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| 3/12/2011 12:00:00 AM

De gran impacto

La responsabilidad social es una nueva tarea de las universidades. El objetivo es lograr que las regiones y el país mejoren.

Durante años, las instituciones educativas tuvieron dependencias como Extensión y Proyección Social, desde las cuales se adelantaban trabajos con algunas comunidades vulnerables. Sin embargo, a esta tarea no se le daba la relevancia que merece.
No obstante, desde hace aproximadamente diez años esta labor tomó fuerza. Universidades como la Pontificia Bolivariana (UPB) de Bucaramanga plantean en su misión la necesidad de tener proyección social y retribuir de algún modo a la sociedad.
 
Con su Centro de Proyección Social, ubicado en Piedecuesta, un grupo de estudiantes de áreas como Ingeniería Industrial, Comunicación Social, Psicología y Derecho brindan apoyo a personas desplazadas y madres cabeza de familia. “Hicimos un convenio con la Alcaldía del municipio para orientar la creación de famiempresas”, afirmó Rodrigo Suárez, director del Centro de la UPB.

De esta forma, desde 2006 se han capacitado alrededor de 560 personas al año y, a partir de 2009, se han constituido más de 128 famiempresas. Esta iniciativa los hizo acreedores, en 2010, al Premio Acofi (Asociación Colombiana de Facultades de Ingeniería). Pero la proyección y el apoyo no paran aquí. También cuentan con programas para niños en diferentes colegios del municipio, así como con otros proyectos que benefician a población vulnerable. Esto lo trabajan de la mano de organizaciones como el Plan Mundial de Alimentos y Acción Social.

Ellos nos son los únicos. El tema de la responsabilidad social universitaria cobra tanta fuerza que la Universidad Pedagógica Nacional creó el Observatorio de Bienestar y Responsabilidad Social Universitaria, desde donde se monitorean las propuestas para influir positivamente en la sociedad y también se investiga la mejor forma de hacerlo.

Según Carlos Cabanzo, director del Observatorio, esta dependencia se basa en cuatro componentes, que son la caracterización, investigación, evaluación y comunicación de todos aquellos programas y proyectos que beneficien a la comunidad interna de la universidad, pero también, por supuesto, al contexto social donde esta se desarrolla.
 
“Comprendimos –afirma Cabanzo– que no podíamos seguir alejados de nuestro alrededor. En Bogotá estamos ubicados en el corazón de los negocios y había que echar mano de los vecinos para empezar a generar transformaciones”. Con esto se refiere a los programas que han ido adelantando en conjunto con el sector privado. Se trata, por ejemplo, del Comité Interuniversitario Empresarial, que busca, a través de esta labor mancomunada entre Estado, academia y empresa, recuperar y manejar de forma adecuada el tema del espacio público.

Pero estos no son los únicos proyectos. También cuentan con una Mesa Interuniversitaria de Derechos Humanos, con la cátedra Bogotá y con otras iniciativas de investigación que buscan dar línea a la hora de acreditar este tipo de trabajos. “Como universidad, nos vamos a dar la pela de generar estándares, además de normas como la ISO 26000, que habla de Responsabilidad Social, e Icontec. Vamos a poner sobre la mesa cuál es el impacto real que se debe tener en el entorno en cuanto al componente ético y la responsabilidad de cara al país”, dice Cabanzo.

En este mismo orden se encuentra la Universidad de Santander (Udes), la cual busca en principio garantizar el acceso a la educación superior de las personas económicamente menos favorecidas, a través de diferentes estímulos como becas por rendimiento académico, méritos deportivos o parentesco.

Así mismo, desde la parte profesional adelantan labores en diferentes centros de salud y asesoran procesos de mejoramiento de vivienda y potabilización del agua a través de las facultades de Ingeniería Civil y Ambiental. También tienen programas con el sector privado, al cual asesoran.

Según Rafael Serrano Sarmiento, rector de la Udes, el tema de la responsabilidad social universitaria no es una moda ni algo pasajero. Es una obligación. “La universidad no puede seguir divorciada de la sociedad. No puede cerrarse y olvidarse de la realidad”, agregó.

De esta manera, formar personas que conozcan su entorno y sean capaces de proponer soluciones es uno de los retos que enfrentan las universidades en este momento.
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