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| 3/6/2005 12:00:00 AM

De vuelta a la noche

Después de estar sitiada por la violencia durante más de una década, Medellín reencuentra su vida nocturna y su fiesta callejera.

Hace rato que Medellín no trasnochaba tanto. Después de años encerrada por los bombazos, por la delincuencia organizada y los enfrentamientos entre los grupos armados ilegales, la ciudad recupera cada vez más la alegría de la vida nocturna, sus espacios de encuentro y diversión. Ahora se le ve vestida de colores y con ganas de fiesta en los bulevares de los barrios. Desde los populares como Castilla y Manrique hasta El Poblado.

En el último año y medio, la ciudad registró un descenso vertiginoso de los índices de criminalidad. Y diciembre y enero pasados fueron los meses menos violentos de los últimos 30 años, con un decrecimiento de la tasa de homicidios en Medellín del 43,9 por ciento. No sólo en la capital paisa se ha logrado una disminución en la violencia. En el resto de Antioquia las muertes violentas decayeron en más del 40 por ciento, en enero pasado. De 274 homicidios se pasó a 158, una cifra que alienta los esfuerzos conjuntos que realizan los gobiernos del departamento y su capital por convertir la región en un escenario privilegiado para la vida y la diversión. Las autoridades y la misma ciudadanía resaltan que el respeto a la vida se ha recuperado como valor, y que cada vez la resolución de los conflictos cuenta con mayor mediación y control de los organismos de justicia y seguridad.

Aquella Medellín que acaparaba los titulares de prensa y que se vistió de luto por gravísimas alteraciones de orden público como las de la comuna 13, hace apenas tres años, o por carros bomba como el del parque Lleras, ahora parece dejar en el pasado tanto dolor y miedo. También ceden poco a poco las presiones de los grupos armados ilegales, en medio de una nueva conciencia ciudadana que rechaza el hacer justicia por manos propias, al peor estilo implantado en los 90 por los narcotraficantes.

La gente está contenta por haber superado esa sensación de miedo que le impedía celebrar en los barrios o en las zonas de rumba. "Antes uno salía y la gran incertidumbre era saber si volvía bien a la casa o si al día siguiente lo despertaban a uno con la noticia de que a alguien conocido lo habían matado", dice Bárbara Díez, una ingeniera que ahora acostumbra salir sin falta con sus amigos los fines de semana.

Las mejores condiciones de seguridad atrajeron el turismo de negocios y el recreativo y permitieron que en 2004, según la Cámara de Comercio de Medellín, se crearan 892 nuevos establecimientos con un capital superior a los 28.000 millones de pesos.

La noche ha vuelto a la vida. En la zona rosa de El Poblado y en la vía Las Palmas los establecimientos nocturnos tienen permiso de abrir hasta las 3 de la mañana y se espera que otras zonas de la ciudad también reciban la autorización. La colaboración recíproca de comerciantes y Policía ha permitido crear sistemas de seguridad por radios y pronto entrarán en funcionamiento videocámaras conectadas con la central de vigilancia de esa institución.

Según Yorgen Hernández, patrullero de la Policía en la zona rosa de El Poblado, las relaciones entre comerciantes, residentes y autoridades pasan por su mejor momento. El Comité Cívico del sector tiene más de 60 afiliados y un número igual está tramitando su vinculación. "También hay acuerdos con organismos de socorro y se donó una motocicleta para la Policía", dicen los miembros del Comité, quienes no dudan de que Medellín está recuperando su vida nocturna.

El concepto de rumba sana también está tomando fuerza. Pero para los que no entienden la rumba sin alcohol se han tomado medidas de seguridad que hacen parte de los nuevos acuerdos entre autoridades y comerciantes. Se habla, por ejemplo, de que los dueños de los bares consigan descuentos especiales en los parqueaderos para los clientes que hayan bebido más de lo permitido o, incluso, que les paguen el taxi a los clientes que no están en condiciones de conducir.
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