Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2004/03/28 00:00

"Creamos un nuevo sistema"

El viceministro de Educación Superior, Javier Botero, explica los importantes cambios que este gobierno está realizando y que prometen crear un nuevo modelo de educación superior.

"Las universidades y programas tienen que cumplir con todos los requisitos de calidad, pero sin duda se debe premiar a los mejores".

En los últimos meses, el sector de educación, especialmente el de posgrados, ha tenido grandes cambios estructurales en las funciones de dirección y control de la calidad. Se creó un viceministerio de Educación Superior que asumió todas las funciones que antes estaban delegadas en el Icfes.

Además, el gobierno, en el Plan de Desarrollo, creó las maestrías de profundización, una modalidad en la que las universidades no sólo forman personas para la investigación sino en áreas específicas del conocimiento en las que las personas no necesariamente requieren hacer una tesis para obtener el título.

En el Ministerio se han hecho profundos cambios, se han eliminado organismos y se han creado otros, y se centralizó todo el manejo de la educación superior en cabeza del viceministerio de la Educación Superior, al frente del cual está Javier Botero Álvarez.

SEMANA: ¿Qué busca el gobierno y en especial el Ministerio de Educación con los cambios que se están haciendo en el sistema de educación superior, en especial de posgrados?.

Javier Botero A.: Por un lado articular todos los procesos y funciones dispersos en varias instituciones y organismos en una sola cabeza, el viceministerio para la Educación Superior, con el fin de que haya mayor coherencia, coordinación, exigencia y control de los pregrados y posgrados, independientemente del área y del nivel de conocimiento. Queremos aumentar la cobertura y la calidad, con la idea de que un pregrado como pregrado sea tan bueno como una maestría como maestría.

Por otro lado buscamos que haya una formación por ciclos de posgrados: especialización, maestría y doctorado, con el fin de que las personas puedan ir adquiriendo conocimientos para aplicarlos en su ejercicio profesional cotidiano.

Otro gran cambio es que se crearon las maestrías de profundización, enfocadas no a formar investigadores sino a reforzar áreas específicas del conocimiento. Buscamos flexibilidad en el sistema para que las personas encuentren la educación que requieren para su vida.

SEMANA: ¿Cómo explicaría los cambios que están ocurriendo en los prosgrados?.

J.B.A.:La Ley General de Educación de 1994 y su reglamentación hicieron mucho énfasis en que las maestrías y doctorados del país debían privilegiar la investigación, y con razón, pues en esa época había muy poca. La aplicación de la ley fue muy rígida y rigurosa, lo que terminó en un crecimiento de los programas de especialización y no necesariamente de investigación, ya que mientras la aprobación, el seguimiento y la calidad de las maestrías y doctorados estaban en manos de una comisión, los de las especializaciones estaban en el Icfes. La exigencia para aprobar y cursar unos programas y la flexibilidad de otras se pueden ver en el número de estudiantes. En el país había 51.725 personas que cursaban especializaciones, 8.045 en maestrías y 425 en doctorados. Esto explica por qué en el mercado existe una amplia oferta profesional con la misma titulación y por qué finalmente no se promovió tanto la investigación.

SEMANA: ¿El pensar una educación por ciclos no aumenta los costos para los estudiantes?

J.B.A.: Eso puede ser cierto y por eso hay tanto estudiante en especialización. Queremos que esta formación por ciclos se vuelva una formación para la vida. Ojalá un profesional esté actualizándose toda la vida.

Lo importante, y lo que estamos buscando en el país, es que existan diferentes alternativas y que la persona tome sus decisiones con la mayor cantidad de información posible.

SEMANA: ¿Qué ejemplos pueden citarse?.

En Chile la mayor demanda está hoy en día en unos programas de segundo ciclo, que son los tecnológicos, en los que unos sectores muy específicos de la población reciben un conocimiento preciso y un título con el que acceden más fácil a un empleo, y reciben una mayor remuneración que el promedio.

Otro caso es el alemán. Tradicionalmente, desde el sexto grado tienen que decir para dónde van. A pesar de que se ha vuelto más flexible y de las facilidades, muchos alumnos dicen que no se van a ir a estudiar una carrera de siete años para ganarse un poco más que un obrero o un técnico, así que optan por este camino. Una persona que haga un doctorado porque quiera ganar más plata está completamente equivocada, porque al terminarlo se da cuenta de que todos sus compañeros están ganando más. En las maestrías y especializaciones sí hay un estímulo grande. En definitivas queremos una educación por ciclos.

SEMANA: ¿Con estos cambios no se busca privilegiar a los programas de menor calidad?

J.B.A.: Cada institución tiene que cumplir los mismos requisitos de calidad, pero sin duda se debe privilegiar a los mejores y a los que más esfuerzo estén haciendo.

SEMANA: Es claro que las maestrías y doctorados del país tienen un alto nivel y un alto componente de investigación. Al crear las maestrías de profundización, ¿las exigencias serán las mismas que para estos programas o se disminuirán?

J.B.A.: Ni lo uno ni lo otro. Cada uno tiene su propio estándar, pero la verificación y rigurosidad con las que se hará es la misma. Si estos cambios se hicieran sólo para buscar una ampliación de cupos, sería claro que disminuyera la calidad de la educación, pero nosotros estamos montando un sistema que no existía y estamos trabajando sobre un marco muy estricto y riguroso que ha tenido muy buenos comentarios a escala internacional y que al final logrará aumentar cobertura sin disminuir la calidad.

SEMANA: Un estudio de Colfuturo muestra que en el país, además del bajo número de doctores, en este momento hay un grupo importante de estos profesores en las universidades que se retirará en los próximos años.

J.B.A.: El mensaje es que se hagan más maestrías y doctorados de investigación para formar más investigadores. La academia necesita doctores, directores de investigación, y es consciente de eso. El sector no es bruto y no responde a unas señales de mercado.

SEMANA: ¿Es cierto que la Comisión de Doctorados y Maestrías renunció en pleno el año pasado por no estar de acuerdo con los cambios?.

J.B.A.: El consejo no renunció en pleno. El período de los comisionados se venció en mayo y como venía toda la reestructuración les solicitamos que permanecieran hasta fin de año. Cuatro de ellos aceptaron, uno no. Estos cuatro comisionados trabajaron hasta que el Conaces asumió las funciones y los trámites en diciembre pasado. A pesar de que todos los comisionados salieron, muy seguramente crearemos una nueva comisión, pero del seno de los Conaces.

SEMANA: ¿Por qué este Ministerio rechazó por primera vez una sugerencia del consejo de no aprobar un programa de posgrado y le dio vía libre aparentemente sin cumplir los requisitos?.

J.B.A.: Yo no sé si sea la primera vez. En la administración anterior el Ministerio se apartó de los conceptos de la comisión. Estos entes son asesores. Uno le pide a un asesor un concepto, y la persona que tiene la responsabilidad acoge el concepto o no, no hay ninguna obligación. En este y en otros programas tuvimos diferencias con la comisión. Ya estaba la Ley del Plan de Desarrollo, que decía que existían las maestrías de profundización y no sólo maestrías de investigación. Con base en eso y en una mayor amplitud en las áreas donde podría haber un programa de maestría, el Ministerio se separó, no acató el concepto de la comisión y aprobó algunos programas.

SEMANA: Algunos expertos y rectores de universidades dicen que el gobierno, en su empeño por ampliar la cobertura en la educación básica, tiene abandonada la educación superior.

J.B.A.: A mí me sorprende esto porque en las reuniones con los rectores se ha dicho todo lo contrario. Los rectores han reconocido que por primera vez en un gobierno hay una posición clara respecto a la educación superior. Que todo lo que estamos haciendo no les guste a algunos es válido, pero estamos comprometidos con revisar y modernizar todo el sector. Por ejemplo hay algunas instituciones que se han vuelto con ánimo de lucro, y eso no puede seguir. Por primera vez va a haber una política de educación superior clara.

SEMANA: ¿Cuándo van a tener los estudiantes del país esa garantía de que esos posgrados son buenos?

J.B.A.: Cuando tengamos todas las condiciones mínimas de calidad para hacerlo, pero sin dudas nos tomará un buen tiempo.

SEMANA: ¿Por qué una persona debe estudiar en Colombia y no en el exterior?

J.B.A.: No creo que una persona deba hacerlo aquí o afuera. Creo que debe existir una buena posibilidad de hacer un posgrado en Colombia. Ojalá haya más movilidad, ojalá todos salgan al menos un año por fuera. Yo creo que el salir abre mucho la mirada al mundo.

SEMANA: ¿Usted cree que el tema de la investigación es más preocupación de las universidades que de una política pública del gobierno?

J.B.A.: Colombia necesita más investigación, necesita fortalecer el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología y dentro de eso, la investigación que se realiza en las universidades es fundamental. Realmente son pocas las universidades que hacen investigación en Colombia.

SEMANA: ¿Cómo incentivar eso?

J.B.A.: Una de las 15 condiciones mínimas de calidad que debe cumplir cada programa aprobado como maestría o doctorado es que tenga un componente de investigación de los estudiantes y de los docentes que soportan el programa. Se requiere enfatizar los doctorados nacionales, por costos y porque durante ese tiempo se realiza la investigación en Colombia y aumenta la probabilidad de que esos altos profesionales se queden en el país.

SEMANA: ¿Cómo vería la educación superior, especialmente los posgrados, al final de este cuatrienio?

J.B.A.: Fortalecida, con una garantía clara de calidad en la que el estudiante sepa a qué entra y qué puede hacer después.

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