Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/04/28 00:00

De para arriba

Es difícil imaginar un entorno de negocios más adverso que el que enfrentan las aerolínea en el mundo y en Colombia.

La alianza Summa, que agrupa a las aerolíneas Avianca, Sam y Aces, completó ya su primer año de operaciones y los resultados no han estado a la altura de las expectativas. Los ingresos sumados de las tres compañías fueron de 2,1 billones de pesos en 2002, con un incremento de apenas 1,8 por ciento con respecto al año anterior. Pese a que las pérdidas conjuntas de las tres aerolíneas mostraron una notable reducción los problemas financieros persisten, y prueba de ello es que hace un mes Avianca buscó acogerse a la ley de bancarotas de Estados Unidos para poder así reestructurar las obligaciones financieras que tiene en el exterior.

¿Cómo se llegó a esta situación si se suponía que la Alianza despejaría el futuro financiero de las empresas que la integran? La verdad es que algunos objetivos de la unión se han cumplido satisfactoriamente, y otros no tanto. Más allá de esto, los resultados de la alianza han estado afectados por problemas externos que son comunes al sector en el mundo entero, como la caída del tráfico y la disparada en el precio de los seguros y de la gasolina. No es casualidad, al fin y al cabo, que por estos días American Airlines y United Airlines, que son las dos compañías de aviación más grandes de Estados Unidos, estén al borde de la quiebra. Es difícil imaginar un entorno de negocios más adverso que el que enfrentan por estos días las líneas aéreas nacionales y extranjeras.

Cuando se anunció la conformación de la Alianza Summa en 2001, los directivos de las compañías que hacen parte de ella explicaron que uno de los objetivos centrales que buscaban era lograr ahorros tanto en la parte administrativa como en la operación conjunta de la flota de aviones (las famosas sinergias). Los datos de 2002 empiezan a mostrar un avance muy tímido en esa dirección, pues los gastos de operación de la alianza se redujeron 1 por ciento. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que los ahorros de las fusiones normalmente no se notan de manera inmediata, entre otras cosas porque en el primer año suelen subirse los pagos por indemnizaciones. Es probable, entonces, que de 2003 en adelante empiecen a notarse más las sinergias de la Alianza.

La otra premisa de la fusión era que, juntas, Avianca y Aces podrían fortalecer su presencia en el mercado, al ofrecer entre las dos el mayor número de frecuencias y destinos. En este punto, no obstante, las cosas no han salido de acuerdo con los planes. En 2002, después de cinco años de estancamiento en el mercado local, el número de pasajeros transportados en vuelos nacionales creció 2,3 por ciento. Pero este repunte no benefició mucho a Summa, que perdió participación de mercado frente a sus competidores.

El año pasado las empresas de la Alianza transportaron 4,8 millones de pasajeros en Colombia, 138.000 menos que en 2001. Este espacio fue ocupado por AeroRepública, que aumentó en 210.000 el número de viajeros transportados en 2002 y subió su cuota de mercado de 15,1 a 17,9 por ciento, que sigue muy por debajo del 63,7 por ciento que registró la Summa al cierre de diciembre. El repunte de AeroRepública se debió a que renovó su flota y los nuevos aviones que está utilizando tienen mayor capacidad. Por eso pudo aumentar cerca de 50 por ciento el número de sillas ofrecidas el año pasado. Con un incremento de 42 por ciento en los ingresos, que llegaron a 212.000 millones de pesos en 2002, AeroRepública no alcanzó a entrar entre las 100 empresas más grandes, pero estuvo muy cerca.

De manera que en el mercado nacional Avianca y Aces han encontrado más competencia de la que muchos esperaban. Este, sin embargo, no es el problema más difícil que enfrenta la Alianza. La parte más dura es la internacional. El año pasado el número de pasajeros en vuelos internacionales cayó 5,5 por ciento. Esto se debió en parte a la devaluación, que encareció los pasajes, pero sobre todo a la exigencia de visas para los colombianos en más y más países. Esto ha golpeado muy fuerte a las aerolíneas.

El otro dolor de cabeza de las compañías ha sido el dólar. El 65 por ciento de los costos de la Alianza Summa, por ejemplo, están atados a la divisa estadounidense. Es el caso del alquiler de los aviones y, más importante, del combustible. El valor de la gasolina de avión se calcula de acuerdo con sus precios internacionales y el dólar. El problema es que el costo del combustible está atado al del petróleo. Y éste se disparó a mediados del año pasado y, sobre todo, en los primeros dos meses de 2003 durante las semanas previas a la guerra de Irak. La subida de precio de la gasolina de avión llegó a 60 por ciento en dólares al final de 2002. A esto hay que sumar la devaluación, que fue de 25 por ciento. Como si fuera poco, las primas de seguro contra terrorismo se multiplicaron de precio después del 11 de septiembre.

Las aerolíneas que tienen vuelos internacionales, como Summa, venden parte de sus pasajes en dólares y con esto compensan, al menos en parte, la devaluación. De hecho, 55 por ciento de los ingresos de la Alianza son en moneda extranjera. No obstante, como explica su presidente, Juan Emilio Posada, los compradores de pasajes suelen tener sus ingresos en pesos. Cuando la tasa de cambio dispara los precios de los tiquetes sencillamente compran menos, como ocurrió en 2002.

Los primeros dos meses de 2003 fueron muy difíciles para las aerolíneas porque el precio de la gasolina alcanzó su máximo nivel y porque el mercado siguió de capa caída. Fue en este período que Avianca solicitó a un juez estadounidense la protección de la ley de concordatos de ese país. Esta medida, que no afecta para nada la operación de la Alianza, lo que busca es precipitar un arreglo con los acreedores externos para reestructurar las deudas. Como parte de este acuerdo la empresa reorganizará sus itinerarios para buscar mayores ahorros. "Estamos próximos a definir la nueva red de rutas, y escogiendo en cuáles de ellas nos vamos a defender como un tigre", explica Posada.

Terminada la guerra con Irak el precio internacional de los combustibles ha caído, aunque no tanto como se esperaba. De otro lado, desde febrero pasado, el dólar ha estado muy estable y de hecho ha bajado un poco. Estas dos cosas aliviarán un tanto la situación de las aerolíneas. El pasado fue un año de transición en la aviación colombiana. La verdadera prueba de fuego para las empresas será 2003.

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