Domingo, 22 de enero de 2017

| 2001/05/21 00:00

Del dicho al hecho

La pobreza, la desnutrición y el maltrato siguen siendo los flagelos de la niñez a nivel mundial.

Del dicho al hecho

Tal como afirma el secretario general de las Naciones Unidas, Koffi Annan, si la década de los 90 se constituyó en la década de las grandes declaraciones y propósitos gracias a las distintas cumbres que se realizaron para enfrentar los problemas más acuciosos de la humanidad (la Cumbre mundial por la infancia en 1990, la Cumbre sobre el problema ambiental de Rio en 1992 y la Cumbre sobre la mujer en Pekín en 1995, entre otras), la década que se inicia debe ser aquella en la que pasemos a los hechos.

Este año habrá de evaluarse qué tanto progresaron los países frente a las metas establecidas en 1990 para ser alcanzadas en el año 2000. Pero si las metas previstas estaban orientadas particularmente a mejorar las condiciones de vida de los niños y las niñas de los países donde la situación económica vulnera mayormente los derechos de éstos, consagrados en la Convención de los Derechos del Niño de 1989, desafortunadamente es necesario afirmar que el pleno cumplimiento de los derechos de la niñez no es aún privilegio de ningún país, incluidos los desarrollados, sin negar los progresos hechos en muchos de ellos.

Una rápida mirada a la situación internacional de la niñez, comparando algunos países, nos muestra aún el esfuerzo que las sociedades de hoy deben hacer para ofrecer a sus niños y niñas un mundo donde se les reconozca como ciudadanos con plenos derechos, tomando en consideración su proceso de crecimiento y desarrollo como individuos en formación. Veamos en forma sintética algunos de los compromisos adquiridos para mejorar las condiciones de la niñez hacia el año 2000, en particular de los países más pobres del mundo en vías de desarrollo:

Reducción de la mortalidad de menores de 5 años a 70 por 1.000 nacidos vivos o su reducción en un tercio, lo que sea menor; reducción en la mitad de las tasas de mortalidad materna; reducción a la mitad de la desnutrición moderada y severa para menores de 5 años; acceso universal a la educación y que un 80 por ciento en edad escolar haya terminado la primaria.

Existen hoy por lo menos 52 países en los cuales la mortalidad de menores de 5 años supera el 70 por 1.000 nacidos vivos, 35 de ellos son países del Africa subsahariana. Países como Angola, República Democrática del Congo, Somalia, Guinea-Bissau, Malawi y Mozambique registraban en 1998 mortalidades superiores a los 200 por 1.000 menores de 5 años nacidos vivos. En por lo menos 43 países la tasa neta de atención en primaria está por debajo del 80 por ciento, de nuevo más de la mitad de éstos se trata de los países de la misma área geográfica. En materia de desnutrición se observa aún un buen número de países con niveles importantes de desnutrición severa en menores de 5 años. Los casos más dramáticos siguen siendo los del Africa Central, Eritrea y Mozambique, con tasas superiores a los 1.000 por cada 100.000 nacidos vivos.

Sin duda el problema de la pobreza sigue siendo uno de los principales factores que afectan a la niñez desde la edad más temprana. Cuatro de cada 10 niños nacidos hoy en los países en desarrollo tienen probabilidad de estar viviendo en condiciones de extrema pobreza, que además suele crear un círculo vicioso toda vez que en las familias pobres las mujeres tienden a casarse o a procrear en edades más tempranas, y madres desnutridas traen al mundo niños desnutridos. Pero el problema de la pobreza no es exclusivo de los países en desarrollo. Cerca de tres millones de niños de 15 países de la Unión Europea carecen de condiciones adecuadas de vivienda y en Estados Unidos un 17 por ciento de los niños (más o menos unos 12 millones) viven en hogares que luchan por satisfacer los requerimientos nutricionales mínimos.

También afectan a la niñez el maltrato infantil y el abuso sexual, problemas que persisten tanto en países desarrollados como la Gran Bretaña, como en los que están en vías de desarrollo; o regímenes penales que se apartan del principio de protección integral de niños y niñas en caso de que éstos entren en conflicto con la ley penal. Finalmente, cabe mencionar el caso de los niños afectados por los conflictos armados, una compleja realidad, por desgracia familiar para el caso colombiano

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