presentó un balance negativo del 21.38 por ciento; Medellín, del 24.97 por ciento; y Cali, del 1.66 por ciento.
En contraste, urbes más pequeñas, como Cúcuta, Pasto, Bucaramanga, Manizales y Armenia, registraron balances positivos. La más beneficiada fue Cúcuta, que sostuvo su crecimiento por encima del 50 por ciento durante todo el año, lo cual no deja de sorprender a los expertos si se comparan estas cifras con las del resto del país. Por supuesto, se trata de un caso aislado frente a la fuerte depresión que observó la construcción en 1990.

PERSPECTIVAS
¿Qué le espera al sector edificador en el futuro? A pesar de que muchos industriales de la construcción se muestran pesimistas ante una posible reactivación de la demanda en 1991 -como lo demuestra la encuesta realizada por Fedesarrollo en diciembre pasado en la cual el 53 por ciento de los industriales opina que la situación empeorará-, no son pocos los que ven en la ley de vivienda una luz de esperanza. En efecto, la norma no sólo les devuelve a las corporaciones de ahorro y vivienda la posibilidad de financiar soluciones habitacionales de interés social, sino que autoriza la asignación de subsidios para los ciudadanos de escasos recursos con ingresos inferiores a cuatro saLarios mínimos. De esta manera, es de esperar que la demanda aumente, si se tiene en cuenta que los sectores de recursos mínimos son los mayores aspirantes a la consecución de vivienda.
Para tal fin, el Fondo Nacional del Ahorro ha anunciado la construcción de 3.300 viviendas con una inversión que supera los 22 mil millones de pesos.

Sin embargo, a los ojos de los especialistas la situación no es nada fácil.
El aumento del salario mínimo seis puntos por debajo del índice de inflación, asi como el alza en las tarifas de servicios públicos, el aumento del IVA y la austeridad monetaria decretada por el Gobierno, contribuirán sin duda a disminuir la capacidad de compra en las clases menos favorecidas. De igual forma, el lento crecimiento del PIB calculado para este año afectará negativamente a la construcción. La experiencia y las estadísticas han demostrado que el sector edificador crece prácticamente con el mismo dinamismo que la economía. Esto ha hecho pensar a muchos observadores que en realidad la construcción no escapará de la austeridad económica prevista para 1991.

Con todo, en lo que si coinciden los analistas, es en que, si bien las medidas contraccionistas pueden resultar contraproducentes en relación con la nueva política de vivienda, este año no puede ser peor que el anterior. Por lo menos en cuanto al sector edificador se refiere, el cual puede digerir tales medidas con mayor amplitud que el sector de las obras públicas.
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