Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1995/03/20 00:00

CONSTRUCCION

CONSTRUCCION



LA CIUDAD AMABLE
La calidad del espacio público afecta positiva o negativamente el valor de los inmuebles

'LA CIUDAD LAtinoamericana pasa de la lozanía a la decadencia sin jamás ser antigua', C. Levy Srauss
Son las 11 y media de la noche y mañana se me vence el plazo para entregar estas líneas que tan amablemente me ha pedido la revista SEMANA que escriba, como una colaboracion del presidente de Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá la separata que circula con este número.
Bajo la presión del tiempo que se acaba, llueve sobre mi cabeza una tormenta de ideas, se quedan sobre el escritorio los libros consultados durante tanto tiempo: Levy Straus, Toynbee, Currie, Zambrano. Lo importante es no perder esta formidable oportunidad de proponer algo práctico.
Ese algo que durante los últimos años he querido redondear y no he podido, pero aquí está resumido en una frase que tendrìa que decir así: 'Ciudad amable, espacio público de alguien' y de forma más explícita: 'Adoptemos nuestro espacio público'
Para los que trabajamos en estos temas urbanos, bien sea desde el Estado, el sector privado o desde los gremios, el tema Ciudad Amable nos obsesiona tanto como la paz a los sociólogos y politólogos en esta sociedad violenta: al final ambos grupos coincidimos en la necesidad de construir una sociedad en paz, con una economía pujante asentada en ciudades con un alto valor de contenido urbano en sus espacios públicos pero, ante todo, justa la primera y amable la segunda.
Transcurrìa el mes de septiembre de 1993 y una mañana, estando de viceministro de Desarrollo, me reúno con los presidentes de las grandes empresas que tienen sus oficinas en el Centro Internacional. Venían con la idea de poderse unir de alguna forma para invertir en el mejoramiento del espacio público de esa zona de la ciudad, eje financiero por un buen tiempo para los bogotanos.
De ese día y de esa reunión se originó esta propuesta elaborada con la gente de la Dirección de Desarrollo Urbano, pero especialmente por Camilo Mazuera.
La tesis es muy sencilla: la calidad del espacio público afecta positiva o negativamente el valor de los inmuebles que se encuentran en su entorno.
Mediante la reglamentación del artìculo séptimo de la ley novena de 1989, el cual transfiere a los municipios la posibilidad de contratar con entidades privadas la administración, mantenimiento y aprovechamiento económico del espacio público. Dicha administración la contratarìa el municipio con 'La Junta de Vecinos', creada para el efecto, y con un reglamento muy similar al régimen de propiedad horizontal, a falta de una, dos leyes más sustentan este proceso: la 134 de 1994 que regula la participación ciudadana y la ley 80 de 1993, conocida como el Estatuto General de Contratación de la Administración Pública.
Hacer ciudad amable y educar ciudadanos para usarla es ante todo reconocer la importancia del espacio público en el valor de nuestro stock inmobiliario. Solo por vivir en el bosque los pájaros no saben de botánica.
¿QUé tal como ejemplos negativos, el parque de la 93 con 12, invadido o rellenado, aún no se sabe? ¿Y el puente peatonal al frente del único monumento de mediano tamaño que le ha construido la ciudad al Libertador? ¿Habrìan dejado los parisienses construir un puente por encima de los Campos Elíseos y al frente del Arco del Triunfo? Como ejemplo positivo resaltemos la recuperación de la calle 72. Si lográramos entender el ejemplo de estos constructores, que creo no solo lo hacen por la responsabilidad con la ciudad, sino porque definitivamente es un buen negocio. Por favor, hagamos buenos negocios, adoptemos nuestros espacios públicos.
Por Darío Londoño, presidente de Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá

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