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| 8/4/2012 12:00:00 AM

Del drama a la gloria

Nunca antes en una primera semana de olímpicos Colombia contaba ya con tres medallas. Pero más allá de la alegría del triunfo llama la atención que los tres tienen algo en común: han salido de las cenizas del drama colombiano para convertirse en héroes mundiales.

Por una corazonada
 
Oscar Albeiro Figueroa Mosquera

Un dia su madre sintió que debía buscar nuevos horizontes para sus hijos y terminó en Cartago. Esa decisión lo puso en la ruta hacia la gloria deportiva.
 
Cuando doña Hermelinda Mosquera decidió dejar su pueblo marcó el camino para que su hijo Oscar, entonces de 10 años, ganara para Colombia la segunda medalla de plata en Londres. Esta mujer, que por años se quebró la espalda escarbando oro en Zaragoza, un día sintió que allá no tendrían futuro. Y en 1994, con sus cuatro hijos y sin su esposo, se fue a Cartago, donde terminó de criarlos en el humilde barrio de Bella Vista. Trabajó como empleada doméstica y en 2001 se enganchó en oficios varios en una universidad del pueblo.

“Pese a la pobreza mis muchachos nunca se acostaron con el estómago vacío”, dijo a SEMANA, tras desmentir versiones que aseguran que huyó de Zaragoza desplazada por la violencia. “Ese pueblo es zona roja, pero me fui porque allá no había oportunidades para mis hijos”, explicó.

Irónicamente, gracias a la pobreza su hijo Óscar Figueroa se topó con las pesas en la fundación Teresita Cárdenas de Candelo, que acoge a niños de escasos recursos. Muy pronto comenzó a entrenar en el coliseo La Isleta donde la medallista olímpica Carmenza Delgado y su hermana Damaris preparaban a las promesas. “Óscar se hizo notar. Con 12 años y un mes de entrenamiento levantó 70 kilos. Lo normal son 45, máximo 50”, recuerda Damaris.

La semana pasada Óscar de nuevo sorprendió al levantar 177 kilos en arranque, y completar los 317 que le dieron la medalla de plata. Además rompió el récord olímpico en arranque, la primera marca de esta talla en la historia para un colombiano.
Desde hace 12 años intentaba un triunfo así. Primero lo hizo en Atenas 2004 con un cuarto lugar. En Beijing 2008, una lesión en la muñeca lo alejó. En 2011, ganó oro en los Panamericanos de Guadalajara. Pero el lunes, en el último intento, alcanzó la plata olímpica.

Aunque está contento también ha dicho que “estaba preparado para mucho más”. Ahora, a sus 29 años, ya está de vuelta para ir a la universidad, en la que cursa sexto semestre de Administración de Empresas.
 
Del dolor al triunfo

Rigoberto Urán Urán
 
Su trágica historia de violencia hace su medalla de plata más admirable.
 
Siendo adolescente en Urrao, donde nació en 1987, su padre, don Rigoberto, lo vinculó al club de ciclismo del pueblo. Un día, mientras pedaleaba con otros deportistas, los paramilitares se llevaron a su papá y lo mataron.

El joven lo reemplazó como vendedor de lotería para seguir sosteniendo a su madre, Aracelly, y a su hermana Martha. Pero nunca dejó el deporte ni el estudio. En una clásica local, con 15 años, dejó en el camino a los sub 23 que viajaron desde Medellín. Indeportes Antioquia lo empezó a apoyar y él se fue a trabajar a la ciudad por un salario mínimo.

Desde entonces no ha parado. En sus primeros juegos nacionales se llevó siete oros. Después fue dos veces campeón de la Vuelta del Porvenir (2004 y 2005) y barrió en los Juegos Panamericanos. En 2006 se hizo profesional con el equipo Tenax, pero en una de sus primeras carreras se cayó y se fracturó la clavícula. Eso tampoco lo detuvo. Un año después, se fue para el equipo sueco Unibet, triunfó en la contrarreloj de la Euskal Bizikleta, ganó una etapa en la Vuelta a Suiza, y en la Vuelta a Alemania se fracturó una muñeca y los codos. Cuando aún se recuperaba, apareció una oferta del Caisse d’Epargne para dos temporadas y llegó a los grandes escenarios: participó en los Olímpicos de Beijing (2008) y un año después en el Tour de Francia. Pasó al inglés Sky Procycling (2010), con el que obtuvo el quinto lugar en el Tour y fue el mejor ciclista menor de 25 años en 2011.

Casi no puede participar en Londres. Un día antes de la prueba, se supo que no aparecía en la lista de competidores. Al día siguiente, minutos antes de la carrera, se resolvió el problema y Rigoberto Urán salió con bríos a correr los 260 kilómetros de la ruta para ganar la medalla de plata.
 
La judoca que tumbó a la pobreza
 
Yuri Alvear
 
Descubrió su destino cuando un profesor la vio peleando con su hermano por la mesada.
 
Yuri Alvear llegó al judo en 2001 gracias a una paliza que le propinó a su hermano Harvy Arnoldo cuando discutían por la mesada del recreo. El incidente no hubiera trascendido si no lo hubiera visto Ruperto Guauña, un entrenador de judo que acababa de entrar como profesor de Educación Física al colegio Litecom de Jamundí. “Supe que una mujer con esa garra tenía que estar en el equipo”, dijo a SEMANA.

Aunque llegó tarde a la disciplina (de 14 años), su ascenso fue sorprendente por su contextura corporal y por su entrega, pues entrenaba tres horas y media seis días a la semana. Guauña está convencido de que el judo no fue una opción para Yuri, “era su única esperanza de vida”.

Yuri nació hace 26 años en Jamundí, y allí sigue viviendo. Allá también se criaron sus padres, José Arnobi Alvear y Myriam Orejuela, una humilde pareja que luchó para levantar a sus dos hijos. Él sigue pegando ladrillos y doña Miriam hasta 2005 lavaba ropa ajena. “Ese año gracias a sus triunfos y una casa que nos regaló el alcalde Chicachá, ella me dijo: ‘mamá… ya no más trabajo’”, recordó.

Hoy viven en una casa de dos pisos muy diferente al rancho donde habitaron por décadas: no se inunda. La dedicación de Yuri les ha traído una mejor calidad de vida. Por ejemplo, en su hogar por mucho tiempo solo se servía en la mesa arroz y rebanadas de tomate, “la carne era el huevo. Eso sí, nunca pasamos hambre”, confesó doña Myriam, una mujer que a sus 51 años de edad parece un roble. Ahora, por fortuna, la carne es más frecuente.

En Beijing 2008 ocupó el séptimo puesto, fue campeona en el Mundial de Holanda 2009 y tercer puesto en la Copa Mundo de Hungría y en el campeonato de Varsovia 2012. Como deportista solo le faltaba la medalla olímpica que hoy la tiene en la gloria.
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