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| 12/1/2002 12:00:00 AM

Después de Mockus, ¿quién?

Una encuesta exclusiva de SEMANA revela quiénes se disputarían la Alcaldía de Bogotá en las elecciones de 2003. La carrera por el segundo cargo de elección popular más importante del país apenas comienza.

Toda la politica es local", decía Tip O'Neal, un político estadounidense. Eso parece confirmarse con los resultados de una encuesta de SEMANA, contratada con la firma Gallup, sobre las preferencias electorales de los bogotanos un año antes de las elecciones. Dos figuras de talla nacional, el ex candidato presidencial Luis Eduardo Garzón y la ex candidata vicepresidencial María Emma Mejía, encabezan la competencia para convertirse en el sucesor de Antanas Mockus en el Palacio Liévano.

Ante la imposibilidad de la reelección inmediata ya han empezado a barajarse nombres de potenciales candidatos a la Alcaldía de la capital. Columnistas como Roberto Posada García-Peña, de El Tiempo, y María Isabel Rueda, de SEMANA, alborotaron el avispero al enumerar aspirantes y llegar a una conclusión: no existe mejor candidato para alcalde de Bogotá que el ex alcalde Enrique Peñalosa.

Conclusión que comparten la mayoría de los capitalinos. En las preguntas políticas de la encuesta Gallup, Peñalosa es un factor distorsionador. Una cosa es el panorama electoral de Bogotá con Peñalosa y otro, muy distinto, sin la participación del ex alcalde. Sin lanzarse Enrique Peñalosa consigue 46 por ciento de las preferencias electorales y barre de lejos a sus más inmediatos seguidores. Tampoco es gratuito que sea, después del presidente Alvaro Uribe, el político colombiano con mejor índice de favorabilidad, 63 por ciento, y una desfavorabilidad de sólo 14 puntos.

Son esos guarismos los que llevan a pensar que el ex alcalde de Bogotá preferiría lanzar una eventual candidatura a la Presidencia de la República en 2006 que repetir como primer mandatario capitalino en 2003. Asimismo, Peñalosa buscaría garantizar que la Alcaldía quedara en manos amigas que continuaran con su proyecto de ciudad. Frente a este escenario no es descabellado sondear las preferencias electorales 'sin' que Peñalosa se lance.

Los resultados son sorprendentes. Si las elecciones para alcalde de Bogotá fueran hoy el izquierdista Luis Eduardo Garzón ganaría con 22 puntos. A sólo un punto de diferencia estaría María Emma Mejía, derrotada en las pasadas elecciones por Mockus. Y de no haberse inhabilitado el tercer lugar, con sólo 15 puntos, habría sido ocupado por el senador Antonio Navarro Wolff, quien se daba como candidato antes de que se vencieran en octubre los términos para retirarse de su curul.

Teniendo en cuenta lo anterior SEMANA consultó un tercer escenario, sin la participación de Peñalosa ni de Navarro Wolff. Como se ve en la ilustración de estas páginas, la tendencia se reconfirma. 'Lucho' llega a 27 puntos y María Emma mantiene sus 23. Muy lejos quedan Juan Lozano, director de noticias del canal Citytv, con 7 puntos, y el concejal Juan Carlos Flórez con 6 por ciento.

El ex alcalde Peñalosa es, sin lugar a dudas, el favorito de los bogotanos. Es recordado por su gestión y muchas de sus obras se han convertido en símbolos tangibles de una ciudad y motivo de orgullo para sus habitantes (ver siguiente artículo). No obstante, al evaluar el escenario hipotético de una campaña sin él, se nota la ausencia de un representante claro del peñalosismo o del mockusismo. Al menos en términos políticos la continuidad del actual modelo no está garantizada.

¿Por que Lucho Garzon?

El primer lugar de Luis Eduardo Garzón en dos de las tres encuestas es, a primera vista, una gran sorpresa. La trayectoria sindical y política del ex presidente de la CUT no tiene ninguna relación fuerte con Bogotá. A Garzón le fue bien en los comicios presidenciales en la capital más por su carácter de candidato independiente y de izquierda que por sus propuestas frente al Transmilenio o a las alamedas. Más aún, el tema urbano fue tratado de manera muy tangencial en su programa de gobierno, centrado en la salida negociada al conflicto armado y en las críticas al manejo económico de corte neoliberal.

La presencia de María Emma Mejía en el segundo lugar de preferencias ya no sorprende tanto. Esta política liberal aspiró hace dos años a la Alcaldía y obtuvo más de medio millón de votos, una cifra nada despreciable para la historia electoral de la capital. A pesar de haber acompañado por segunda vez al ex candidato oficial del Partido Liberal, Horacio Serpa, en la campaña presidencial, Mejía goza hasta ahora de un efecto 'teflón': nada de su pasado político, en especial la parte serposamperista, se le pega por mucho tiempo.

Hoy María Emma Mejía cuenta como eventual candidata a alcalde de Bogotá con una tribuna privilegiada. Como hace parte del equipo radial de Julio Sánchez Cristo en La FM su voz y sus opiniones están llegando cada mañana al segmento electoral de clases medias y altas, punto débil de su campaña de 2000. Recibida al principio con duros y ofensivos comentarios de los oyentes del exitoso programa de Sánchez Cristo, Mejía ha sabido ganárselos poco a poco. Su participación en La FM es visto ahora más como una poderosa ventaja electoral que como un talón de Aquiles a su popularidad.

Sin embargo, al analizar el comportamiento de los bogotanos en los últimos ocho años, no es extraño que un político con las características de Garzón se lleve las mayorías. Según el politólogo Miguel García la Alcaldía Mayor se ha consolidado como "el espacio de los nuevos notables: líderes personalistas con un perfil nacional". Tanto 'Lucho' como María Emma Mejía son figuras públicas de las grandes ligas de la política. Han estado en campañas presidenciales, con toda la exposición mediática que eso implica, y tienen unos altos índices de reconocimiento entre los colombianos. Obviamente, una cosa es la popularidad y otra las credenciales en materias sensibles de una ciudad como el transporte, los servicios públicos o la planeación urbana.

Jugando de local

Esto contrasta con los bajos porcentajes de preferencia que obtuvieron dos figuras esencialmente locales, como el periodista Juan Lozano y el concejal Juan Carlos Flórez. El trabajo de Lozano en el programa matutino del canal capitalino Citytv lo ha acercado al ciudadano del común y ha aumentado su reconocimiento entre la audiencia televisiva. Lozano no ha confirmado formalmente ninguna aspiración política. Su vinculación con la Casa Editorial El Tiempo le impediría, al menos públicamente, cualquier proselitismo. Sin embargo su nombre ha sido ventilado en algunos círculos políticos cercanos al movimiento Colombia Siempre, que tuvo una importante votación en las pasadas elecciones parlamentarias. De él obtuvieron el aval los senadores Germán Vargas y Rafael Pardo.

El caso de Flórez es muy distinto. Formado en la academia, este concejal ha anunciado su aspiración a la Alcaldía de Bogotá. Ya en las elecciones de 1997 se lanzó con pobres resultados. Ha estado en el Concejo de la ciudad en las dos administraciones de Antanas Mockus y es reconocido en la universidad, los medios y sus colegas como un conocedor de las transformaciones urbanas de los últimos 10 años.

De los nombres de la encuesta, con excepción de Peñalosa, es quien mejor conoce la política bogotana. Además Juan Carlos Flórez es un 'hijo' del modelo ya que ha desarrollado su actividad pública en estos nueve años de transformaciones y solamente en la capital. Las grandes desventajas son su bajo nivel de reconocimiento entre la mayoría de bogotanos y la carencia de experiencia ejecutiva.

Sin embargo, para algunos sectores cercanos a Peñalosa, Flórez sería su candidato para 2003. En algunas declaraciones públicas el ex alcalde ha reconocido al concejal como un posible continuador de su modelo en Bogotá. En cuanto a las visiones sobre espacio público, transporte, movilidad y eficiencia gubernamental, Flórez está más cerca de Peñalosa de lo que estarían Garzón, María Emma Mejía y Juan Lozano. Claro está que nadie descarta que, ante la ausencia en el panorama político de un candidato de su entera confianza, Enrique Peñalosa decida repetir alcaldía en aras de sostener los logros de su mandato.

El problema del sucesor

Once meses pareciera mucha antelación para discutir los posibles nombres del futuro alcalde de la capital. Sin embargo la continuidad de las últimas tres administraciones en cuanto a visión de ciudad ha sido el secreto del éxito de Bogotá. No es seguro que las prioridades de gobierno de Mockus y Peñalosa sean las mismas de un eventual gobierno de Luis Eduardo Garzón, María Emma Mejía o Antonio Navarro.

Pero una de las fuerzas de la democracia es el grado de incertidumbre que tienen las elecciones. Incertidumbre que reducen los partidos políticos estables con sus candidatos. Si Mockus y Peñalosa tuvieran sus candidatos los capitalinos tendrían la oportunidad de votar por modelos y estilos de gobierno conocidos y probados. Asimismo, una propuesta distinta sobre el tapete podría hacer oposición más claramente.

Puede que para muchos el peñalosismo no exista. No obstante un grupo de concejales cercanos al ex alcalde han venido actuando como una bancada sólida que vota unida y que respalda proyectos del alcalde Mockus, como el del alumbrado público. Esta bancada, integrada por concejales como Flórez, David Luna y Alfonso Prada, es lo más cercano a un partido político local que tiene Bogotá. A pesar de esto los bogotanos parecen mirar más a los noticieros de televisión que al Concejo Distrital para escoger sus preferencias electorales.

Sin embargo, ante la ausencia de unos aspirantes indiscutiblemente ligados a los ex alcaldes, las próximas elecciones se pueden convertir en una lotería en la que cualquier político de presencia nacional y reconocimiento se lleve el premio mayor. Lo que está en juego es más que el acumulado del Baloto, es la continuidad de un modelo de gobierno que ha revolucionado la vida de la capital y la ha convertido en ejemplo para América Latina.
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