Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1987/06/01 00:00

DIA DE LA MADRE

DIA DE LA MADRE


DE LA CASA AL TRABAJO, DEL TRABAJO A LA CASA
Desde el punto de vista sociológico, al analizar las condiciones de existencia y organización de la sociedad, conforme a los requerimientos de la maternidad, de un nuevo ser en la vía, la madre propenderá porque su hijo disfrute de todos los derechos que le da el desarrollo alcanzado y que le permita un desarrollo físico, mental, moral, espiritual y social, dentro de condiciones de libertad y dignidad, beneficios de seguridad social atención prenatal y posnatal; donde pueda recibir tratamientos, educación y cuidados que requiera, protección y socorro y de acuerdo con los derechos humanos, y en especial con los derechos del niño, debe haber protección contra las prácticas que fomenten la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. La educación debe cumplirse dentro de un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad, paz y fraternidad y con plena conciencia de que las energías se deben consagrar al servicio de los semejantes, lo mismo que las aptitudes.
La cantidad de necesidades que tenemos por satisfacer, el deseo de la mujer de ser más útil a la sociedad, la ha llevado, muchas veces, a extenuantes jornadas de trabajo. En algunos casos encontramos mujeres que trabajan sin la más mínima consideración para su integridad física y sicológica.
Citemos, para concretar, el caso de Lucy de Santana: a las cinco de la mañana se levanta y arregla los alimentos para preparar el almuerzo. Lava ropa. Prepara desayunos, acompaña a los hijos al paradero, saca la ropa del marido, tiende camas, lava el baño y a las siete está en el paradero.
Lucy llega a la oficina, trabaja hasta las 12:30 p.m., hora en que hace una pausa para comerse un emparedado, una gaseosa y una fruta. Las cinco de la tarde es una hora ansiada. Se encuentra con los niños, les explica las tareas, los acompaña, les calienta la comida, lava platos, lava la ropa sucia y plancha la limpia. Viendo televisión se duerme, pero al llegar el marido debe calentarle la comida, velar por sus hijos que no han terminado de hacer tareas. El sábado debe hacer un aseo general: lavar pisos, encerarlos, brillar, limpiar vidrios y paredes, arreglar los armarios. Hacer mercado, congelar lo congelable, limpiar zapatos, rumiar donde estará el marido que no ha ido a almorzar y a lo mejor está con otra y buscar algún programa para que los niños disfruten de un rato de recreación y no se sientan abandonados. Si le queda algún tiempo, lee los titulares de los periódicos de la semana.
Hablamos con los hijos de Lucy y ellos no ven méritos en su mamá. Ellos creen que llevan una vida de perros.
Clara nos cuenta que la despiertan muy temprano, debe vestirse a la carrera y solamente le dan agua caliente para bañarse dos veces por semana porque el calentador marca mucho. Les embuten un desayuno horroroso, la mamá es brusca, grosera, "histérica", le desliza unos pellizcos horrorosos que le hacen doler mucho el brazo. No sonríe. "Corra que la deja el bus" le dice amargada y taciturna.
En el bus, los pasajeros asfixian a los niños. Los zarandean para adelante y hacia atrás. Los profesores siempre tienen la razón, y lo mínimo que les importa es que ella aprenda o se sienta bien. Lo único es que no intervenga. 10 en conducta y 9 en disciplina, es el objetivo del maestro con sus alumnos. Ir al baño es imposible pues el desaseo es terrible. "Y ahora, lo único que tenemos ahorrado para el día de la madre no nos alcanza porque todo ha subido y lo que no vemos con qué más podamos borrar esa carga que hace que mamá tenga la cara tan amargada". Esto dice Clara. Oigamos a Luis Carlos: "Lo que más me gusta es dormir, y eso que hasta cuando estoy dormido mi mamá se emberraca y me vacea. Pa' qué me hizo nacer, yo no se lo estaba pidiendo". ¿Qué le voy a regalar de día de la madre? Una chocolatina Jet. No tengo más plata".
Muchas personas creen que esta situación se vive en familias presionadas por una pésima situación económica, pero no. También encontramos mamás millonarias, cultas, que almacenan en la mente de sus hijos terrores que surgen de expresiones como "cállate o te saco la lengua". "Si no te estás quieto, te amarro a la cama". Tremendas palizas que propinan los padres, respuestas soeces, en fin, malos tratos, amenazas con el infierno, con el diablo, con el fuego eterno, con la policía, el hospicio o la venta de niños son datos alarmantes que nos muestran lo mal que andan las relaciones entre padres e hijos y entre niños y adultos.
Los niños sienten que son la verguenza de la familia.
La verguenza de la sociedad son esos padres que hacen sentir a los niños que son una verguenza.

ESTAS MADRES MODERNAS
La concepción por vías normales se le ocultó a los niños y adolescentes hasta hace muy poco tiempo. Se les decía que la cigueña traía a los niños; que al bebé lo trajeron de París, o que la mamá lo encontró en la puerta de la casa. Cuando se avanzaba mucho, y se estaba próximo a la conformación de una nueva pareja, la madre o el padre, según el sexo del contrayente, explicaba que para hacer un niño, hacen falta dos personas: un hombre y una mujer.
Hoy la prolongación de la especie humana se ha logrado a través de probetas, por medio del alquiler o préstamo del útero, de madres sustitutas, y existen numerosos bancos de semen.
Es poco serio aprovechar el éxito económico para solucionar las frustraciones de las parejas infértiles. Instintos tan profundos como el de la paternidad o la maternidad, no pueden ser solucionados a través de experimentos artificiales.
No se da una bien ordenada racionalidad humana cuando se dan casos como los de Baby M., la niñita que costó 10 mil dólares. El compromiso y el papel de un hijo en la conquista de la libertad y de la Justicia se vería lesionado con un origen transaccional. Es imposible no encontrar irritación cuando se debe entregar a un bebé que durante nueve meses llevamos en el vientre. Es imposible exigir a la madre sustituta que no lo quiera o que lo quiera muy poco.
Hablando un lenguaje adulto y responsable que es la forma honrada de hablar, y especialmente de hablarle a los niños y a los jóvenes, se debe analizar la extrema sensibilidad de los hijos, no importa cuál sea su edad, y así la edad de la juventud haya pasado. La confianza no se impone, se merece y se consigue. El problema de la identidad es uno de los más delicados para un bebé probeta. Al hombre le cuesta mucho trabajo entender que es el dueño y hacedor de su propia suerte. Se ha perdido el tabú del sexo. Cuando se depende de unos padres que no creen en su hijo es más difícil lograr la autonomía. Si el hijo fue preparado para afrontar sus responsabilidades y desarrollar sus capacidades, comprenderá con mayor facilidad porqué sus padres llegaron a límites extranaturales para tener un hijo. La familia es un desafío continuo a nuestra conducta, a nuestro ejemplo, a nuestra capacidad para tomar decisiones. para ser firmes y para ser justos.
Lo importante, realmente, es que la persona sienta la satisfacción de lo que hizo y que lo que influye en su calidad de vida sea hecho con optimismo y buenas intenciones. No se debe perder la oportunidad de sentirse mejor, útil, de recuperar la fe en la vida y el gusto por ejercer la maternidad.







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