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| 7/13/1987 12:00:00 AM

DIA DEL PADRE

Los padres planificadores
Mientras cada día se acrecientan los efectos de la explosión demográfica, con ejemplos como el aumento del número de madres solteras, en algunos países se desarrollan intensas campañas de convencimiento a fin de que los varones se practiquen voluntariamente la vasectomía.

Colombia no ha estado ausente de este fenómeno que a través de la decisión de planificar por parte del padre, concede a la mujer la libertad física de no llevar consigo objetos muchas veces indeseados o de consumir medicamentos que alteran su organismo.

Es así como un esfuerzo del sector privado ha permitido la institucionalización de las clínicas para el hombre en las principales ciudades del país, donde además de servicios quirúrgicos los futuros representantes de la paternidad responsable encuentran información y orientación para cada caso.

Las labores se iniciaron en Bogotá el 15 de diciembre de 1985. Y después de un duro comienzo en un medio poco dado a la aceptación de la planificación familiar masculina, con usuarios guiados por simple curiosidad, acudieron a las clínicas 28.125 hombres solos y 6.220 parejas en busca de consejería y servicio.

Hasta el 31 de marzo de este año, 14.434 colombianos optaron por la vasectomía como método de planificación para sus familias, que como requisitos debían presentar: padre de mínimo 30 años, núcleo familiar de tres o más hijos con el menor de un año en adelante.

La edad promedio de los padres planificadores es de 34 años.

La operación
La vasectomía es el método anticonceptivo más simple y no obstante, el más efectivo. Adoptado por hombres que ya tienen los hijos que desearon.

Consiste en la esterilización de los varones mediante una operación sencilla que no dura más de veinte minutos y se practica con anestesia local en el consultorio de cualquier médico.

En la operación se cortan y se ligan los conductos deferentes, o canales a través de los cuales los espermatozoides pasan a las vesículas seminales impidiendo dicho paso, el semen pierde sus propiedades fecundantes.

En la intervención no se extirpa ningún órgano sexual, simplemente se obstaculiza el tránsito de las semillas masculinas hacia el exterior.

Una hora después el planificante puede abandonar el centro clínico o consultorio, continuando una vida sexual normal entre cinco a siete días posteriores a la operación.

La vasectomía es de carácter definitivo e irreversible, por lo cual todo hombre que quiera acudir a ella, debe estar absolutamente seguro de que no desea tener más hijos.

En general el deseo sexual no aumenta ni disminuye. Posterior a la operación, la eyaculación se produce normalmente. El 95% del líquido expulsado, es producto de la vesícula seminal y de la próstata.

Según datos de la Clínica del Hombre el número de hombres que toman conciencia de su participación en la planificación familiar va en aumento cada día.

Aunque en primera instancia el hecho de abordar el tema de la planificación masculina, parece contradecir la condición de padre, los colombianos involucrados en este tipo de práctica quirúrgica, reconocen en su actitud una responsabilidad de hombres decididos a procrear sólo aquellos hijos que están dispuestos a educar, alimentar, vestir y sobre todo relacionar con la vida que les espera.

El legado de Kafka
Una de las perspectivas literarias desde las cuales ha sido observada la figura del padre fue escrita por el autor checo Franz Kafka, en 1919. Temática manifiesta a través de obras como "El Proceso", "La Metamorfosis" y "El Castillo", en las que se declara como humano, frente al hecho simbólico de la autoridad y del manejo del poder por parte del padre.

Kafka quien en su niñez permanece generalmente bajo los cuidados de la niñera o la cocinera de su casa, puesto que sus padres pasan la mayor parte del día en un almacén, con la consiguiente falta de dedicación a los hijos, da rienda suelta a sus emociones, denunciando la influencia del padre (Hermann) en su estado de ánimo desde la infancia hasta su último compromiso, en un texto que nunca será entregado al padre y nos muestra los medios de dependencia y poder en el ejercicio del dominio más sutil pero también el más fuerte: a través del afecto.

A pesar de ser concebida por su autor como un documento supremamente íntimo, la carta al padre ha encontrado el destino de una constante divulgación por los años de los años, quizá como un manual de aquellos actos que nunca deben cometerse en contra de un ser tan cercano a nosotros, como lo es un hijo.

Es la manifestación del hijo que expresa su sentir literario contra un padre severo, con gestos de autoridad, de poder, de saber, de omnipotencia y que años después de ser escrito abre la puerta de lo que serán los movimientos modernos contestatarios y antiautoritarios en la educación, la literatura y la sicología, desde su esquina de ser humano que esculpe las palabras de una manera radicalmente nueva no sólo en su temática sino en su lenguaje, en las desmitificaciones de los ídolos, contra los que escribe párrafos como los que a continuación extractamos:

Querido padre:

Una vez, hace poco, me preguntaste por qué afirmaba yo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe contestarte nada, en parte precisamente por ese miedo que te tengo, y en parte porque en la argumentación de ese miedo, entran muchos detalles, muchos más de lo que yo pudiera coordinar hablando. Y si ahora intento contestarte por escrito mi respuesta resultará de todos modos muy incompleta, porque también al escribir me cohíben frente a tí el miedo y sus consecuencias porque la magnitud del tema rebasa grandemente mi memoria y mi entendimiento.

A tí las cosas se te presentaban más o menos así: tú has trabajado pesadamente toda tu vida, lo has sacrificado todo a tus hijos y ante todo a mí, yo por lo tanto he vivido "en la abundancia", he tenido plenamente libertad de estudiar lo que quisiese, no he tenido motivos de preocupación por mi alimento, de preocupación alguna, por lo tanto tú no pedías gratitud por ello.

Por ejemplo, me alentabas cuando ejecutaba bien el saludo militar o el paso de marcha, pero yo no era un futuro soldado, o me estimulabas cuando lograba comer vigorosamente y hasta acompañando la comida con cerveza, o cuando lograba repetir tus palabras favoritas, pero nada de esto pertenecía a mi futuro.

En aquel entonces y en aquel entonces en cada caso, habría necesitado el estímulo. Pues en verdad ya estaba yo aplastado por tu mero físico. Recuerdo, por ejemplo, cómo nos desnudábamos frecuentemente en una casilla de baño. Yo flaco, débil, angosto; tú fuerte; grande, ancho.

A un ser de tu especie sin duda hubieras podido serle útil, mediante la educación; hubiera reconocido lo razonable que era lo que decías, no se hubieran preocupado por ninguna otra cosa y tranquilamente habría ejecutado las cosas así. Pero a mí, siendo niño, toda palabra que me dirigías era poco más o menos un dictamen del cielo, no lo olvidaba nunca, seguía siendo para mi el medio más eficaz de juzgar el mundo, ante todo de juzgarte a tí y en ese punto fracasabas completamente.

Y ahora deben mencionarse también las amenazas respecto a las consecuencias de la desobediencia. Si comenzaba yo a hacer algo que no te complacía y tú me amenazabas con el fracaso, el respeto de tu opinión era tan grande que el fracaso, aunque quizás mucho más tarde, no podía ser detenido. Perdí la confianza en la acción propia.

Claro que las cosas no pueden en la realidad adaptarse tan bien una a otra como engranan las demostraciones en mi carta, pues la vida es más que un juego de paciencia; pero con la enmienda que surge de esa objeción, una enmienda que ni quiero ni puedo ejecutar en detalle, se ha logrado con todo, a mi parecer, algo muy aproximado a la verdad, a tal punto que podrá tranquilizarnos un poco a ambos y hacernos más facíl el vivir y el morir.
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