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| 12/3/2005 12:00:00 AM

Débora Arango

En una época de conservadurismo extremo en el país escandalizó al pintar desnudos y hacer crítica social. Con ello abrió el camino de la mujer en la pintura del siglo XX.

En un lenguaje plástico contundente y renovador, Débora Arango expresa un relato de país. "La vida con toda su fuerza admirable no puede apreciarse jamás entre la hipocresía y el ocultamiento de las altas capas sociales", sostuvo. Nació en 1907, en Medellín. Su talento fue estimulado por su familia y su primera maestra, la salesiana María Rabaccia. Discípula de Eladio Vélez y Pedro Nel Gómez. En 1939, en una exposición en el Club Unión, obtuvo el primer premio que causó conmoción por ser mujer, pintar desnudos y competir con reconocidos pintores antioqueños. La vida artística de Débora ha sido intensa. Se enfrentó a gente "necia, local, chata y roma". En la llamada Atenas Suramericana (Bogotá), en 1940, expuso invitada por Jorge Eliécer Gaitán. El Siglo dijo sobre sus obras: "Constituyen un verdadero atentado contra la cultura y la tradición artística de nuestra ciudad capital". En 1945 se trasladó con su familia a Casablanca, su actual residencia en Envigado. Viajó a México y se matriculó en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Admiró a los muralistas mexicanos. Regresó, y en 1948, plasmó los relatos del 9 de abril al escucharlos por la radio. En 1954 fue a España a la Academia San Fernando de Madrid. Expuso en 1955. La escritora Elisa Mújica, al presentarla, decía: "No es pintura fácil que el público admira y paga caro... el tratamiento pictórico de estos cuadros parece gritar que existe un desacuerdo absoluto entre las sombrías criaturas y el mundo en que habitan". Registraba una publicación madrileña: "Débora Arango, nacida en Colombia, ha colgado una excepcional muestra de arte". Sin embargo, descolgada el día siguiente de la inauguración, por órdenes de Franco, con gran desconcierto y dolor de la artista. Continuó sus búsquedas estéticas en su país y en Europa. En 1975 se realizó una retrospectiva suya en la Biblioteca Piloto de Medellín. Se le concedió en Antioquia el Premio a las Letras y a las Artes en 1984. Del mismo año es una retrospectiva en el recién creado Museo de Arte Moderno de Medellín, que ha hecho conocer su obra en Colombia y en el exterior. Desde entonces, suscita un interés inmenso. Mucho se ha escrito sobre Débora. Admirable su valor al defender la autonomía del arte con vehemencia: "El arte es completamente independiente de la moral... un desnudo es un paisaje en carne humana". Beatriz González señala su posición dentro del arte colombiano, como "la gestora de la primera revolución estética". Sobre su mirada social y política, afirma el sicoanalista Juan Guillermo Uribe "fue maestra en el manejo de la destitución. El poder eclesiástico, el poder civil, el recato mojigato de la educación. La desnudez de sus mujeres interroga los valores del medio". De allí su vigencia. Con razón el profesor Carlos Arturo Fernández expresa "nos queda siempre la certeza de que más allá de su indiscutible valor estético, aquí lo definitivo es su inigualable valor humano". Desde Casablanca, Débora mira y siente el suceder trágico de nuestra historia. Están sus obras para decirnos la muerte, también la vida: con su creación nos recuerda nuestro destino sobre la tierra. De septiembre de 2004 a marzo de 2005 se realizó la anhelada exposición en España, gracias al apoyo del Ministerio de Cultura español, la Embajada de Colombia y el Museo de Arte Moderno de Medellín, que ha preservado y difundido 233 obras que ella le donó y declaradas en 2004 bienes de interés cultural nacional. Con el cónsul español le entregamos el catálogo del Museo de América de Madrid Débora Arango, Una revolución inédita en el arte colombiano. La mano de Débora me transmite su honda emoción. Sus ojos tranquilos, hermosos, con la profundidad del sentimiento de su pintura, dejan caer una lágrima agradecida y expresan la sabiduría y la sensibilidad de una artista que conmueve con su penetrante relato de nuestra historia. *Historiadora

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