Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/07/11 00:00

DIA DEL PADRE

DIA DEL PADRE

CUANDO LOS HIJOS SE VAN
¿Qué ocurre con la pareja cuando los hijos se van de la casa? SEMANA publica a continuación, de manera exclusiva, las interesantes reflexiones que realiza al respecto la psicóloga Lola de Sikar, quien reside actualmente en Chile.

Al principio eran dos personas, que convivían como seres únicos en el mundo.
Quizás esa idea los llevó a casarse. A compartir la vida, con la intención de permanecer unidos hasta el final. En ese momento lo más importante para cada uno de ellos era su compañero.
Aprendieron a compartir las tristezas y las alegrias, los trabajos y los ratos de descanso.

Pero después, esas dos personas decidieron traer un hijo al mundo.
La madre sintió una enorme felicidad cuando comprobó que estaba embarazada. El padre también se regocijó, y se volcó hacia su esposa, haciéndola receptora de los mejores detalles y de una serie de atenciones que parecia interminable. Hasta llegaron a pensar que si era un niño podria ser como el padre, y si era una niña llegaría a ser como su madre .

Lo cierto es que el hijo nació, y las expectativas y los cuidados se desviaron del esposo hacia el nuevo ser. Ya no había mucho tiempo para los dos. Ya no era factible abandonar la casa cualquier día, para perderse en el mundo del baile o para emprender un paseo a cualquier lugar.
Ahora había que pensar en el niño. Debían estar pendientes del tetero y los pañales, de velar su sueño, de estar mucho tiempo junto a él.

Entonces, de repente, los esposos sintieron que habían dejado de ser ellos mismos. Ahora el padre, cuando llegaba cansado del trabajo, no se ocupaba de compartir un rato agradable con su esposa, sino de ver y consentir al hijo, tratando de aprovechar todos los instantes de ese momento feliz. Sin embargo, después vino otro hijo, y después otro más.
La vida cambió por completo. La crianza había empezado en forma, y ambos sabían que se trataba de un período bastante prolongado.
Los hijos fueron creciendo. Ya no había que cambiarles los pañales, pero en cambio estaban sus tareas. Ya no había que llevarlos al parque, pero en cambio estaban los amigos y los novios.
Y los hijos siguieron creciendo, y de repente se fueron de la casa. Uno se casó. Otro decidio vivir independientemente, en su nuevo apartamento, y el tercero se fue a vivir al exterior.

¿Y qué ocurrió? Un día los dos esposos se volvieron a encontrar, frente a frente, en medio de la soledad. Entonces comprendieron que estaban como al principio, pero ya no sabían aprovechar su intimidad. Estaba la ilusión de los nietos, los triunfos de sus hijos, pero en todo caso la mayor parte del tiempo estaba libre para los dos.


MORALEJA
El ejemplo es muy sencillo, pero muy real. Y la moraleja, muy fácil de deducir. Los padres nunca deben olvidar que ante todo son esposos.
Hay parejas que dedican al menos una o dos semanas del año para ellos solos. Para olvidarse de todo lo que existe y volver a vivir una luna de miel. Y en todo caso, en el transcurrir diario, siempre están pendientes de cuidar su relación de pareja. Ellos son conscientes de que los hijos son el mejor regalo de la naturaleza, pero nunca olvidan que al final se van a encontrar nuevamente, como al principio. Ellos saben que en el mundo, ante todo, son esposos y compañeros. --

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