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| 10/1/1984 12:00:00 AM

¡CUIDADO! OLA DE BURUNDANGA

Alarmante aumento de atracos con burundanga en el país, arma para cometer el delito perfecto

Eran las dos de la madrugada cuando Armando Torres, un estudiante de sexto año de bachillerato de Bogotá, salía en su Renault 12 color verde de una fiesta en casa de su novia, en el barrio Córdoba al noroccidente de la ciudad. Tomó la avenida a Suba hacia el sur y pensó que, antes de irse a dormir, sería bueno fumarse un último cigarrillo. Echó su mano al bolsillo de la camisa y se dio cuenta de que la cajetilla se le había terminado. Entonces pensó en comprar otra, en una licorera que encontró abierta unas cuadras adelante, en el garaje de una casa del barrio Morato, a la altura de la calle 116. Estacionó el carro y bajó de él. Dos personas se le acercaron y, según su propio testimonio, "hasta ahí recuerdo". Hacia las 5 y media de la madrugada, Torres despertó: estaba en el bar Las Conejitas (que ya no existe), en la carrera 15 con calle 74. "A mi lado se encontraba una muchacha cuyo rostro no recuerdo. Al frente, sobre la mesa, una botella de aguardiente que ya iba por menos de la mitad. Estaba atontado, pero, extrañamente, tuve la lucidez suficiente para darme cuenta de que no podía escapar así no más. Entonces le dije a la muchacha que iba al baño. No sé cómo demonios encontré la salida. Creo que tuve mucha suerte. En la calle pude ver, a algo más de media cuadra, mi carro. Corrí hacia él, estaba abierto, me monté, tenía las llaves puestas y me fuí volando del lugar. Durante varios días estuve pensando qué había pasado esa noche: entre otras cosas, me preocupaba que el carro, que al salir de la fiesta de mi novia tenía el tanque en 34, se encontraba apenas con el tanque de reserva cuando volví a montarme en él. Se me ocurre que pudieron usarlo para un atraco o para algo peor. A lo largo de las semanas siguientes, mi ocupación matinal consistía en revisar las páginas judiciales de los periódicos para ver en cuál me encontraba alguna denuncia contra un Renault 12, color verde. Nunca encontré nada y creo que tuve mucha suerte. Me habían emburundangado y ahora sé de gente a la que le han pasado cosas peores".
En efecto, Torres contó con suerte. No le sucedió nada de lo que suele pasarle a las víctimas de esta modalidad delictiva basada en la burundanga o escopolamina, aplicada de diversas maneras, y que hoy en día es utilizada en cerca del 6 por ciento de los delitos contra el patrimonio económico que son denunciados a la Policía. O sea que, actualmente en el país, de cada veinte casos de hurto o robo, uno se comete gracias a la burundanga. Para Torres, la única preocupación hoy es qué pudieron sus asaltantes hacer con su carro durante tres horas y media y con 34 del tanque de la gasolina. Pero para otras víctimas de la burundanga, las consecuencias han sido mucho más graves. La cuestión va desde el simple robo del carro, el dinero o los documentos y la chequera, hasta el abuso sexual e incluso la muerte. Todo esto sin mencionar otros casos sucedidos a plena luz del día, en los cuales la víctima, atontada, es utilizada para retirar miles de pesos de su cuenta corriente o, como le ha sucedido a numerosas amas de casa, para sacar de sus residencias, uno a uno, todos los aparatos electrodomésticos. Para quienes cometen delitos con burundanga, no existe hora fija ni lugar determinado: igual puede ser al mediodía a la salida de un banco, que una noche de fútbol a la salida de El Campín, o de cualquier otro estadio del país, pues la burundanga no es exclusiva de Bogotá. La víctima puede ser abordada en un semáforo por un vendedor de cigarrillos, o en una bomba de gasolina, o en un bus intermunicipal, o al término de una corrida de toros, o en el puesto de perros calientes de la calle 92 con carrera 15, en horas de la madrugada. En fin, el lugar y la hora son tan variados como las posibilidades delictivas de la burundanga. Pero y ¿qué es la burundanga? ¿de dónde se obtiene y con base en qué proceso?
Cardos y borracheros
El doctor Evaristo Arévalo, de la clínica de toxicología Guillermo Uribe Cualla, en la carrera 11 con calle 71 de Bogotá, explica así el origen de la burundanga: "Químicamente se trata de un alcaloide llamado escopolamina, que a diferencia de los demás alcaloides, como la cocaína, puede no ser estimulante, sino un fuerte depresivo. Se obtiene principalmente de dos plantas, que se encuentran fácilmente en la sabana, en la zona de Fusagasugá o en los cerros. Se trata del cacao sabanero o borrachero y de la datura, un cardo cuya semilla, al igual que la del borrachero, se procesa en forma similar a la hoja de coca hasta obtener un polvo blanco de fácil disolvencia en el agua o el alcohol".
Pero la escopolamina también es utilizada por los médicos del Seguro Social, exclusivamente, en forma de una pastilla llamada escopolamina butil, producida por varios países, entre ellos Bolivia, que la exporta comercialmente para uso clínico. Basta una pequeña dosis, la que pueda recogerse en la punta de una navaja, para obtener efectos inmediatos y por varias horas. Mezclada con el alcohol la escopolamina se potencializa y puede generar un paro cardíaco en pocos minutos. La "emburundangada" puede durar entre 3 y 72 horas. Si la dosis es tan fuerte como para afectar al paciente durante más de tres días, lo más probable es que las secuelas en él resulten muy graves: la víctima puede nunca regresar del "viaje" y vivir el resto de sus días como un vegetal, o simplemente, puede morir por sobredosis. Para producir una sobredosis, basta una media cucharadita del polvillo blanco, El paciente "emburundangado" es fácilmente identificable porque cae en un estado de confusión y desorientación en el tiempo y el espacio. Puede respirar sin problemas y hasta caminar o manejar un carro, pero pierde conciencia de sí mismo y pierde también el control de su voluntad. De ahí que resulte fácil, en algunos casos, utilizarlo como a un hipnotizado, para que gire un cheque, entregue pertenencias o, incluso, asesine a otra persona. La gran "virtud" de la escopolamina es su rápida acción, ya que en pocos segundos alcanza el sistema nervioso central. Y lo más grave quizá, la víctima pierde la capacidad de registrar en la memoria lo que está sucediendo.
Este último fenómeno es conocido como "amnesia retrógrada", o sea que la víctima no es capaz de guardar en su memoria, ni consciente ni inconscientemente, el recuerdo de lo que está pasando. No es lo que sucede con otros tipos de amnesia reversibles, en los cuales el paciente, tratado psiquiátricamente, puede sacar los recuerdos del inconsciente. No. En el caso de la escopolamina, la persona simplemente no graba recuerdo alguno en parte alguna.
El delito perfecto
Y es precisamente esa circunstancía la que convierte a la burundanga en un arma ideal para cometer el delito perfecto. Jurídicamente, nada se le puede probar a un delincuente si el testimonio de su víctima, cualquiera que éste sea, no tiene validez. Y qué validez va a tener el testimonio de una persona que se encontraba drogada en el momento en que el delito fue cometido. De todos modos, las víctimas casi nunca recuerdan quién les dio la burundanga. La pérdida de la memoria no se reduce al momento en que la escopolamina es suministrada, en un trago o cualquier comestible sólido: la amnesia cubre incluso unos minutos antes del asalto con burundanga. Por eso, en los numerosos relatos que hoy se escuchan de "emburundangados", siempre hay una parte que dice: "Creo que alguien se me acercó y en ese momento, perdí la conciencia".
Desde hace unos cuatro años cuando la burundanga comenzó a ser utilizada comúnmente en diversos delitos, la Policía Nacional comenzó a recoger datos que hoy permiten presentar aterradoras estadísticas. Todo indica que, aunque ya no produce tanto escándalo precisamente por lo común que se ha vuelto, el uso de la burundanga en actividades delictivas aumenta en forma constante. Durante los cinco primeros meses de este año, la Policía recibió denuncias por 40 mil 747 delitos contra el patrimonio económico, de los cuales más de dos mil 300 fueron cometidos con el uso de la burundanga. De esos dos mil 300, unos 32 produjeron la muerte de la víctima. Sin embargo, se cree que estas cifras son mucho más altas, pero que de los muchos casos de burundanga, apenas algunos son denunciados ante las autoridades. Ser víctima de la burundanga no deja de tener un cierto contexto de verguenza social: contar que uno ha sido "emburandangado" hace que muchas personas se pregunten: "Y éste, quién sabe con quien andaba y en dónde". SEMANA pudo comprobar esta realidad al tratar de obtener de numerosas personas conocidas un testimonio personal. Todas se negaron porque, como dijo una de ellas, "una cosa es contárselo a dos amigos íntimos en un coctel, y otra muy distinta relatarlo al público a través de una revista". De ahí que muchas veces, la cuestión no sólo no sea nunca denunciada a las autoridades, sino que se convierta apenas en un tema de conversación en reuniones y fiestas.
Esto, claro, para quienes corren con relativa buena suerte en cuanto a su "emburundangado" y pueden convertir la cosa en una aventura o en una anécdota más de la vida. Pero hay casos mucho más graves. Entre ellos la violación o el abuso sexual que, aunque por fortuna no es la práctica más común con los "emburundangados", no deja de tener cierta incidencia en las estadísticas. Según las denuncias recibidas por la Policía, de los 33 mil 223 delitos contra la libertad y el pudor sexual, 10 fueron cometidos con burundanga.
La verdad es que, en este caso también, las cifras pueden resultar inferiores a la realidad: entre otras cosas porque muchas de las personas "emburundangadas" que son violadas o que sufren cualquier tipo de agresión sexual, ni siquiera llegan a saberlo, porque al haber sido víctimas de la escopolamina, no lo recuerdan.
Aparte del abuso sexual, se han presentado casos graves que requieren un tratamiento psiquiátrico. Cuando la víctima de la burundanga comienza a regresar a la realidad, generalmente lo hace en medio de agudos sentimientos de paranoia que pueden quedar atrás a las pocas horas o que, por el contrario, pueden agravarse. Según el relato de uno de los médicos consultados por SEMANA,"en casos de burundanga, me ha sucedido que entro a la habitación de la clínica a visitar al paciente y éste está sufriendo alucinaciones como creer que debajo de la cama hay serpientes o cocodrilos".
Primeras armas
Aparte de la escopolamina, se cree que hay otros instrumentos que están siendo utilizados para atontar a la víctima de un atraco. Estos son muy variados y van desde el éter hasta el gas paralizante. En cuanto al éter y otras sustancias como el cloroformo, pueden ser usados para un asalto rápido en el cual la víctima apenas si se da cuenta de lo que pasa o, como ya se ha dicho, como primer paso antes de la aplicación en aquella de la burundanga. Sobre el gas paralizante, la Policía sostiene que su utilización está aumentando en forma preocupante.
En Colombia, ese gas no se vende comercialmente, pues es de uso privativo de las Fuerzas Militares. Pero al parecer, es fácil conseguirlo en Panamá, incluso en puestos de venta callejeros. Se le utiliza por lo general para el robo de carros y el asalto a residencias. Por otra parte, se sabe que se están utilizando algunas drogas más como "mezcladores" de la burundanga. Algunas sustancias diasepánicas o fenotiasénicas son mezcladas con la escopolamina con el fin de que estos ingredientes reduzcan la posibilidad de una eventual reacción agresiva de la víctima, como respuesta al alcaloide.
Claro que también se presentan algunos casos curiosos, como el relatado por uno de los médicos de la clínica Uribe Cualla: "Llegó una señora cargando a su esposo una mañana y diciéndonos que lo habían atracado y que estaba emburundangado. Luego, nos quedamos sólos con el paciente que, a los pocos minutos, se levanto de la camilla a decirnos que en realidad el problema era que acababa de pasar la noche con otra, pero que su mujer no lo podía saber y que por eso había inventado lo de la burundanga".
Pero la verdad es que, aparte de estas excepciones, la cuestión de la burundanga es cada día más grave en el país. A nivel clínico, existe un antídoto llamado Fisostigmina, que no se consigue en Colombia, aunque, puede ser reemplazado por otro que Sí es fácil obtener en el país: la Neostigmina. Pero lo cierto es que el verdadero antídoto contra la burundanga, de gran efectividad porque aleja a los delincuentes, es simple y llanamente, nunca andar solo.--
Las otras burundangas
CASO N° 1: Una muchacha es encontrada en estado inconsciente en el solar de un edificio en construcción. Su apariencia es la de una persona muerta. La Policía sube su cuerpo a una patrulla y lo conduce a Medicina Legal. Horas más tarde, la muchacha vuelve en sí. Lo único que recuerda es que un hombre que conducía un carro mientras ella iba por la calle se le acercó y le ofreció un chicle. Ella lo aceptó "porque estaba muy deprimida". No recuerda nada más. El diagnóstico inicial es que ha sido violada. Los resultados de los exámenes de sangre y orina muestran que en su organismo hay fenoteazinas, un tipo de droga sicofarmacológica.
CASO N° 2: El conductor de la buseta que termina su recorrido en el barrio 20 de Julio observa que al finalizar la ruta, hay aún un pasajero que no ha descendido. Se dirige entonces hasta la silla que ocupa, pero el hombre parece dormido. Lo sacude y lo llama y el pasajero no responde. El conductor llama a un agente de la Policía y el hombre es llevado al Hospital de la Hortúa. Allí, el paciente recobra el sentido. Su último recuerdo es que, en la buseta, le ha aceptado un trago de aguardiente para el frío a su compañero de asiento. Los resultados de las muestras de orina y sangre revelan la presencia de benzodiazénicos en su organismo. Las estadísticas de Medicina Legal permiten deducir que este tipo de atracos y violaciones se realiza utilizando otra clase de burundangas, diferente a la escopolamina, que parece más bien exclusividad de los sectores de clase alta de las distintas ciudades del país. (Ver cuadro.)
Las fenoziatinas, los benzodiazénicos y los diasepánicos son sicofármacos que se venden en muchos casos sin fórmula médica, en forma de pastillas. Estas suelen ser trituradas y el polvo que se obtiene, vertido en bebidas mezclado en dulces o chicles. Además de producir el adormecimiento y la total pérdida del control por parte de la víctima, estas drogas tienden a agudizar, por ejemplo, la depresión en una persona que atraviese un mal momento.
Los casos reportados a Medicina Legal son casi siempre los que trata la Policía, que generalmente tienen que ver con lo que sucede a las clases populares, ya que entre las clases altas, la víctima no siempre está interesada en denunciar a las autoridades lo sucedido. Prefieren acudir a clínicas privadas, donde los hechos se mantienen bajo reserva.
Sustancia
Casos en mayo Casos en junio Casos en julio
Fenoziatinas 40 23 46
Benzodiazénicos 18 15 20
Escopolamina 2 2 3--
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