Sábado, 25 de octubre de 2014

| 1986/05/19 00:00

CONSTRUCCION Y VIVIENDA

CONSTRUCCION Y VIVIENDA

ESTILO E IMAGEN
Dicen que la mejor imagen que los visitantes se llevan de una ciudad y un país, es la suministrada por su arquitectura, por sus construcciones, por esas enormes moles de ladrillo, cemento, vidrio y acero que se levantan en abierto desafío a cualquier ley de gravedad y las Torres Gemelas que se miran en un río, en Nueva York, o ese complejo de tubos metálicos y grandes ventanales con nombre de ex Presidente en el corazón de París, o los edificios blancos, enormes en las afueras de Roma, o las torres de hoteles y apartamentos en El Laguito, en Cartagena, o las casas llenas de sol y viento y arena en Barranquilla, o esos edificios que se aferran a los cerros en Bogota son, para citar unas pocas, imagenes que el visitante capta y retrata y almacena para comparar después con otros recuerdos.
Pocas profesiones tan criticadas como la de los arquitectos, ingenieros, urbanistas y otros que tienen que ver con la vivienda, con el desarrollo físico de una ciudad, con la renovación de zonas industriales, comerciales y habitacionales.
Hubo una época en la que el arquitecto aparecía como un auténtico artista, ajeno a las necesidades más elementales del ser humano, construyendo casas y edificaciones que eran simples adornos, dejando volar la imaginación, produciendo proyectos incomodos para los usuarios, convirtiendo sus realizaciónes en simples adornos de ciudades que de pronto se topaban con enormes moles despojadas de cualquier respeto y ternura hacia sus habitantes.
La desaparición de los espacios abiertos, la exterminación de arboles y parques y zonas verdes, la erección de torres de innumerables pisos para poner a competir al hombre con los pájaros y las nubes, la construcción de casas muy pequeñas donde las actividades cotidianas se ven restringidas el factor de inseguridad que ha convertido casas y edificios en auténticos bunkers, todo eso ha condicionado la vida no sólo en Colombia sino en el resto del mundo.
Con el encarecimiento de los materiales, con la limitación de nuevos elementos propios o extranos para adelantar sus trabajos, estos profesionales han contemplado como su actividad tiene que encarar otra dimensión, otro objetivo.
Dentro del proceso de desarrollo de Colombia dentro de la enorme complejización de las estructuras sociales y económicas de este país, la arquitectura y la construcción han sido un reflejo de tantos conflictos no solo nacionales sino internacionales y por eso, no se puede hablar de una arquitectura colombiana a secas porque, en una u otra forma participa de todos los movimientos, de todas las expectativas que en este campo existen en otros lugares.
Sin embargo se puede afirmar, luego de consultar con varios arquitectos nacionales, que esta actividad ha atravesado dos etapas muy definidas condicionadas por las mismas circunstancias citadas: la primera etapa era la de los arquitectos que tenían en el ladrillo su principal fuente de creación y trabajo, arquitectos que eran geniales, más artistas, que se preocupaban más por los objetos que componían su trabajo, sus obras, que estaban más pendientes de los detalles y los adornos, que se desvivían más por el llamado "objeto-arquitectónico", que defendían la belleza de sus obras.
Los ejemplos de esta actitud ante la arquitectura y la sociedad son numerosos y es una generación que dejo y sigue dejando obras monumentales, agresivas, muy adornadas, estéticamente irreprochables, frías en algunas ocasiones y en otras, con un parentesco con corrientes extranjeras y posmodernistas. Una generación de arquitectos jóvenes continua tales postulados pero ahora con mayor influencia de los norteamericanos.
La otra etapa de la arquitectura y el urbanismo en Colombia tiene que ver con el Mqrupo de profesionales más preocupado por la investigación, el estudio, el trabajo interdisciplinario, la exploración de nuevas alternativas, haciendo más explícito el proceso que lleva hasta la obra arquitectónica o urbanística. Esta nueva tendencia es una respuesta directa y clara a la situación económica y social del país, tratando de reflejar la actualidad en sus construcciones. Buscando soluciones de vivienda y urbanismo más realistas, más simples también, menos adornadas.
Por supuesto no todos los jóvenes arquitectos y urbanistas participan de estos postulados y algunos prefieren insistir en el llamado "objetoarquitectónico", lleno de detalles y adornos, edificios y casas hermosos y elegantes mientras los del otro grupo tienden a una simplificación de sus trabajos.
¿Hacia donde avanza la arquitectura en este país, hacia donde va su urbanismo? Podría afirmarse que la una y el otro se van amoldando a las necesidades del consumidor, van adaptando formulas y criterios que reflejen los distintos conflictos sociales y económicos que estamos atravesando.
Aunque no se puede hablar de una arquitectura colombiana, si tiene algunos rasgos muy definidos que en distintas ocasiones, sea con una u otra tendencia, ha sido catalogada como una de las formas más agresivas y contemporáneas en Latinoamérica.

LA CASA - HUERTA
Ubicada entre los municipios de Sabanagrande y Santo Tomás, en el Atlántico, a doce minutos del aeropuerto Ernesto Cortissoz y dieciocho minutos del centro comercial de Barranquilla, funciona la "Ciudadela Experimental Autosuficiente", que la Caja de Compensación Familiar del Atlántico adelanta como uno de los programas sociales y económicos mas revolucionarios de los últimos años porque, no sólo suministra vivienda sino también el abastecimiento de alimentos.
Luego de analizar como los costos de la vivienda, la carencia de servicios públicos, los costos de la tierra, los precios de la canasta familiar y el subempleo disfrazado estaban afectando en forma notable la vida cotidina de los barranquilleros, esa Caja decidió poner en marcha un programa que ha contado con la cooperación técnica de la OEA y el patrocinio de la ANDI y Fenalco, para solucionar los problemas de vivienda, los costos de la canasta familiar y suministrar al mismo tiempo ingresos adicionales a los usuarios.
En este proyecto se reunen la vivienda, los servicios públicos, la alimentación y el empleo en un solo sitio: la casa. Cuando se llegue al plazo de cinco mil viviendas, se habrá formalizado lo que puede considerarse un auténtico proyecto piloto para Latinoamérica.
La ciudadela está muy bien ubicada, a orillas del Magdalena, con abundante agua para consumo humano y riego de las hortalizas, cerca de tres poblaciones que suplen otras necesidades, con espacios destinados a zonas de recreación y deporte y con toda la amplitud que se necesita para que la vida diaria no sea un hacinamiento, y ya estan funcionando 32 viviendas que fueron construidas con materiales tropicales, con el fin de poder detenderse de los rigores del clima.
Cada casa tiene tres alcobas, sala,comedor, baño de doble uso, cocina y una terraza para tomar la brisa que viene del río, hacer vida social con los vecinos, intercambiar planes con amigos y familiares.
Al lado de la casa queda la huerta de 188 metros cuadrados donde se pueden cultivar hortalizas, árboles frutales, plátanos y contar con gallinas, patos, conejos. etc.. con los cuales no sólo se alimenta la familia sino también se contribuye a la economía de la casa porque se pueden vender tales productos. Hay un tanque de agua y pozos artesianos para la huerta y las necesidades humanas y las vías de acceso al barrio tendrán sombra cuando crezcan los árboles plantados.
Un vivero con más de 30 mil árboles está a disposición de los vecinos que quieran iniciar su huerta inmediatamente, con lo cual se garantiza la provisión de la materia prima para estos programas de cultivos hogareños.
La alimentación se ve así defendida con la huerta y algunos de los productos pueden ser vendidos.
Los requisitos para tener acceso a este plan son:
-Ser afiliado a Comfamiliar del Atlántico.
-No tener vivienda propia.
-Ser beneficiario del subsidio familiar.
Al ser seleccionada la familia, tiene que realizar un curso de cooperativismo y desarrollo comunitario, debe respetar las normas arquitectónicas y, obviamente, habitar la vivienda, sin subarrendarla.

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