Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

Contra el alud chino

Las textileras se defendieron en 2004, pero la entrada masiva de confecciones chinas al mercado mundial en 2005 amenazan con descoser su convaleciente negocio.

La noticia buena para los textileros fue la recuperación de la economoía venezolana. La mala es la llegada al mercado de Estados Unidos de la ropa 'Made in China'

"El peligro es real porque las reglas del juego han cambiado". Luis Mariano Sanín, presidente de Fabricato Tejicóndor, sintetiza en esa frase los sentimientos del sector textil frente a 2005. "De momento estamos aguantando y somos optimistas", añade. La compañía que preside Sanín consiguió en 2004 aumentar sus ingresos un 20 por ciento y logró vender en el extranjero un 9 por ciento más, pese a que sus productos se encarecieron por la revaloración del peso frente al dólar.

Las grandes compañías del sector tuvieron en general un buen 2004 y remendaron algunos de los problemas en sus cuentas. Pero el nuevo año les trajo nuevos desafíos. El primero de enero de 2005 China entró con pasos de animal grande a atender el mercado textil en Estados Unidos y Europa, dos de los principales clientes de las compañías colombianas. A partir de esa fecha calcetines, corbatas, blusas y el sinfín de productos textiles chinos tienen libre acceso a los 148 países que componen la Organización Mundial de Comercio (OMC). El futuro del sector textil colombiano y de muchos otros países amenaza con descoserse.

El año 2004 era el último en que las textileras colombianas -Enka, Coltejer y Fabricato Tejicóndor son las tres que figuran entre las 100 más grandes- podían respirar antes de que China las apabullara. Sin embargo el sector tuvo que aguantar algunos problemas graves, especialmente el alto precio del algodón (que representa el 40 por ciento de los costos en la industria) y la caída en el precio del dólar, que perjudicó sus exportaciones. Con todo y eso lograron pasar el año con calificaciones aceptables.

Coltejer, fundada en 1908, como un emblema de la empresa moderna en Colombia, viene en un proceso de reestructuración bajo la Ley 550. Por eso le fue difícil ver caer sus utilidades netas de 10.245 millones en 2003 a 8.109 millones de pesos este año. Aún así, en un entorno difícil, la valoración que realizó Carlos Alberto Beltrán, presidente de la compañía, fue positiva. Después de todo, el precio del algodón se encareció en un 19 por ciento.

El impulso del Atpdea, la ley de preferencias arancelarias que Estados Unidos concedió a las exportaciones colombianas de textiles, fue definitivo para que las exportaciones de Coltejer crecieran en un 18 por ciento al pasar de 113.319 millones en 2003 a 132.941 millones en 2004. Es un dato especialmente bueno si se toma en cuenta que el peso se apreció un 14 por ciento frente al dólar, lo que drenó la competitividad de las exportaciones colombianas.

Por su parte, Enka -que produce fibras sintéticas y otros derivados y no se vio afectada por la subida del precio del algodón- se recuperó en ventas, lo que le facilitó el cumplimiento del acuerdo con los acreedores bajo la Ley 550. Sus utilidades netas subieron de 28.209 millones de pesos a 41.860 millones, un logro especialmente notable después de que hace apenas dos años había arrojado pérdidas de 12.407 millones de pesos.

Fabricato Tejicóndor vio caer sus beneficios. En 2004 la compañía obtuvo utilidades de 23.856 millones frente a 44.778 millones el año anterior, una diferencia que se explica en gran parte por la revaluación del peso que golpeó especialmente a los exportadores. Sanín, presidente de la compañía, calcula que la desfavorable tasa de cambio hirió las cuentas de la empresa en unos 18.000 millones de pesos.

No obstante hubo una noticia muy buena en 2004: la tremenda recuperación de la economía venezolana, uno de los principales destinos de la exportaciones de esta compañía. Después de haber tenido graves problemas en 2003, cuando sus ventas al país vecino se redujeron casi a cero por culpa de las restricciones que impuso el gobierno de Chávez a las transferencias monetarias al exterior, el año pasado más de una tercera parte de sus exportaciones fueron a Venezuela.

De aquí en adelante las perspectivas para las textileras colombianas son complicadas. Según datos del gremio textil estadounidense, las importaciones chinas introdujeron en el mercado de Estados Unidos 84,8 millones de camisetas de algodón, un incremento de 1.258 por ciento en comparación con el mismo trimestre de 2003. Los pantalones made in China escalaron al vertiginoso ritmo del 1.521 por ciento. Por lo menos en cuanto a la ropa interior el crecimiento ha sido más calmado: 'sólo' fue del 200 por ciento.

Aunque en Colombia todavía no se cuantifican los estragos de cuatro meses de avanzada china, las exportaciones de Fabricato Tejicóndor a Estados Unidos ya han caído entre 20 y 30 por ciento.

Según datos del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico Textil-Confección de Colombia (Cidetexco), la competencia de China ha provocado desde 2002 el cierre de 3.000 maquiladoras en México, con una pérdida de 260.000 empleos en la industria. En Colombia no sólo sufrirían las grandes compañías. Los estudios señalan que las pequeñas y medianas empresas del sector textil y de otras áreas relacionadas con la industria representan el 55 por ciento de la capacidad productiva del país. La cadena algodón-textiles-confección les da a los colombianos 216.000 empleos directos y 647.000 indirectos.

El hecho de que la cadena textil del país todavía dependa en buena parte de la importación de productos del extranjero merma su competitividad. De las 90.000 toneladas de algodón que consume el sector cada año, unas 55.000 son importadas. En cuanto al índigo, una tercera parte del consumo proviene de fuera de las fronteras nacionales. La solución estaría en hacer nuevas inversiones. Sin embargo a las textileras se les dificulta emprender los proyectos de inversión que necesitan para defenderse de la enorme competencia China por su alto nivel de endeudamiento y los delicados procesos de reestructuración en que están embarcadas.

Con todo y eso, Coltejer pudo sortear las limitaciones que impone su situación financiera para invertir 25 millones de dólares en una fábrica de índigo. Y Fabricato Tejicóndor espera gastarse unos 15 millones de dólares anuales en nuevas inversiones en el futuro próximo.

Los empresarios están esperanzados en que Estados Unidos cierre sus fronteras a los productos chinos. Los gremios norteamericanos ya pusieron el grito en el cielo al ver la evolución del primer trimestre, con lo que Washington ya está barajando la posibilidad de restringir o ponerles un techo a los productos chinos que están inundando el mercado.

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