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| 7/10/1989 12:00:00 AM

DIA DEL PADRE

PADRES DEL MUNDO ¡UNIOS!
Mil veces censurado, sobre todo por razón de su machismo, N.N. se ha decidido a escribir para SEMANA con una condición: utilizar su seudónimo de Carla Matiz, para pasar inadvertido. Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente suyas. Su propósito es rendir un homenaje a los padres en su día, y por tanto el siguiente artículo se clasifica como no apto para mujeres.
Los padres estan desprestigiados.Las ovejas negras del sector masculino se han encargado de ensombrecer la querida y respetada imagen paternal de antaño. Allí donde dos o más mujeres se reunen para hablar, el tema del padre -visto como tal o como esposo- no puede faltar. A nadie, ni siquiera a los gringos, que tanto gustan de las estadísticas, se le ha ocurrido establecer el índice de "padres despellejados", bien sea por edades, regiones, estrato social, día de la semana o color del cabello.
Normalmente, la conclusión a la que se llega en estos agapes femeninos es la misma: "todos los hombres son iguales". Nada más falso que esto. Sea la oportunidad de invitar a los padres oprimidos para unirse en un frente comun para luchar contra uno de sus más fuertes enemigos. Y aunque ya muchos estarán imaginando las pancartas quemadas con la imagen de la esposa o de la suegra, las cosas no van por ahí. El enemigo al que me refiero es otro. Se trata de la inmisericorde generalización. Y con nadie, valga la pena decirlo, es más despiadada ni más injusta ni más equivoca la generalización, como lo es con el gremio de los padres.
A tal punto habra llegado la generalización, que a nadie se le ocurriría afirmar que "padre no hay sino uno". Y así mientras para las mujeres que han llegado a formar parte del renglón "madres", existen los mejores calificativos, las mejores consideraciones y los más abusivos reconocimientos de gratitud, a los pobres padres que se los coma el tigre.
Ellos -es decir, nosotros-, mientras se queman las pestañas trabajando de sol a sol para velar por el presente y el futuro de las madres y de los hijos, no alcanzan siquiera a imaginar como han sido desarmados y vueltos a armar en los tés canasta, las lluvias de regalos, los costureros, las onces y toda suerte de reuniones signadas por la "M" de Mujer.
Basta con que alguna de las presentes pida la palabra -entre el clima de chismografía que inunda el ambiente- y narre algun evento en el que considera que su esposo ha obrado mal, para que las demás se unan en un coro desalmado y concluyan, con o sin enfado, que todas han sido víctimas de ese comportamiento despreciable de los hombres. Acto seguido -como si se tratara de cumplir con un orden del día que es identico en todas las ocasiones-, la más enfurecida toma a gritos la palabra para proponer la creación de un místico sindicato que termine por despojar a los hombres de esos derechos que no merecen.
Definitivamente, no es justo. Somos un sexo débil y, a este paso, cada vez nos debilitaremos más. Las mujeres no han querido entender que ellas tienen al hombre que se merecen, porque como lo dijo algun filósofo popular: "Detrás de cada hombre mediocre hay una mujer mediocre".
Por eso, ante los ojos de censura de las suegras -al menos de la mia- invito a los padres del mundo, en su día, a que se reunan. A que también ellos formen un sindicato. Porque ahora son ellos -es decir, nosotros- los oprimidos.
El hombre cometio un grave error al subvalorar a la mujer. Sobre todo porque no quiso escuchar, en su momento, una voz entrecortada y temerosa de protesta, una voz que sumada a otra voz, y otra voz, y muchas voces, empezaba a cambiar la estructura ideal de vida. La cambio hasta el punto de que cuando el hombre se decidió a actuar ya era tarde. Ya las mujeres estaban por encima de él. Ya tenían las riendas del hogar y poco a poco fueron tomando las riendas en el campo laboral. Empezaron a luchar contra el hombre en cada puesto de trabajo, y -de acuerdo con las últimas estadísticas- estan a punto de empatar este segundo partido.El primero ya lo ganaron. Irremediablemente, lo ganaron.
Quiero repetirlo: la culpa -esta única culpa- es de los hombres.
Asomados por la ventana de sus oficinas, los hombres reían cuando las mujeres salían a la calle, en tono de protesta, con las sartenes y los sostenes en las manos. Y los hombres seguían riendo. Las mujeres decían "¡Abajo los hombres!" y los hombres reían. Las mujeres decían "¡Abajo el machismo!", y los hombres reían. Las mujeres decían "¡Arriba la igualdad de derechos!", y los hombres reían. Pero cuando las mujeres dijeron "¡Abajo la maternidad: que los hombres sufran los dolores del parto!", los hombres cerraron la cortina y dejaron de reír.
Desde entonces reinan un clima de desolación y un dejo de tristeza en las reuniones de hombres.
Luego de estudiar a fondo el problema, sólo una teoría parece dar en el clavo:"El hombre es un ser bueno por naturaleza, pero la mujer lo corrompe" .
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