Lunes, 1 de septiembre de 2014

| 2005/12/03 00:00

Delia Zapata Olivella

por Rosario Montaña Cuéllar*

Una autoridad en la música y los bailes de las costas colombianas. Pionera en promover el folclor no sólo en el país, sino internacionalmente.

Delia en nuestra memoria. Su vida comprende tres movimientos: un prólogo, un éxodo y un epílogo: la infancia, la artista y la maestra. Prólogo. Nace en Lorica, nace un Jueves Santo, a orillas del río Sinú, tierra exuberante con olor a ganado, a plantas como el árbol de mata-ratón que florece cuando quiere. Soñó con un montaje sobre el origen mítico del Sinú con una invocación como el saludo que hace la gente de estas tierras con el dejo de cantos de vaquería. En el Corralito de Piedra, Cartagena, vemos en el solar de su casa un zoológico, Delia alimenta y cuida los animales que Manuel, su hermano, cómplice de aventuras, consigue. Anduvo toda la ciudad en bicicleta desde sus seis años y con mucho desparpajo, la Niña Delia, como le decían, vivenció ese espíritu creador y tradicional de la gente cartagenera. Su primer contacto con las artes escénicas fueron obras de teatro que inventaba con su padre, el viejo Zapata, y sus hermanos, inspirados en el cine mudo. Su madrina, Fresolina, perfumada de jazmín, descubrió las manos hacedoras de Delia, la niña Jueves Santo, le enseñó primorosamente a coser casullas de curas y preparaban pequeños sainetes para llevarlos al leprocomio de Caño de Loro. Formó parte de los cabildos de Cartagena en épocas de carnaval para el 2 de febrero, día de la Virgen de la Candelaria y de los Libertos; sus puestas en escena contienen estas vivencias. Su cuerpo se fue formando naturalmente y fortaleciendo para las danzas de festejo. Con su sobrino Felipe se lanza desafiante a remar por los caños y las bocas de Cartagena hasta salir a mar abierto. Éxodo. Delia no quiere ser ni enfermera, ni secretaria. Termina el bachillerato con otras dos mujeres en la Universidad de Cartagena. Llega a Bogotá, ciudad fría y rodeada de montañas. En la facultad de bellas artes de la Universidad Nacional estudia escultura. Con la colonia costeña organiza las empanadas bailables donde se empieza a bailar el trópico, al son de acordeoneros, gaiteros y cantantes de Lumbalú. Sus viajes en compañía de su hermano por todas las regiones de los litorales colombianos le permiten visionar un mundo de la danza originaria, jamás soñado en un medio que ignora lo tradicional como fuente viva del arte. En 1953 se presenta en el Teatro Colón de Bogotá, escenario dedicado a las artes puras y cultas, el primer espectáculo de danzas negras, con Delia como bailarina protagonista; a partir de ese momento podemos considerarla como la precursora y promotora del sentimiento popular dignificado. Es invitada a los festivales de la Juventud en China y Moscú, viaja a Europa con todo un grupo representativo de artistas vernáculos. La consideran la 'Bailarina de ébano' colombiana. Epílogo. A su regreso se encuentra con la necesidad de cristalizar una escuela de la danza tradicional, y desarrolla el proyecto de la Escuela de Artes Populares de Cali. Enseña en la Universidad Nacional y les abre las puertas de la danza a muchos que deseen expresarse con su cuerpo. Decía: "Todo el mundo tiene ritmo". Nunca discriminó, ni tampoco rechazó a nadie para que recibiera sus enseñanzas. Muchos de sus alumnos en este momento escogieron la misión de formar bailarines y maestros. Su pedagogía no fue competitiva. En 1983 fundamos juntas la primera licenciatura en danzas y teatro de la Universidad Antonio Nariño, pensando que un pueblo que desconoce sus vivencias no tiene la posibilidad de crear. La Niña Delia Zapata, La niña Jueves Santo, fue ante todo una educadora. *Teatrera

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