Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/15/1986 12:00:00 AM

CORAZON, NO VUELVAS A APOSTAR

Con la muerte del dentista Schroeder, el corazón mecánico sufre un traspiés definitivo.

"Esta será una experiencia inolvidable. Deseo recordar los nombres de todos ustedes, comenzando por el de ese gran tipo que me operó". Estas fueron las primeras palabras que pronunció en 1984 el dentista de 54 años, William Schroeder, el segundo hombre del mundo en recibir un corazón artificial, al recuperarse de la anestesia.
Efectivamente, su experiencia fue inolvidable. Y de seguro que recordó bien, durante el resto de sus días, el nombre del "gran tipo" que lo operó, el doctor William de Vries. Pero no por la hazaña de haberle permitido sobrevivir 488 días con un corazón mecánico, después de que había sido desahuciado. Sino por los padecimientos tremendos que le produjo el experimento, que lo rebajó a la calidad de "conejillo de Indias" humano hasta que finalmente, hace dos semanas, falleció.
William Schroeder se llevó a su tumba el discutible honor de haber sido el ser humano que más tiempo duró vivo con un corazón mecánico. Pero al mismo tiempo, su muerte constituyó un tremendo revés para la ciencia médica, que cerró, con la muerte de Schroeder, un capítulo que parecía deparar grandes esperanzas en el campo de la lucha contra las enfermedades cardiacas.
Aunque Schroeder demostró que es posible sobrevivir con una divisa de plástico y metal que hace las veces de corazón, los derrames cerebrales y otras complicaciones derivadas que tuvo que padecer, como la pérdida sucesiva de sus sentidos y una parálisis paulatina de su cuerpo, lograron que su gloriosa experiencia se transformara en una cruel tortura.
Eso, sin contar con que en los mejores momentos, cuando el jarvik-7 (que era el nombre de su corazón artificial) acababa de ser implantado y funcionaba a la perfección, Schroeder jamás dejó de ser un inválido, ni regresó a su vida normal: aunque pudo abandonar el hospital y pasarse a vivir a un apartamento ubicado a pocos metros del hospital, allí vivió sus casi dos años de "ñapa" amarrado a un inmenso compresor de aire. Y aunque podía utilizar una unidad cardiológica portátil que le permitía "desamarrarse" de la gigantesca máquina durante tres horas diarias, Schroeder no volvió a caminar por la calle como un hombre normal.
Dos veces tuvo que ser internado de urgencia en el hospital, durante 1985. La tercera, en noviembre 11, fue la definitiva. No volvió a salir de él jamás, hasta el día de su muerte.
Si la aplicación de la divisa artificial produjo grandes polémicas en su momento, la muerte de Schroeder si que las agitó. Su primera consecuencia ha sido el fin de una era en la que las divisas artificiales se consideraron una solución permanente para aquellos enfermos terminales con enfermedades cardiacas. La mayoría de los cirujanos acepta en la actualidad que estas divisas no constituyen sustitutos adecuados para los órganos naturales, y que si alguna utilidad tiene un corazón artificial es la de servir de "puente" para mantener temporalmente con vida a un paciente, en espera de que aparezca el donante del nuevo corazón para realizar el trasplante definitivo.
El único que no se conforma con el fracaso es el doctor De Vries, el cirujano que ha realizado cuatro de los cinco implantes permanentes de corazón artificial que se han realizado en el planeta.
Alto, delgado, con un seductor mechón rubio sobre la frente, que más parece sacado del ambiente millonario de la serie "Dinastía" que de un hospital de la vida real, De Vries aún tiene autorización del Departamento de Salud de los EE.UU. para realizar tres implantes más en el Hospital Humana de Louisville, que es el mecenas de sus experimentos.
En un simposio médico realizado en Washington en octubre del año pasado, entre casi todos los cirujanos asistentes que estaban familiarizados con el corazón artificial, De Vries fue el único en insistir en la divisa para realizar implantes permanentes. La mayoría de los demás insistió en el riesgo de los derrames, causados por los coágulos que se forman en la pared interna del corazón mecánico, y que luego se alojan en el cerebro.
Otros médicos también citaron como un factor en contra del corazón artificial las restricciones impuestas sobre los movimientos del paciente por el aparatoso compresor de aire que acciona el corazón.
Pero uno de los cirujanos presentes, el doctor Jack Copeland, de la Universidad de Arizona, dio el argumento más contundente en contra de la divisa mecánica: con los cinco experimentos realizados se ha demostrado que la salud de los pacientes con corazones artificiales de carácter permanente, inevitablemente falla entre los 200 y 400 días posteriores al implante, mientras que los trasplantes de corazones humanos "están aquí para quedarse".
La historia de Schroeder y de los otros cuatro pacientes que han recibido corazones mecánicos sólo demuestra, por ahora, una triste conclusión. La de que los seres humanos pueden desarrollar un corazón, pero todavía no son capaces de construirlo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1829

PORTADA

Gran encuesta presidencial

Vargas Lleras arranca fuerte, Petro está estancado, Fajardo tiene cómo crecer y los partidos tradicionales andan rezagados. Entre los uribistas, Ramos se ve fuerte. Y Santos tiene 35 por ciento de aceptación. Gran encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA.