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| 7/11/1994 12:00:00 AM

DIA DEL PADRE



¡MUCHO MAS QUE UNA AFEITADA!

ES UN HECHO QUE, DESDE TIEMPOS inmemoriales, una de las principales características que han distinguido al hombre como tal es la barba. Por ende, el proceso que va intrínsecamente unido a esta cualidad viril es la afeitada. El tema, al parecer, aún inquieta a la mayoría de los hombres, por lo que en una edición reciente de la revista estadounidense Gentlemen's Quarterly, Lamar Graham, uno de sus columnistas, le dedica buena parte de sus páginas a reflexionar alrededor de esta engorrosa y cotidiana tarea varonil.


INQUIETUD ANCESTRAL

Según él, en la época de piedra era muy difícil encontrar una persona que tuviera una apariencia lampiña. La barba ocultaba los rasgos faciales y las expresiones. Un guerrero de ese entonces parecía lo que hoy podría ser calificado como un bandolero. Algunos miles de años después, en la Roma primitiva, los hombres jóvenes sacrificaban su primera barba a los dioses. Durante la Edad Media la Iglesia se negaba a darle comunión a aquellos hombres que no estuvieran bien afeitados. Y es que, de hecho, en todo tiempo esta segunda característica sexual más visible del hombre siempre ha tenido que ver con la fortaleza, la hombría, la virilidad y el individualismo.

El rasurarse es algo así como control social y el poder adquisitivo se vuelve sinónimo de cuchillas baratas y quizás una saludable razón narcisa ya que la afeitada es el acto diario de quitarse las células muertas de la cara del hombre buscando verse y sentirse más joven.

¿Por qué razón podrìan 86 millones de hombres americanos de esta época ir al baño a rasurarse seis veces en la semana con el único objetivo de remover el pelo de su cara? "Lo que los hombres están haciendo cuando se rasuran es mostrar cómo se sienten ellos mismos", dice David Givens, de la Asociación Antropológica Americana. "Se está conviviendo con esa imagen reflejada en los cristales. Se convive con el rostro cuando se toca. Se le siente en contacto con el cuerpo". Esto significa que ellos son conscientes de que su rostro no es perfecto y que por lo mismo debe ser especialmente cuidado.


UN RITUAL DE BELLEZA

Viéndolo de cerca, afeitarse es un gran gusto. Por eso lo mejor es comenzar con lo básico. Con esto en mente los doctores y los máximos gurúes, expertos en estas lides, dan a conocer los secretos fundamentales -si no de la perfecta afeitada sí de la menos irritante-:

Preafeitada: si usted es un hombre barbado, y cerca del 70 porciento de los hombres lo son, se afeita después de la ducha. En esos momentos el agua caliente y la crema hacen un fácil trabajo de ablandamiento sobre la barba. Así no es necesario secarse antes de aplicar la crema afeitadora porque la cara todavía se encuentra mojada (aunque en estos momentos algunos expertos sugieren afeitarse durante el baño o la ducha porque lo hace más simple y seguro).

Técnica: comience por los lados y haga pequeños cortes en dirección hacia donde su barba crece, afeitarse hacia el otro lado lo coloca en el riesgo de que la cuchilla hiera y de que se escondan los vellos, especialmente si se tiene una piel sensible. Después de hacerlo en sus mejillas tenga cuidado con su cuello vigile el labio inferior y el mentón, donde el pelo es más denso. Por último, dedíquele todo el tiempo para rasurarlo cuidadosamente en forma ascendente, en todos los sentidos.

Posrasurada: rasurarse con una cuchilla no es solamente remover los tupidos vellos, la sensación de limpieza que usted experimenta después es el resultado de la éxfoliación -la remoción de las células muertas-. Desafortunadamente esto sólo libera las bacterias alrededor de la piel. Por eso no solamente se debe secar, lo ideal es lavar nuevamente antes de hacerlo. Y cuando utilice la loción después de afeitar tenga presente que esta debe ser suave y con un bajo contenido de alcohol, de lo contrario lo más seguro es que se empiece a experimentar resequedad excesiva en el rostro.

Tal parece que afeitarse es algo más que un simple acto de rutina. Es un ejercicio fundamental de aseo y buena salud.
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