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| 6/1/1987 12:00:00 AM

DIA DE LA MADRE

MAMAS HISTORICAS
"¿Cómo es la relación de García Márquez con su madre?" La pregunta se la formuló Plinio Apuleyo Mendoza al Nóbel de Literatura, en el libro "El olor de la guayaba".
-"El distintivo de mi relación con mi madre, desde muy niño, ha sido la seriedad. Tal vez, es la relación más seria que he tenido en mi vida, y creo que no existe nada que ella y yo no podamos decirnos, ni ningún tema que no podamos tratar, pero casi siempre lo hemos hecho, más que con un sentido de intimidad, con un cierto rigor que casi podría considerarse profesional. Es una concepción difícil de explicar, pero es así. Tal vez esto se debe a que empecé a vivir con ella y con mi padre cuando yo ya tenía uso de razón -después de que murió mi abuelo- y mi entrada a la casa debió ser para ella como la de alguien con quien podria entenderse, en medio de sus hijos numerosos, todos menores que yo, y quien la ayudaba a pensar los problemas domésticos que eran muy arduos y nada gratos, dentro de una pobreza que en ciertos momentos llegó a ser extrema. Además, nunca tuvimos ocasión de vivir bajo el mismo techo por mucho tiempo continuo, porque a los pocos años, cuando yo cumplí doce, me fui para el colegio; primero en Barranquilla y después en Zipaquirá, y desde entonces, hasta hoy, solo nos hemos visto en visitas breves, primero durante las vacaciones escolares y después cada vez que voy a Cartagena, que nunca es más de una vez al año y nunca por más de quince días. Esto, sin remedio, crea una cierta distancia en el trato, un cierto pudor que encuentra su expresión más confortable en la seriedad. Ahora bien: desde hace unos 17 años cuando empecé a tener recursos para hacerlo, la llamo por teléfono todos los domingos a la misma hora, desde cualquier parte del mundo y las muy pocas veces en que no lo he hecho, ha sido por imposibilidades técnicas. No es que yo sea un buen hijo, como se dice, ni mejor que cualquier otro, sino que siempre he considerado que esa llamada dominical forma parte de la seriedad de nuestras relaciones".
De todos los lectores de Gabo, este personaje Luisa Márquez de García, su progenitora, es quien descubre con mayor facilidad la clave de sus novelas. Al respecto le contaba, en "El olor de la guayaba", a Plinio Apuleyo Mendoza:
"Ella en realidad es la que tiene más instinto y, desde luego, mejores datos para identificar en la vida real a los personajes de mis libros. No es fácil, porque casi todos mis personajes son como rompecabezas armados con piezas de muchas personas distintas y, por supuesto, con piezas de mi mismo. El mérito de mi madre es que ella tiene en este terreno la misma destreza que tienen los arqueólogos cuando logran reconstruir un animal prehistórico completo a partir de una vértebra encontrada en una excavación. Leyendo mis libros, ella elimina por puro instinto las piezas añadidas y reconoce la vértebra primaria y esencial en torno de la cual yo construí al personaje. A veces, cuando está leyendo, uno le oye decir: "Ay, mi pobre compadre, aparece aquí como si fuera un marica". Yo le digo que no es cierto, que aquel personaje no tiene nada que ver con su compadre, pero lo digo por decir algo, porque yo sé que ella sabe".
"En la "Crónica de una muerte anunciada" está allí con su nombre propio. Cuando se vio con su segundo nombre, el único comentario que hizo al respecto, fue: "Ay Dios mio, me he pasado toda la vida tratando de ocultar este nombre tan feo y ahora se va a conocer en todo el mundo y en todos los idiomas "".

AGRIPINA, LA DE NERON
Los lectores de SEMANA que han visitado Roma, desde la cima del Palatino han evocado la Roma antigua y ese extraño ser que fue Nerón, con su corona elaborada con ramas de grises olivos. Agripina, asesina y asesinada. Nerón con su afición a los poemas y a la lira, son dos seres que han intrigado a todos los humanos que se han interesado por el Imperio Romano. Esa mezcla de crueldad y de grandeza. El último de los Césares: un césar loco, enajenado.
"¡Inecet me dum regret! ¡Que mate a su madre con tal que sea Emperador!", fue la respuesta que le dio Agripina al Mago Persa que en el año 37, de la era cristiana, le anunciara:
"Tendrán un hijo que será Emperador, pero asesinará a su madre".
Séneca, filósofo y preceptor de Agripina, le sentenció: "Tu destino está escrito en las estrellas y nada puede cambiarlo" y así, Nerón nació en Anzio el 15 de diciembre. El parto fue difícil. Salieron primero los pies. Domicio Enobardo, el padre de carácter execrable, unido a una mujer perversa, constituyeron la más temida de las parejas. La única cualidad del hombre la constituyó pertenecer a la aristocracia.
Agripina fue educada por su abuela paterna, hija de Marco Antonio. Su hermano Cayo, a quien el pueblo llamó Calígula, tuvo relaciones incestuosas con sus tres hermanas. Cuando Agripina se casó tenía doce años. Nerón nació nueve años después.
El padre quiso llamarlo Claudio, en honor a su tío tartamudo. Agripina rechazó la sugerencia y lo inscribio como Lucio Domicio Enobardo.
Calígula desterró a Agripina. Domicio murió de hidropesía. Calígula ordenó que le quitaran al niño a su hermana y se le confiara su cuidado a una tía paterna, Lípida, la cual lo puso al cuidado de dos preceptores: un bailarín y un barbero.
Al ser asesinado Caligula le sucedió Claudio. Agripina volvió de su destierro, contrajo matrimonio con Crispo Pasieno ex esposo de su cuñada Domicia y recobró a su hijo.
El niño tuvo un nuevo preceptor: Aniceto, a quien Nerón definió como "un liberto, buen profesor, pero sin moral alguna".
Claudio se enamoró de Agripina y odió a su esposa Mesalina. Al enviudar no podía casarse con Agripina porque era su sobrina y las leyes divinas y romanas no permitían tal matrimonio.
Obtuvieron la dispensa, Claudio adoptó al niño y lo llamó Nerón Claudio Druso Germánico y quien confesó sentirse solitario y abandonado.
Trece años tenía cuando comprendió lo que es la bajeza. Aficionado a la danza, la mímica, la pintura, la música, la poesía, el teatro, el drama y la comedia, Agripina le asignó como preceptor a Séneca, quien lo admiró como persona inteligente y sensible.
Agripina le decía: "El hombre feliz no es el que sabe sino el que obra".
Nerón la llamaba: "La mejor de las madres".
A los 16 años Agripina casó a Nerón con Octavia, su hermana adoptiva. Aun cuando ellos no estaban enamorados, Agripina los separó, al menos hasta cuando Octavia llegase a la pubertad.
Agripina, con Locusta, la infalible envenenadora, planeó la muerte de Claudio. 48 horas de intensos dolores provocados por un fuerte plato de setos, variedad que le gustaba mucho a Claudio, precedieron la muerte de Claudio.
Los guardias petronianos levantaron sus lanzas y estantes y gritaron: "Viva Nerón, emperador y César".
Cuando Agripina constató que Nerón la rechazaba, se preguntó: "¿Qué estoy haciendo en Roma ahora?" y 24 horas después partió hacia Anzio. Nerón, con su nueva esposa, Popea, disfrutó su partida y brindó porque la Emperatriz Agripina ya no iba a intervenir. "Una simple partida no cambia nada", expresó su esposa. Nerón pensó que Agripina debía desaparecer, pero amaba a su madre, aunque la odiara.
Aniceto le expuso un plan en el cual no habría derramamiento de sangre. Un viaje. La nave se hunde. Deja de ser asesinato para convertirse en accidente. Nerón compartió con regocijo la idea, pues no soportaba la intervención de Agripina en sus decisiones y vida privada.
Dos días de placer entre madre e hijo antecedieron el viaje. Agripina con gran rapidez metió su cabeza bajo el agua, nadó, escapó al peligro y tomando aliento nadó hasta la playa. Aniceto le dio la nueva a Nerón y le prometió trabajar por él. Hércules y Centurión; bajo el mando de Aniceto, forzaron la puerta de Agripina. Ella se descubrió un seno y exclamó: "Hiere. Hiere en el vientre".
Nerón quiso evadir su pena y arrepentimiento a través de las artes. Pedro, quien llegó a Roma cuando aún reinaba Claudio, vivia en el barrio judío, entre Janículo y el Vaticano; procuró contactar al César, pero este no quería saber nada de Jesús. Un día, en su Villa de Anzio, recibió la noticia: "Roma está ardiendo". Pidió su caballo y se dirigió a los Montes Albanos. En la cuarta noche Tigelino le propuso componer un poema y acompañarse con la lira. Un hombre grito: "Nerón ha provocado el incendio de Roma para poder cantar con el acompañamiento de las llamas". Esta versión aún circula. Seis días y siete noches duró el incendio.
Esta versión fue consultada por SEMANA en "Los Césares", Victor Aurelio. Historia Romana, Eutropio. Guerra Judaica, de Josefo Flavio,y Nerón, su vida y época de Charles Marie Francero, escrito en 1892 y traducido al español por Jaime Berenguer en 1956. También consultamos la obra de Alfonso Paso sobre la persecución de los cristianos por el emperador Nerón, Premio Nacional de Teatro, madrid, 1969.

HITLER: OTRA VICTIMA DE LA MAMA
El heroico e histórico Hitler se inicia en la Academia de Bellas Artes de Viena. Participó en un concurso de dibujo con dos obras: "El diluvio" y "Expulsados del paraíso". Este alemán católico expresaba con orgullo: "Honré a mi padre; amé a mi madre" quien fue la única que creyó en su vocación artística, le dio realidad a sus proyectos y tuvo fe en su ingenio.
Cuando Adolfo Hitler tuvo 16 años, su madre, Klara,vendió la casa de Leonding para instalarse con él en Linz, pues se sentía incapaz de dejarlo vivir solo, de dejarlo obrar por su cuenta.
A los 36 años Hitler confesó que su mamá era maravillosa, lo cual no dejaba de ser extraño en su personalidad. El nunca tuvo relación con las mujeres. El compensaba esta forma de frustración con anomalias sexuales, crueldad, deseos sanguinarios, un desprecio por la vida. Hitler odiaba a las mujeres tal vez como consecuencia de sus experiencias desdichadas con su mamá que no le dio libertad de elección. Sus determinaciones arbitrarias, caprichosas, impidieron que Hitler hiciera muchas de las cosas que quiso en su niñez y primera juventud. Solo cuando se reveló, llegando a extremos crueles con Klara, expresó que le interesaba el poder, ser dueño de todo, de sus decisiones, de su vida. Su impotencia sexual, incluso, parece que tuvo su origen en estos conflictos. Klara le leía, le indujo por el mundo de Los Borgia, de Maquiavelo. Era envidioso. Cuando Klara trabajaba, o hablaba con alguien, entraba en cólera. Quería todo el tiempo para él, pero cuando ella se lo brindaba, lo rechazaba. Para Klara los problemas, la ansiedad, la angustia, empezaron el 20 de abril de 1889, día en que nació en Braunau del Inn población austriaca, su hijo Adolfo. Este era para ella el tercer embarazo. Los dos primeros no tuvieron feliz término. Klara Polzl contrajo nupcias con Alois Hitler, funcionario del Imperio Austrohúngaro. Ella era 23 años menor que el marido. Campesinos y pobres, el padre vino al mundo en 1837, como hijo natural de Anna Schickklguber, lo cual puede constituir el origen del fanatismo antisemítico de Adolfo. Hitler recordó a sus padres con rencor. Al referirse a la madre dijo: "Ella fue una madre que mostró confusión o falso aplomo al comunicarme a mí, su hijo caviloso y desconfiado, los parcos e ingratos detalles que rodearon el cambio de apellido de mi padre. Lo que le parecía más procedente o verídico no tenía por qué determinarlo ella. De niño estuve muy compenetrado con mi madre".
Los numerosos informes sobre Hitler coinciden en constatar que para él jamás hubo solidaridad familiar o simpatía humana y sincera. Frialdad y egoismo caracterizaron su naturaleza desde niño. Al padre solo lo une el temor al castigo. La madre se quejaba del tirano casero. En una ocasión le preguntó: "¿Es su padre una persona de respeto?" "De respeto, tal vez si, pero no respetable" contestó Adolfo Hitler.
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