Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2006/05/27 00:00

De alto vuelo

El departamento de Santander está a la vanguardia en el sector avícola en el país y frente a retos como el TLC, ya planea las estrategias para mantener esa posición.

De alto vuelo

Cuando se conocieron los resultados de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, los avicultores santandereanos no negaron su raza. P'atrás ni para tomar impulso. En lugar de quedarse en la discusión sobre los inconvenientes para el sector, que en el departamento genera directamente 40.800 empleos directos y 78.000 indirectos, comenzaron desde ya a armar nuevas estrategias.

Saben que mejorar la industria es objetivo fundamental de la competitividad en el sector, pero también lo es ingeniar desde ya estrategias para evitar que el ingreso del pollo desde Estados Unidos distorsione el mercado.

Por eso planean participar en las subastas del pollo en Estados Unidos y ser, así los importadores de las 26.000 toneladas de pollo que fueron pactadas y que, distribuidas durante los 12 meses del año, no causarán mayores desbalances, pues se trata del 3,5% de la producción del país.

En lo que sí le insisten al gobierno es en la necesidad de corregir lo acordado en materia de trozos sazonados, pues podría afectar el mercado.

Francisco Serrano, presidente de la junta directiva de Distraves, lo ve así. "El TLC es bueno para el país y la industria avícola se debe adaptar para aceptar este reto. Nuestra empresa se prepara con innovación de productos, con mayor eficiencia y productividad, con mejor servicio a nuestros clientes y con mayor dinamismo en su mercadeo. El servicio al consumidor y la participación en equipo de todos nuestros colaboradores serán nuestra mejor herramienta".

En medio de todo, el nuevo censo trajo consigo buenas noticias. Uno de los retos para la industria del pollo y el huevo era aumentar el consumo per cápita, para así no resentir tanto el ingreso del producto estadounidense, y en eso el conteo ayudó.

Los datos revelados por Fenavi Santander indican que de 16 kilos de pollo que consumía cada persona al año, la cifra pasó a 18, y de 164 huevos anuales por cada persona, ahora el consumo es de 193 unidades.

En el primer lugar

La posición de Santander en el mercado avícola no es gratuita. Comenzó hace algo más de 40 años como una pequeña industria y se amplió hasta llegar a lo que es hoy. Fue la visión de empresarios como el mayor (r) Diego Muñoz R., Eliseo Acebedo S. y Zoilo Santamaría, quienes supieron valorar la ubicación geográfica del departamento, el clima y la disponibilidad de tierras para la industria.

Mientras a la zona llegaron las granjas en fincas, sin vocación clara, la industria llevó consigo opciones de empleo y desarrollo que antes no existían por las precarias condiciones del terreno para los cultivos. Al tiempo, las granjas avícolas entregaron a la zona suficiente gallinaza para hacer también de esta tierra una opción agrícola hoy creciente en cultivos como los cítricos.

Además de la visión, lo recuerda Francisco Serrano, se dieron también las condiciones. La tierra es más barata que la de otras regiones, como Cundinamarca; el clima, más benigno que el de la Costa o el de la Sabana, y, además, la ubicación es envidiable, pues permite distribuir hacia todo el país sin estar muy alejado de los puertos a donde llegan los granos importados. El 83 por ciento de la carga que se mueve desde los puertos de Santa Marta y Barranquilla viene para la industria avícola de Santander.

En esa importación está uno de los 'dolores de cabeza', pues representa el 80 por ciento de los costos de producción.

Santander importa anualmente alrededor de 750.000 toneladas de materia prima, la mayoría maíz. Mensualmente, se procesan alrededor de 75.000 toneladas.

El tema es competir

Hoy, en promedio, la participación de Santander en huevo y pollo es del 26 por ciento de la producción nacional y, en razón del cierre de la frontera avícola en Venezuela, las exportaciones están en saldo rojo desde octubre, sin perspectivas de mejorar, pues el país vecino no ha mostrado intención de reabrir sus mercados .

Pero, más que el cierre de la frontera, la directora ejecutiva de Fenavi Santander, Marta Ruth Velásquez, ve como prioritaria la creación de estrategias de posicionamiento en el mercado interno, así como poner los ojos en nuevos mercados como China y Cuba, o más cercanos como Perú y Ecuador.

El trabajo debe partir del fortalecimiento de las marcas, la reducción de los costos y el fortalecimiento de nuevos canales de comercialización. "Hay que ganar competitividad para estar en la pelea", reitera.

Para ello, el Conpes avícola que está a punto de ser divulgado genera expectativa. Se trata de una política que le debe facilitar al avicultor en su desenvolvimiento y su proyección hacia los mercados externos.

Además, según los análisis del Programa de Estudios Económicos de Fenavi, ante la eventual amenaza de la competencia extranjera, la salida es exportar, lo que exige repensar el negocio avícola como un todo.

Es un punto de partida para la industria nacional pero, además, está el trabajo que se está realizando desde el mismo gremio, para no perder la visión del mercado y lograr montar estrategias que permitan estar en la competencia, especialmente en lo que se refiere a tecnología de punta.

Sin embargo, todo esto estaba siendo previsto de antemano. Ya la agenda interna del departamento había fijado como una de sus apuestas productivas mejorar los niveles de productividad y competitividad de la industria avícola, así como aumentar la generación de empleo del sector en un 30 por ciento en los próximos 15 años.

Las pretensiones van más allá. La idea es vincular investigación al sector, a través del primer centro especializado para el sector avícola nacional.

Uno de los grandes costos para la industria hoy es la importación de los pies de cría pues, pese a que la industria es una de las más adelantadas en investigación genética, los costos son extremadamente altos y aún Colombia no cuenta con centros de estudio.

Mientras tanto, los pequeños avicultores deben continuar con los procesos de asociatividad y trabajo integral, pues si salen a comprar y vender sus productos en pequeñas cantidades, no tendrían mucha opción, no por el TLC, sino por el mercado en general.

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