Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/01/08 00:00

DIEZ MIL HORAS DE RADIO

DIEZ MIL HORAS DE RADIO

JUAN GOSSAIN
Una barba blanca de patriarca bíblico, varios kilos de más en su estructura fisica, unas gafas enormes y una voz que no puede ocultar problemas en las cuerdas vocales, lo hacen aparecer mayor de los 40 años que tiene entre pecho y espalda. Es Juan Gossaín un hombre tan versátil y multifacético que se ha convertido en periodista de todos los medios, hazaña que muy pocos pueden incluir en su hoja de vida.

Director de noticias de RCN desde hace casi seis años, columnista de SEMANA y comentarista del Noticiero TV Hoy, Gossaín ingresó en la década de los ochenta con muchas crónicas escritas para El Heraldo de Barranquilla, El Espectador y la revista Cromos de Bogotá, y con un nuevo reto: medírsele a la radio. Empezó dirigiendo Caracol en Barranquilla en 1980 y un año más tarde estaba en Bogotá, sentado junto a Yamid Amat formando parte del equipo que hacía 6:00 a.m. 9:00 a.m. Amat, pionero en Colombia de un nuevo estilo de hacer radio--mezcla de entrevistas informales con personajes de Colombia y el mundo y lectura de noticias--abrió el campo para que este caribe alzara el vuelo frente al micrófono. Tanto, que en 1984 Gossaín aceptó el reto de medírsele al que entonces era considerado imbatible y no tardó mucho tiempo en convertirse en la otra cara de la radio colombiana. Su temperamento abierto, su calidez, su buen humor y su insistencia en la necesidad de darle tanta importancia a las noticias regionales y a los pequeños problemas de la gente, como a los grandes acontecimientos nacionales e internacionales, le han permitido crear otro estilo de hacer noticias.

Dentro de este nuevo territorio conquistado y colonizado sin duda alguna en los ochenta, Gossain, con sus más de diez mil horas al micrófono y unos jugosos ingresos que sobrepasan las siete cifras, se ha convertido en un personaje familiar para todos los colombianos. Con su ronqueta voz se levantan. Con su ronqueta voz se acuestan. Y como si fuera poco, lo pueden ver moverse con desenvoltura en la televisión ante un computador y pueden descubrir sus notalgias y sus recuerdos más íntimos en las columnas de esta revista.

Para Gossain, descendiente de libaneses cristianos y miembros de una familia tradicional donde el centro nervioso de todas las actividades estaba en el padre, su vocación por el periodismo y su inclinación irrevocable por la literatura nacieron en el polvo de un pueblo de Córdoba, San Bernardo del Viento. Una institución de beneficencia con sede en Londres que habia enviado un hospital prefabricado, encerrado entre enormes cajas de madera, le aportó su primer tema. El asombro que despertaron esas cajas de contenido desconocido en medio de una plaza, lo llevaron a escribir una carta al director de El Espectador bajo el título "Esto tiene que ser un milagro". Tenía 19 años. Fue el comienzo de una carrera periodística hasta ahora ininterrumpida.

El Espectador publicó sus crónicas durante 18 meses. Poco tiempo después José Salgar, incuestionable sabueso de talentos periodísticos, le propuso viajar a Bogotá. Con una destartalada maleta de cartón, unas vistosas camisas de colorinches, unos tenis viejos y un vestido de paño prestado llegó en 1969 a "la capital". De sus crónicas repletas de anécdotas cotidianas habría de pasar a cubrir los hechos en caliente. El primero: el debate de Nacho Vives contra Enrique Peñalosa, director del Incora. Era septiembre de 1969. Sus crónicas, sin embargo, no eran frías. Buscaba, como lo hace ahora en la radio, las cosas simples, los pequeños detalles. Lo que podía convertir la noticia simple en un fuego de artificio literario, porque, encima de todo, "yo quería ser escritor, yo quería ser un segundo García Márquez". Y así se mantuvo hasta 1971 cuando, por firmar con otros periodistas un manifiesto a favor de la Revolución Cubana. fue puesto de paticas en la calle. De ahí pasó a El Heraldo y luego a Cromos y después nuevamente a El Heraldo.
Como un yo-yo.

Organizado y perfeccionista, con una memoria que parece de elefante y toneladas de información en múltiples temas, Gossaín lo controla todo, todo lo maneja, casi que lo sabe todo.
"En estos 10 años ha habido de todo--dice-Ha sido la década de las tragedias en Colombia y, paradójicamente, la década de la radio en el país".
Y Gossaín ha dejado en ella su impronta. Estos diez años forman parte importante de la historia de la radio en Colombia, historia a la cual pertenece, sin duda, el nombre de Juan Gossaín. "Son diez años de periodismo radial plagados de aciertos y errores. Han sido los 10 años de mayor avance, cuando la radio se ha consolidado como medio informativo de gran importancia. Pero al mismo tiempo ha sido tan grande y tan rápido, que nos cogió, tal vez, poco preparados. Por eso, muchas veces, hemos cometido errores. El gran desacierto es, en mi opinión, haber copado el horario radial sólo con noticias, desplazando el humor, el entretenimiento, la música, la cultura... Creo que los noventa van a ser los de la revisión. Hay que encontrar un justo medio", remata. Los años noventa, pues, tienen la palabra y habrán de darle o no la razón a Juan Gossain-

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