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| 11/13/2000 12:00:00 AM

Después del ‘boom’

Tras varios años de existencia de Internet se empieza a saber de qué maneras está cambiando la cultura, la sociedad y la economía.

Primero vino la enorme sorpresa. Cualquiera que en 1995 se haya conectado a Internet todavía recuerda el momento con emoción. Era como ser Cristóbal Colón y estar descubriendo un mundo nuevo: escribir unas líneas y enviarlas al más allá y llegaban… buscar un tema y encontrar miles de sitios en la red donde se informaba al respecto… como tener la biblioteca de Alejandría en minutos.

Después vinieron la imaginación y el idealismo. Comenzaron a soñarse mundos sin grandes dueños, sin poderosos... donde cualquier pequeñín con una buena idea como el intrépido Amazon.com podía ganarle en la carrera a grandes como Barnes & Noble. También mundos donde podía subvertirse el orden de las dictaduras con información, sin censura.

Y claro, vino la fiebre del oro. La bonanza económica de Estados Unidos permitió acumular enormes capitales que hicieron posible apostarle al futuro, invertir en las ‘puntocom’y en el Nasdaq, la bolsa de acciones de las nuevas tecnologías. Comenzaron a florecer los nuevos ricos, o mejor, los súbitos millonarios.

Ahora Internet ya no es novedad. Es cierto que aún las grandes mayorías del planeta, y de Colombia, no acceden al invento, pero para allá van. Y allá están todos los que quieren jugar en las grandes ligas de los negocios, de la política y hasta de la cultura. La fiebre está pasando, la euforia cediendo. A estas alturas ya se está empezando a saber qué funciona y qué no, qué es verdaderamente útil y qué es puro ‘descreste’. El mundo virtual se está volviendo algo más cotidiano.

Dicen los yuppies que un año en el mundo de Internet y la tecnología equivale a siete años de vida ‘normal’. Tal es el ritmo de la innovación que esto no parece exagerado. Por eso ha habido tiempo suficiente para los ensayos y los aciertos y para comenzar a sacar las primeras conclusiones sobre el rumbo que está tomando esta revolución tecnológica. Además por la velocidad con que está evolucionando Internet ya se comienza a vislumbrar de qué manera la red de redes está cambiando la vida diaria de las personas y su forma de relacionarse con los demás. De qué forma está cambiando las nociones de nacionalidad, las relaciones comerciales y de poder, las leyes, el periodismo y hasta el arte de pensar y de conversar.

Lo primero que ha quedado claro es que muchas de las promesas que se hicieron en el momento de la euforia no se han cumplido. Que iban a desaparecer los almacenes, que se harían millonarios todos aquellos que se montaran al tren de la nueva economía y se quebrarían los que se quedaran off line. Que desaparecería la letra impresa por el atractivo irresistible de un contenido variado y dinámico como el de Internet.

Por ahora no, es claro. La gente muchas veces prefiere caminar por los almacenes y tocar las cosas antes que sentarse frente a una pantalla de computador. Se ha visto que las empresas de la ‘nueva economía’ también se quiebran —como las de la vieja— si no son bien manejadas, despilfarran y no venden lo suficiente. Son cosas que nunca cambian.



Nuevo mundo

Pero el hecho de que algunas cosas sigan igual no quiere decir que el mundo no haya cambiado ni vaya a cambiar en el futuro. Internet es comparable a las grandes revoluciones tecnológicas de la historia, como el motor de vapor o la electricidad. Y así como estas revoluciones tuvieron desarrollos inesperados —como los ferrocarriles y los electrodomésticos—, a Internet se le van a seguir encontrando aplicaciones insospechadas.

En todo caso ya hay muchas cosas que son diferentes hoy de lo que eran hace cinco años. La forma de realizar las tareas y de resolver los problemas de la vida cotidiana no es la misma de siempre.

Por ejemplo, el uso del correo electrónico y los navegadores de Internet han transformado los ambientes de trabajo. Y si bien esto puede hacer más productiva a la gente, en muchas ocasiones puede traer problemas. No son pocos los que invierten un tiempo excesivo en las distracciones virtuales. Más aún, Internet trajo consigo preocupaciones que antes no existían, para no hablar del caos que se forma hoy en día en una oficina cuando se cae la red.

Pero, más allá de la vida diaria, la sociedad se está transformando de maneras inesperadas. Hoy en día millones de globófobos hacen uso del emblema de la globalización — Internet— para protestar, paradójicamente, contra la misma globalización. Personas con intereses comunes, pero dispersas geográficamente, estrechan vínculos para formar comunidades virtuales en lo que podría ser una incipiente sociedad civil global.

Las relaciones entre electores y elegidos, entre gobernantes y ciudadanos y entre clientes y vendedores están cambiando con una rapidez que no todos han advertido. Las leyes, que siempre funcionaron —mejor en unos países que en otros— estaban pensadas para un mundo con fronteras. Pero en el mundo sin límites de Internet todo esto tiene que cambiar.

Aparecen así nuevos desafíos para la sociedad, que tendrá que evolucionar al paso de la tecnología. ¿Qué va a pasar con los millones de personas que no tienen acceso a los beneficios de las redes de información? ¿Cómo se va a adaptar el sistema educativo a las nuevas realidades? ¿Cómo se va a proteger la intimidad hoy en día cuando se pueden interceptar y registrar todas las comunicaciones que realizan a través de la red? Son asuntos enteramente nuevos que deberán resolverse en el debate público.



Nueva economía

Internet ha sido además una promesa de riqueza como pocas veces se ha visto. Desató una auténtica búsqueda de un nuevo Dorado, en la que millones de personas han ensayado las más diversas aventuras empresariales. Miles de familias han invertido sus ahorros en las ‘empresas del futuro’. Y todo esto apoyado en una expansión económica sin precedentes en Estados Unidos

No obstante la caída del índice tecnológico Nasdaq en abril cambió el panorama. Quedó claro que apostarle al negocio de Internet era como una lotería. Muchos perdieron. Quizá porque llegaron tarde o porque le apostaron a lo que no era. Otros apenas logran sobrevivir. Y pocos ganan y tienen un futuro promisorio.

Pero el hecho de que haya quiebras no quiere decir que vayan a desaparecer las ‘puntocom’ o que Internet no vaya a producir efectos económicos. Todo lo contrario. Hay indicios de que la red ha tenido —y tendrá— un impacto importante sobre la productividad del trabajo, que es la que en últimas determina el nivel de vida. Así, esta nueva revolución tecnológica muy seguramente hará posible que la economía mundial crezca más rápido durante las próximas décadas.

Los efectos más grandes se verán en el largo plazo. Pero desde ya, en cada negocio y cada industria, se están advirtiendo los cambios. En el comercio, en la banca, en los servicios y en la publicidad los empresarios se mueven ahora en un ambiente cambiante. Y tendrán que adaptarse, aprender a convertir la ‘amenaza’ de Internet en una oportunidad.

Con todo, Internet es y será un medio de comunicación más. Uno más, pero especialmente poderoso y versátil. Por eso son tan ingenuas las predicciones de los optimistas que esperan que solucione todos los problemas de la humanidad, como las de los escépticos que afirman que no hay nada nuevo en la red. Como en todo gran invento, sus daños o sus beneficios dependerán del uso que se le dé.

¿Qué sigue? ¿Para dónde va el mundo de Internet? En esta edición especial SEMANA, con la colaboración de numerosos expertos, describe las principales tendencias de este mundo sin límites. Ahora que la red lleva suficiente tiempo se puede saber, más allá de la novedad, cuales serán los rasgos principales de la sociedad en la era virtual.

Los expertos hablan sobre cómo está cambiando la vida cotidiana de las personas, cómo se están transformando la sociedad, la democracia y la cultura. Y sobre todo, para dónde va la nueva economía.
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