Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 10/1/2001 12:00:00 AM

Cuando Bogotá tuvo Transmilenio

Un a historia de nostalgia ficción.

Cactus Gaitan, hijo natural de Jorge Eliécer Gaitán (primer héroe pop bogotano) siempre pensó que el día 0 del año 0 de la nueva Bogotá había sido el 9 de abril de 1948. Aterrado por el fuego, las balas y la imagen desgarradora de los tranvías en llamas, decidió encerrarse de por vida en el pequeño cuarto de una pensión de La Perseverancia, donde tenía su biblioteca. Cactus Gaitán consiguió una bata con pinta escocesa verde pistacho de segunda, unas pantuflas y se dedicó a leer día y noche a los grandes clásicos bogotanos en su idioma original: José María Vergara, Lucas Caballero Klim, Rafael Pombo, Alvaro Salom Becerra, Andrés Samper Gnecco, Alfredo Iriarte… Cuando se instauró el turbayato en todo el territorio nacional jamás volvió a asomarse siquiera a la ventana y se sumergió aún más en sus textos.

Una mañana cualquiera del año 52 DJE (después de Jorge Eliécer, 2001 de la era común) ocurrió el milagro. Un vecino conocedor que en repetidas ocasiones le había hablado de las maravillas de la nueva Bogotá (la Ciudad de Hierro del Parque Nacional, los buses troles, Hielorama, el Templete Eucarístico, los puentes sin oreja de Durán Dussán, el parqueadero de Bulevar Niza, la Troncal Caracas de Andresito Pastrana, la escultura de unas vacas verdes en la oficina principal del Banco Ganadero, Ciudad Salitre, la nueva sede del Indio Amazónico, Maloka, la iglesia de los Mormones) le habló de un prodigio que, se lo podía jurar ahí mismo, lo iba a sacar para siempre de su encierro cachaco.

Bajaron por la empinada calle para conocer el prodigio de prodigios del que tanto le hablaba su vecino. Al llegar a la carrera quinta descubrió las Torres del Parque, preguntó por el Parque Centenario y su vecino le contó que por ahí pasaba ahora la Avenida 26, luego atravesaron el Parque Central Bavaria (”la fábrica de don Leo Kopp, ¿qué se hizo”?) y, ya en la Avenida Caracas, su vecino le señaló una y otra vez un paradero de metal donde paraban y arrancaban unos buses rojos que jamás había visto.

Cactus Gaitán regresó consternado. Como devoto lector del libro Cuando Bogotá tuvo tranvía no podía creer que, 50 años después de la desaparición del sistema de transporte que él consideraba perfecto e insuperable se hubieran inventado algo aún mejor.

Al otro día le vendió a un ahijado de la Guardia Albirroja Sur una foto del Santa Fe de la época de Pontoni y con esa plata en el bolsillo se fue derecho a la estación de la Calle 26.

Desconcertado ante tanta modernidad hizo cola para comprar el tiquete, luego entró por un torniquete automático y se subió a un bus silencioso en el que los parapléjicos podían asegurar sus sillas de ruedas y los padres podían pasear sin ningún problema a sus hijos en sus coches.

Cuando preguntó que dónde tenía que bajarse le dijeron que si no se salía del bus o de una estación (“del sistema”, qué manera tan rara de hablar la de la gente de hoy), podía quedarse dando vueltas y vueltas todo un día, de 5:30 de la mañana a 11 de la noche. Eso era demasiado. Así que recorrió de punta a punta las dos rutas del sistema, por la ventana vio pasar una ciudad que creía conocer de memoria gracias a sus lecturas pero que le resultó tan extraña y ajena como Shanghai o Novosibirsk.

Todo era tan raro… Pequeñas ciudades-dormitorio en los suburbios, el aspecto fantasmal de los edificios de la Caracas entre la 26 y la 19, las universidades piratas y las escuelas de secretariado bilingüe de Teusaquillo y Chapinero, el colorido de los letreros y el agite de Santa Lucía, Olaya, Quiroga, Ferias… y los cachacos, ¿dónde estaban esos cachacos de toda la vida de gabardina y sombrilla? Vio gentes de todos los colores, pintas que jamás habría imaginado, era como si todo ese país, lejano y aislado en tiempos de la Hegemonía Conservadora y la República Liberal (“gente de tierra caliente, ala”), se hubiera venido de pronto a vivir a Bogotá.

Al regresar a su pieza quemó sus calendarios, cálculos, ensayos y escritos que se basaban en un error garrafal e inexcusable. No había duda: el verdadero día 0 del año 0 de la Nueva Bogotá era el 18 de diciembre de 2000, el día que Bogotá tuvo Transmilenio.



Transmilenio, vaya nombre... parece puesto por un faraón o alguien que se cree faraón. Transmilenio, cómo explicarlo en una frase, es como si los extraterrestres hubieran puesto una ciudad lineal de mentira en medio de la ciudad de verdad



PORTAL DE OCCIDENTE MARTES 8:51 A.M. Bienvenidos al paraíso. Atrás quedan los buses ruidosos, incómodos, el vallenato romántico, los frenones en seco cada media cuadra. En 25 minutos Chapinero y en 10 más el Centro



EXPRESO 30. RUMBO A CHAPINERO MIERCOLES 4:26 P.M. Primero, la desconfianza total. Sólo compraba tarjetas amarillas de un viaje. Hasta que, desesperado con las colas, me le medí a al de 10 viajes. Hasta ahora ninguna me ha salido chiviada



AVENIDA CARACAS

JUEVES 7:34 A.M.

¡Qué modernidad! De la cultura de buses y busetas atiborrados de letreros (Kennedy Ley Casablanca, Segundo Puente Spring, Calle 34 Galán Camelia, AV68 Salitre Venecia Tunal) ala de los números. 1, 2, 15, 20-40, 30, 50, 60 y 70



EXPRESO 70. VIERNES 11:58 A.M.

La estética y la gracia del metal en vez de la sordidez del cemento de los puentes de Pinski. Si en los andenes de la ciudad lo usual es la pachorra y el paseo bugueño en Transmilenio se camina rápido, se pisa fuerte, que cada paso retumbe más que el anterior. Además la gente pone cara de metro



AUTOPISTA MEDELLIN SABADO 1:47 P.M. Parece un comercial de Transmilenio pero no, es la vida real: los buses rojos avanzan a buen paso. Al lado, un insoportable trancón, busetas atestadas que no avanzan, una fila interminable de carros



ESTACION OLAYA DOMINGO 3:35 P.M. Hoy juegan Magdalena y Chicó FC en el estadio del Olaya pero llegué tarde. Calculé mal, el domingo Transmilenio funciona a otro ritmo



ESTACION HORTUA. MARTES 9:04 A.M. El que le puso los nombres a las estaciones debe ser un paramédico, un fanático de las salas de espera, las urgencias y la terapia intensiva: Hortúa, Marly, Hospital, qué tal Cardio Infantil... pero el peor de todos es Profamilia



ESTACION TOBERIN LUNES 6:39 A.M. Las colas, ese vicio nacional. Para comprar tiquetes, en las estaciones congestionadas y en hora pico para entrar y salir. Por Ley de Murphy, uno siempre termina detrás del que no sabe usar la tarjeta, se le traba, le sale chimba.



Lo mejor de Transmilenio es el control casi perfecto del tiempo. Se sabe, con un margen de error de tres o cuatro minutos en tramos largos, cuánto tiempo durará el viaje. Así sea un viernes de quincena de hora pico y en medio de un aguacero



RUTA 2 RUMBO SUR 7:50 A.M. Safari, turismo de aventuras dirán algunos. Ahora es tan fácil conocer barrios a los que uno no se atrevía a ir en un directo Caracas Santa Lucía o un Olaya Quiroga



ESTACION QUIRIGUA. VIERNES 9:40 P.M. Las estaciones, de noche, inspiran confianza y seguridad. Sitios donde antes sólo circulaban a pie los más valientes ahora resultan acogedores. Es la bienvenida a casa unas cuadras antes de llegar



ESTACION TERCER MILENIO. 7:28 A.M. Las ruinas del sector del Cartucho, la basura, un parque a medio hacer, una escultura... Protegido por la ventana aséptica del bus todo eso parece una película de terror, turismo de guerra. Algo que sucede a pocos metros uno lo ve como si ocurriera en el otro extremo de la galaxia



PORTAL DE USME. VIERNES 10:04 A.M. Los buses alimentadores de color verde



RUMBO SUR EXPRESO 70 VIERNES 11:21 A.M. La ciudad invisible se hace visible. Barrios separados por potreros y bosques
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1830

PORTADA

En la cuerda floja

La economía avanza a paso muy lento. Se necesita con urgencia un estartazo, pero el desánimo y el pesimismo limitan las posibilidades de una recuperación.