Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/12/03 00:00

De la arcilla al bótox

La vanidad y la belleza han escrito su propio capítulo. Sabiduría ancestral, ingenio, ciencia y tecnología les prestan su concurso para tratar de alcanzar este ideal por siempre perseguido.

De la arcilla al bótox

En todas las razas, animales y humanas, el instinto hacia la belleza funciona para que las hembras más atractivas y mejor dotadas les digan subliminalmente a los machos: "Conmigo puedes reproducir nuestra especie". Así, la búsqueda de la belleza, desde épocas prehispánicas, se fundamenta en un aspecto netamente sexual con fines reproductivos. En este sentido y en el contexto patriarcal, sociólogas como Florence Thomas opinan que "el cuerpo femenino no les pertenece a las propias mujeres sino que existe en función del deseo masculino". Para entrar en la mira del varón, ellas debían cubrirse de señales capaces de atraer esas miradas. Esa ha sido la principal motivación para maquillarse, arreglarse o para trabajar su figura. Una nueva generación femenina se esfuerza por recuperar su identidad y por gustarse a sí misma antes que impresionar al otro pero, de cualquier forma, vive una cultura que implica la dictadura de la belleza. - Según las crónicas de Indias, desde muchos años antes de la llegada de los españoles a América, la mujer indígena utilizaba ciertos elementos catalogados como embellecedores. Ya, desde entonces, una imagen atractiva era considerada el mejor camino para sentirse aceptada entre los miembros de la tribu. Usaba, por ejemplo, tatuajes en el cuerpo, accesorios como aretes, collares de piedras semipreciosas, dientes de animales, semillas, y, a manera de maquillaje, pigmentos de color rojo (preparado con achiote) y negro (con humo y leña quemada) que a la vez las protegían del sol. -La mujer bella de la época está descrita en los prototipos de deidades, como Bachué: altas, erguidas y un tanto corpulentas. Piel canela, ojos oscuros, cabellera larga, lacia, piernas gruesas. Las cundiboyacenses eran gorditas, de senos y caderas grandes; las del sur, descendientes de los incas, lucían pómulos salientes, y las caribes, en el norte, eran las más armoniosas y bonitas. En climas cálidos andaban poco cubiertas, muy distintas a las españolas recién llegadas, carirredondas, blancas, senos chicos, con cinturas estrechadas por el torturante corsé, muy cubiertas y acicaladas. - En el Nuevo Reino de Granada, aunque existían numerosas tribus, se establecieron algunas costumbres comunes como los rituales de belleza. Incluían tatuajes permanentes, pintura corporal y facial, baños de arcilla (un excelente exfoliante y desmanchador, que aún se usa en los modernos centros de belleza) para suavizar la piel; teñían su cabello con papillas hechas de pencas, hormigas, hojas de nogal y aceite de corozo. Las mujeres pintaban los rostros y los cuerpos de los hombres. -Las indígenas eran muy aseadas. Se bañaban con unas sustancias sapónicas extraídas de los bejucos. En ciertas regiones usaban cocimientos de plantas y en otras sacaban barro de las profundidades para refregarse el cuerpo. Tenían peines hechos con una mezcla de macana y guano (estiércol de murciélago), o de oro y madera, espejos de obsidiana y pirita, o miraban su reflejo en las aguas cristalinas. En la cara y el cabello se aplicaban ungüentos de tortuga y mascarillas de plantas. -Llevaban consigo, en el pelo y entre las piezas de ropa, manojos de hierbas aromáticas porque apreciaban su buen olor. Los cronistas de la época hablan de hombres y mujeres limpios y de olor natural agradable. No fue sino en el siglo XVIII que llegaron de Europa los primeros frascos perfumeros con aguas de colonia que además se usaban como enjuague bucal. En los pequeños 'neceseres' venían también peines de nácar, cepillos de crin de caballo para los dientes, y los desaparecidos rascalenguas. -La costumbre de la depilación se remonta a antes de los españoles. Tanto hombres como mujeres indígenas se quitaban el vello de sus piernas e ingles, para lo cual se untaban zumos de plantas cáusticas o alcalinas. También torcían hebras vegetales sobre el vello y lo arrancaban, o usaban cuerditas tensas enrolladas (precursoras de las cuchillas de afeitar). Con el tiempo, dispusieron de pinzas de oro para complementar estos menesteres. -Respecto a las cremas de belleza, se encuentra como tal un buen antecesor en la manteca de tortuga e iguana que las indígenas colombianas se untaban en la piel. Ellas conocían grandes secretos, 'truquitos' para nutrir, desmanchar, blanquear y tratar el acné. Posteriormente, en los siglos XVII y XVIII, llegaron en barcos hispanos las 'pomaderas, botes de porcelana o cajillas decoradas', que contenían ungüentos embellecedores, por lo general preparados en Francia. -Sin duda Babilonia y Egipto fueron cunas de lo que hoy llamamos maquillaje (polvos, sombras, barniz labial, delineadores, tinturas capilares, etc.) con las que se embellecían Nefertiti, Cleopatra y otras vedettes de la época. -Comercialmente, sólo a mediados del siglo XIX aparecieron en Francia las primeras tiendas de cosméticos; a finales de 1800 llegaron algunas a estas tierras. Los polvos de arroz (invención china) eran muy apreciados. - La paternidad del maquillaje moderno se le atribuye al farmacéutico empírico polaco Max Factor, quien llegó a América en 1904, y 10 años después creó en Los Ángeles un maquillaje para las estrellas del cine, que luego comercializó al público general. En los años 20 las colombianas comenzaron a usar productos de esta marca. -El siglo XX llega con una derivación de la medicina que marca un hito mundial en la historia de la belleza: la cirugía reconstructiva, impulsada por la secuela de mutilaciones y deformaciones dejadas por la Segunda Guerra Mundial, la que a su vez dio paso a la cirugía plástica con fines estéticos. -Aunque a mediados de los años 30, en Bogotá, el otorrinolaringólogo santandereano Arcadio Forero empezó a enderezar narices, las primeras cirugías plásticas de nariz, arrugas, reducción y subida de senos las hicieron en Colombia a fines de los años 50 los médicos León Hernández, en Medellín, y Guillermo Nieto Cano y José Ignacio Mantilla, profesores de la Universidad Nacional, en Bogotá . -En la década de los años 60, las cirugías estéticas empiezan su gran auge en Estados Unidos. El cirujano plástico de apellido Corning diseña el implante de silicona para agrandar los senos, lo que ocasiona un boom impresionante de cirugías plásticas en otros países americanos, como Brasil. El tipo imperante de belleza eran las mujeres rubias, caderonas con busto protuberante. - En Colombia se hacen los primeros implantes a comienzos de los años 70. Sin embargo, el auge se alcanzaría en los años 90. Ya para entonces se ponían también en la nariz, los pómulos y el mentón. Más recientemente se ha desarrollado el instrumental adecuado para la cirugía endoscópica, que deja orificios y cicatrices más pequeñas. -A finales del siglo XX aparecen las sustancias de relleno: colágeno, microesferas, y los mal llamados biopolímeros; estos últimos han mostrado resultados catastróficos. Se estableció que la mejor sustancia de relleno es la propia grasa extraída del abdomen y las caderas. Esta se injerta en la cara, las nalgas y en cualquier parte del cuerpo donde haya una depresión o cicatriz. - Hace 12 años llegó a Colombia el láser con fines netamente estéticos, para quitar cicatrices de acné, pero luego comenzó a tener múltiples aplicaciones: para operar los párpados con grasa, para borrar manchas, tatuajes, para el manejo del ronquido, y hace unos ocho años para depilación. Esta, que sigue siendo una preocupación femenina, hasta hace una década se practicaba con cera, caliente o fría, y con electrólisis (con una fina aguja y corriente eléctrica se quemaba pelo por pelo). -Durante los períodos de la menstruación llevaban una fajita elaborada con corteza de árboles adelgazada, suavizada y blanqueada. Esta se la amarraban a las piernas y la cintura con pitas de fique; también usaban tejidos vegetales y de lana. Para limpiarse se metían al río o el lago. Las españolas de cierto rango, a modo de papel higiénico, usaban telas húmedas que luego lavaban los sirvientes. -Para borrar las arrugas surgió el Láser de CO2; no reemplazó el bisturí, pero complementó su función. El Láser YAG (2001) es el más moderno. Sirve para depilación, para cerrar los poros de la cara, para mejorar la textura de la piel, ya que aumenta la producción de colágeno, para eliminar las várices grandes o pequeñas, para prevenir los queloides y para borrar tatuajes. -La presión de las pacientes por corregir lo que no les agrada ha llevado a los cirujanos plásticos a hacer intervenciones estéticas 'raras'. Por ejemplo, en la vagina, la ninfoplastia para recortar o moldear los labios menores porque los consideran muy grandes; o solicitan que se los blanqueen, pues les disgusta su tono oscuro. Otras piden que les emparejen los labios mayores, ya que tienen uno más grande que el otro. -En los años 90 el patrón de belleza cambió de edad. Las mujeres lindas y seductoras ya no eran las mayores de 30 años, sino las niñas de 16 que comenzaron a ser modelos y figuras seductoras sin perder su expresión inocente y tierna. Natalia París es el símbolo de este prototipo de belleza. - Los 2000 son los años del bótox, un derivado de la toxina botulínica tipo A que se inyecta en determinadas regiones de la cara (entrecejas, frente, alrededor de los ojos) y que al producir una parálisis controlada y temporal del músculo, elimina las arrugas y las líneas de expresión. Su efecto dura entre cuatro y seis meses, por lo cual debe ser reaplicado. - La actual es la época de los cambios extremos, de las figuras moldeadas en el quirófano que ofrecen una combinación cuasiperversa: rostro dulce de niñas con curvas y look de ardiente erotismo. Sigue vigente el elemento de la sexualidad como el gran motivador de la cirugía plástica, que en Colombia está muy cotizada. Rinoplastias, abdominoplastias, liposucciones, lipoesculturas, mamoplastias, lipectomías, lifting y otras intervenciones son, para nuestras mujeres, pan de cada día. *Periodista

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