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| 7/12/1993 12:00:00 AM

DIA DEL PADRE

¿Vivir bajo presión?
MILLONES DE PADRES EN EL mundo entero trabajan en condiciones de alta tensión y han experimentado las consecuencias: fuerte dolor de cabeza, úlcera, alzas en la presión sanguínea o infarto. Severas depresiones, insomnio, inapetencia, apetito descontrolado o impotencia.
Algunos, lo que los sicólogos llaman,"de personalidad tipo A", son más propensos a vivir toda esa cadena de malestares. Generalmente son hombres con una capacidad de concentración ligeramente superior a la del promedio, desmedidamente preocupados por sus responsabilidades, obsesivos, acelerados y con una tendencia muy marcada a necesitar la aprobación continua del medio en que se desenvuelven.
El mundo está lleno de familias que tras años de convivencia simplemente dicen: "Imposible cambiarlo". Su táctica (la de los familiares) es simple. Tanto, como inadecuada. Se limitan a sugerir a papá que se calme y "la tome deportivamente". Para ellos, la tensión invariablemente es una enfermedad que hay que combatir como a la gripa: matando el virus y punto final. Sin embargo hace décadas que los sicólogos saben que la tensión hay que aprender a manejarla. No simular que no existe.

Todo un mito
Que el ritmo acelerado de la vida actual tiene toda la culpa de la ansiedad que experimentan algunos padres es una creencia muy generalizada. Pero errónea. Aunque el tráfico, la criminalidad y la sobrepoblación de las ciudades influyen en el aumento de la tensión, muchos estudios demuestran que los habitantes del campo también viven con presión. Según explican los sicólogos, en la ciudad hay mas causas para que la tensión se eleve pero también hay más recursos para conseguir satisfacción y un camino que equilibre lo físico, lo intelectual y lo espiritual.
Otro de los grandes mitos alrededor de las altas dosis de tensión es que los grandes triunfadores las padecen con mayor frecuencia. Una investigación de 1991 en Los Angeles, California (Estados Unidos), la punta del iceberg en cuanto a adelantos tecnológicos se refiere, demostró que de 1.087 hombres que ocupan presidencias y gerencias de altas corporaciones, sólo el 27 por ciento había cruzado el límite de la normalidad y sufría significativos trastornos de salud causados por la presión del trabajo. Debido a que los ejecutivos son responsables de tomar decisiones cruciales se les ha señalado como el grupo de más alto riesgo en este campo. Pero la popular conexión ejecutivo-tensión no existe necesariamente.
La situación real queda resumida en la declaración de un famoso magnate neoyorquino: "Yo no tengo úlceras. Las produzco". Recientemente, Kenneth Greenspan, director del Centro para la Tensión y Desórdenes Afines del Centro Médico Columbia-Presbiteriano de Nueva York dijo: "Los obreros están muy expuestos a sufrir tensión porque en su caso las decisiones -el horario, por ejemplo- las toman otros. Se saben vulnerables y reemplazables".

La otra cara
Algunos médicos se refieren a la tensión como un esfuerzo nervioso y físico. Pero no es tan sencillo y aquí está la clave de esta nota. La máxima autoridad mundial en el estudio de la tensión es el biólogo canadiense Hans Selye, quien la define como "el ritmo al que vivimos en un momento dado. Un doloroso golpe o un apasionado beso pueden producir la misma tensión".
Cualquiera que sea el motivo, el cuerpo reacciona de la misma forma: secretando hormonas del tipo de la adrenalina, la respiración y el pulso se aceleran, llevando más sangre y oxígeno al cerebro. Nos preparamos para realizar un esfuerzo superior al requerido en la rutina diaria.
La reacción de tensión nos da energía extra para enfrentarnos a los cambios que van apareciendo repentinamente y uno tras otro. De ahí que la tensión no se pueda evitar y que sea imposible iqnorarla.

Eutensión
Hans Selye divide la tensión en tres tipos: angustia, tensión normal y eutensión. Los períodos prolongados de angustia pueden ser perjudiciales y aunque frecuentemente se asocian con emociones negativas, igualmente pueden ser producto de aislamiento, monotonía, soledad y aburrimiento.
Por otra parte, la tensión normal es una parte de la vida diaria y cada padre maneja un nivel diferente de ella. Claro que si se acepta que los márgenes de normalidad son amplios entra en juego la tolerancia que deben aportar los demás.
Todo el mundo necesita determinado grado de tensión para responder a su trabajo y a las obligaciones familiares y sociales. Y por esto es posible hablar también de eutensión: cuando las presiones se perciben favorablemente. Excitación, expectación, satisfacción y alegria son las emociones asociadas a este estado anímico general.
Richard S. Lazarus, profesor de sicología de la Universidad de California sostiene que la gente deriva eutensión de actividades sociales, como conocer un grupo de personas nuevas, y laborales, como establecer sus propias metas y alcanzarlas en el tiempo propuesto.
Asunto bien diferente es el límite entre la tensión normal y la angustia. Quienes se angustian -dicen los especialistas- tienen una baja capacidad de adaptarse a nuevas situaciones. Esto incluye la capacidad para aceptar que las demás personas varían constantemente su opinión respecto a ellos. De aquí se deduce una de las características de los hombres propensos a la tensión que se mencionaron al principio: son bastante sensibles respecto a la opinión que se tiene de ellos.

Caballos y tortugas
Como la tensión no es un conflicto nervioso en su estadio normal, ni una lesión física, sino un ingrediente fundamental de la vida para todo ser humano, hay que aprender a manejarla, no ignorarla. Lo mismo que sucede, por ejemplo, con la soledad.
Para beneficiarse de los aspectos positivos de la tensión y minimizar los negativos hay que cultivar actitudes que contribuyan a la resistencia síquica. Pero antes de eso hay que determinar el tipo de persona que uno es.
Selye ha explicado en numerosas conferencias y libros que a este respecto hay dos tipos de hombres: los "caballos de carreras" que prosperan con la tensión y las "tortugas" que requieren un ambiente tranquilo para realizar sus sueños. Sin embargo estas categorías no son definitivas. Cada quien actúa de manera distinta en cada medio.
También es importante tener metas y estar seguro de que son propias. Las personas que sufren de tensión hasta el arado de angustiarse no tienen rumbo fijo porque no poseen ideales individuales.
Sinembargo, sigue siendo cierto que la experiencia ayuda a lidiar con la presión diaria. Suzanne C. Ouellet Kobasa, una profesora de sicología en la Universidad de Nueva York, observó que la gente que aguanta bien la tensión se mete de lleno en lo que hace, le da un alto valor a su trabajo y lo considera útil para su familia y la comunidad en que vive. En cambio, los propensos a sufrir males mayores son los que tienden a sentirse ajenos a los resultados de su trabajo y lo consideran únicamente una obligación. A diferencia de los resistentes se sienten controlados por los acontecimientos.
Hay que educar al cuerpo y la mente para que prendan y apaguen a voluntad el interruptor del "acelere". Cuando la vida aparece ante los ojos sin motivaciones hay que intentar "acelerarse" para conservar un espíritu alto. En correspondencia, cuando todo funciona a grandes velocidades y nada parece salir bien, hay que mirar hacia dentro y, como aconseja el escritor Milan Kundera "ordenarle a los marinos del alma que salgan a cubierta".
Hay que recordar que absolutamente todas las mentes sin importar la personalidad de sus dueños, necesitan una dosis de tensión, aunque sea reducida para no experimentar un caos mental.
Por último, es indispensable para reducir la posibilidad de caer en una gran depresión asociada con la presión del trabajo diario, llevar una vida equilibrada. No jugar un sólo juego día tras día y hora tras hora. No obsesionarse con un solo objetivo, bien sea laboral, emocional, espiritual... La tensión es un elemento más de lo que significa ser hombre. Y padre.
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