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| 6/28/1993 12:00:00 AM

DISEÑO CONFECCION Y MODA

TRADICION CALIDAD Y MODA
LOGRAR UN BUEN NOMBRE, MANTENERLO por más de 20 años y contar la historia con lujo de detalles desde la década de los 30, cuando se era un joven desconocido, hasta hoy, no son tareas fáciles. En Colombia, saltan al ruedo muchos nuevos protagonistas en el campo del diseño y la confección de ropa masculina, pero la mayoría desaparece ante las primeras dificultades. Por esto, son tan escasas las marcas reconocidas a nivel nacional como excelentes y vale la pena dedicar algunas páginas para registrar la historia de por lo menos uno de los hombres que ha logrado este propósito.
SEMANA dialogó con Hernando Trujillo, quien amablemente accedió a recorrer las instalaciones de su empresa con nosotros y a contarnos cómo empezó y fue creciendo su vocación. Lo que lo hace diferente a tantos otros es que él es, en efecto, un industrial de la moda, pero sin dejar de ser lo que más lo enorgullece: un sastre, un artista con los patrones, un diseñador que prefiere la mesa de dibujo y los salones de confección, antes que el escritorio en la oficina rotulada " Presidencia" .
El nunca lo dice, pero es fácil deducirlo cuando uno lo ve ingresar a la sala de corte de Hernando Trujillo & Cía. Ltda., tomar un paño entre sus manos y comentar: "Los patrones deben colocarse con mucho cuidado sobre la tela, nunca torcidos, porque esto tiene su aplome, su punto de equilibrio. Hay que prestar atencion a los detalles. Y claro, a la calidad de los materiales. Por ejemplo, observe esta tela... fresca, casi húmeda, muy agradable ".
Para el diseñador, un paisa que vive en Bogotá hace más de 30 años, un buen molde no hace necesariamente un buen vestido, de la misma forma que un edificio no son los planos. "Los buenos trajes no se logran sólo sobre el papel. La confección es muy importante. A un buen patrón hay que hacerle justicia en la limpieza, el orden de la buena costura.
Un buen molde es sólo como poner los cimientos de una construcción duradera". La arquitectura es, definitivamente, Ia mejor metáfora para la confección. Incluso, cuando se tienen en cuenta los pilares sobre los que ha edificado su trabajo un diseñador como Hernando Trujillo.

EL LEGADO DE LOS ITALIANOS
Eran otras épocas. Un gran número de maestros europeos en distintas areas de gimnasia a química, de dibujo a bellas artes llegaban al país para ofrecer sus conocimientos en los colegios de las comunidades religiosas. Adicionalmente, las tareas artesanales tenían un estatus más o menos alto y la preparación de los muchachos que las elegían era complementada con conocimientos en literatura y artes plásticas.
Al cumplir los, 10 años, Hernando Trujillo ingresó al Instituto Salesiano de Pedro Justo Berrio, en Medellín. Un internado de artes y oficios dirigido por el sacerdote alemán Juan María Baumann. Además de no tener ningún antecedente familiar en el campo de la sastrería, al incipiente diseñador el tema poco le interesaba en ese momento. Madrugaba como todos a las 5:30 de la mañana, recibía clases de teatro, música, dibujo ornamental y deportes. Aprendía a coser sacos y pantalones. Pero pese a que era uno de los mejores aprendices, para él las horas transcurrían en medio de un pesado letargo y finalmente decidió retirarse.
Dos años estuvo lejos del oficio que se convertiria más tarde en su forma de vida. A los 17 regresó sólo para visitar a su maestro, el italiano Francisco Jareck, y fue éI quien lo impulsó a completar su preparación en el Instituto con dos argumentos muy convincentes: "Ningún conocimiento sobra en la vida y ya solo le falta un año ".
Sin embargo, la vocación que empezaba a nacer no fue y premiada con un cartón de grado porque dos días antes de concluir el último curso su padre murió, y como hijo mayor de la familia debió abandonar los estudios e ingresar en el cargo de obrero sastre a un pequeño taller de modistería para sostener a su madre y a sus hermanos.
"Así estuve un tiempo, hasta que se fundó Confecciones Colombia en 1942, lo que hoy es Everfit. Allá inicié desde abajo y fue una gran oportunidad para aprender, pues el técnico que nos dirigía, Benjamín Zomblera, venía de Italia y hablaba muy poco español. En el Instituto yo había aprendido algo de italiano y lentamente me convertí en su asistente inmediato. Cuando él no estaba, yo quedaba a cargo de todo".
Los 12 años que Hernando Trujillo estuvo en Confecciones Colombia le sirvieron para dar un inmenso salto en su carrera. Descubrió que era lo suyo y, además, que ya no sería sólo sastre. Estaba aprendiendo los principios de la manufactura del traje y algún día lo dijo entonces montaría su propia empresa.

"OFREZCO MI MANO DE OBRA"
Salir de Confecciones Colombia no fue una decisión fácil. Entre otras razones porque nadie, en lo administrativo o lo técnico, se había retirado antes, de la empresa. De cualquier forma, él lo hizo. Se trasladó a Pereira y trabajó como primer director técnico en la producción de trajes Valher para Valencia Hermanos por un lustro. Luego vino a probar suerte en Bogotá. Ermega, un mediano taller que más tarde desaparecería, le abrió las puertas. ¿Retroceso en su carrera? No, si se considera que el joven diseñador, ya con el apoyo de su esposa, deseaba a la larga y por encima de todo, su propia independencia.
Antes de lograr consolidar su empresa asesoró a varias fábricas, viajó a Perú y a Venezuela. Finalmente practicó en el país una modalidad de trabajo sin antecedentes en la confección por aquel entonces: sólo ponía su mano de obra, pues no tenía capital de trabajo. Recibía los materiales, trabajaba con su hijo mayor, quien le ayudaba cuando regresaba de estudiar, y entregaba los vestidos para que fueran ofrecidos al público con distintas marcas.
Aquel pequeño taller, ubicado en el segundo piso de una casa en la carrera 42 con calle 12, comenzó entonces a tomar fuerza. Y para 1965 La marquilla "HT" ya estaba respaldada por una fábrica. Lo que ha venido a partir de entonces es, sencillamente, la consolidación de una carrera: preparar a los operarios estableciendo la calidad como objetivo fundamental, empezar a importar algunas telas y entretelas, elegir lo mejor de lo mejor entre los textiles nacionales, inaugurar esto fue 10 años atrás la línea femenina, dar las primeras puntadas en el campo de la ropa informal y, finalmente, empezar a exportar como respuesta al nuevo panorama de la economía. Hace pocos años, Hernando Trujillo abrió sus primeros almacenes en el exterior. Miami y Ciudad de México fueron los lugares elegidos y todo indica que en esta decisión, como en las anteriores, acertó.
Los sastres, las faldas plisadas, las blusas y todo lo que tiene que ver con moda femenina y la marquilla "Hernando Trujillo", ahora, en palabras completas, ha sido gran sensación en la capital azteca.
Esta es una industria que no se detiene. Una, que sigue los dictámenes de la moda hasta donde lo permiten el buen gusto, la producción personalizada, río masiva, y el mantenimiento de la calidad, de acuerdo con el entrenado criterio de su dueño. Una, donde ya no se fabrican trajes con aquellos paños pesados que tanto acaloran, pues lo dice el diseñador, como lo dicen otros grandes nombres en este interesante campo de la economía nacional la comodidad es hoy el criterio más importante. -
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