Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2005/03/06 00:00

De la pesadilla al sueño

El Metrocable ha convertido la zona nororiental en modelo de renovación urbana y social de otros barrios populares de Medellín.

Con las cabinas del Metrocable llegaron otras obras de infraestructura a los barrios.

Una de las ultimas masacres ocurridas en el barrio Santo Domingo Savio hace tres años dejó seis cadáveres en frente de la casa de doña Eloísa Londoño. Ahora, sobre ese mismo lugar hay un parque en el que un gallo de pelea toma el sol de la mañana, rodeado por una veintena de escolares que juegan antes de irse a clases.

La violencia y la muerte fueron el azote de los pobladores de esas comunas durante la última década. Las bandas del narcotráfico, los grupos de milicias y los comandos paramilitares se disputaron, calle a calle, el control de la vida barrial. En julio de 2004, en una jornada que los pobladores consideran histórica, el Metrocable prendió sus motores y nada volvió a ser igual. Desde entonces, Medellín ha vivido la época menos violenta de los últimos 20 años.

Aunque a simple vista puede no ser muy clara la relación entre la inauguración y las cifras, en el fondo sí hay razones de peso que han sido determinantes en el sentido de apropiación y convivencia entre los habitantes. Y es que con las cabinas aéreas del Metro llegaron obras complementarias: parques, senderos peatonales, bancas, readecuación de vías, adoquines y pintura de fachadas. Todo un acontecimiento para una comunidad donde el espacio público promedio no alcanzar un metro cuadrado por persona. Son dos comunas que reúnen a más de 150.000 habitantes, en su mayoría del estrato 1. Vecindarios que nacieron de invasiones y urbanizaciones piratas, donde aún llegan desplazados de las diferentes regiones de Antioquia.

Este aporte del Metro a la readecuación de vías y de transporte público inspiró a la Empresa de Desarrollo Urbano de Medellín (EDU) para que iniciara un plan de mejoramiento urbano integral conocido como 'Acciones con mi Barrio'. Según Fernando Restrepo y Alejandro Echeverri, ex gerente y gerente de la EDU, se trata de un trabajo concertado con las comunidades para renovar las viviendas existentes, construir otras de interés social, readecuar la red vial y entregarles a los ciudadanos las calles que nunca tuvieron por fuerza del desorden y las limitaciones urbanísticas conque creció esa parte de Medellín. En los próximos tres años la alcaldía de Sergio Fajardo hará obras estimadas en 30.000 millones de pesos que incidirán sobre 154 hectáreas de 12 barrios de las comunas nororientales 1 y 2.

Las obras se diseñan con el aporte de los líderes barriales, mediante talleres en los que reconstruyen su historia y dicen dónde, cómo y qué obras requieren sus vecinos. Tal intercambio ha permitido que los urbanistas descubran tesoros comunitarios: fuentes de agua natural en el barrio Nuevo Horizonte, donde funcionan lavaderos de ropa, duchas públicas y una pecera en un tanque de cemento. "En los talleres reconstruimos la memoria comunitaria, pero también, por ejemplo, identificamos la mano de obra potencial en los barrios, para emplearla en las mismas obras con apoyo y capacitación del Sena", dice el sociólogo Édgar Díaz. Esos elementos intentan afianzar el sentido de pertenencia de la gente y su participación para que parte de sus sueños se haga realidad mediante la renovación urbana de los vecindarios.

'Acciones con mi Barrio' hace parte de la línea de intervención del gobierno local denominada 'Medellín: espacio para el reencuentro ciudadano'. Ese modelo de intervención se quiere aplicar luego en los barrios de la zona noroccidental y en la comuna 13. Además quiere incluir una red de bibliotecas públicas como la que funciona en Bogotá.

Mientras que María Eloísa Londoño habla de la llegada de las obras a Santo Domingo Savio, Rosalba Cardona, vecina y presidenta de la junta de acción comunal del sector, celebra la tranquilidad tan anhelada, una calma que deja en el olvido aquella imagen de los muchachos matándose sin saber en nombre de qué. Ahora a los barrios de la nororiental llegan en el Metrocable turistas de todo el país y cientos de habitantes de la otra Medellín, la moderna y rica, desde donde antes nadie se atrevía a venir.

Según el líder cívico Orlando García, la libertad de moverse es total. "Allí la gente siente como si hubiese comenzado una nueva vida, una etapa que permitirá a miles de personas salir de la postración económica y de la violencia que por años las mantuvieron encerradas y apagaron sus sueños". Es la Medellín que quiere salir de la pesadilla que una década atrás inspiró libros y películas como No nacimos pa'semilla y Rodrigo D. No Futuro, y que comienza a buscar un futuro de mayor equilibrio social y respeto por la vida.

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