Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/04/25 00:00

Duro de roer

La débil demanda interna, la caída en las exportaciones y el endurecimiento en las relaciones con las cadenas de supermercados tienen en ascuas a las empresas productoras de alimentos.

Duro de roer

Las empresas de alimentos tuvieron una agenda agitada en 2003. Mientras intentaban incentivar la demanda interna con promociones y nuevos productos, debieron esforzarse por compensar la caída en sus ingresos por exportaciones por cuenta de la crisis venezolana. A estos retos se sumó una tarea adicional: acelerar su preparación para incursionar exitosamente en un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.

Las ventas nacionales de alimentos procesados aumentaron apenas 0,9 por ciento en 2003, según la encuesta de opinión industrial conjunta de la Andi. Las de productos lácteos, aceites y grasas cayeron 3,6 por ciento y las de frutas y legumbres disminuyeron 1,6 por ciento.

El consumo, en especial durante los primeros meses de 2003, continuó flojo. Aunque en el segundo semestre del año se mostró un mayor dinamismo, los hogares colombianos siguieron midiéndose en la factura del mercado. De hecho, el principal problema del sector de alimentos, según la encuesta de la Andi, está asociado a la debilidad de la demanda interna.

Afectó negativamente a esta industria el IVA de 7 por ciento sobre algunos productos procesados, como embutidos y pastas, que comenzó a cobrarse el año pasado. Las compañías del negocio cárnico de Inversiones Nacional de Chocolates, por ejemplo, vieron reducir su mercado 2,9 por ciento, entre otras razones, por el encarecimiento de sus productos a causa del IVA.

Para enfrentar este entorno poco favorable, los departamentos de mercadeo de las empresas de alimentos tuvieron que trabajar duro. Fortalecer marcas, lanzar nuevos productos y ofrecer promociones fueron algunas de las estrategias que utilizaron para ganar participación de mercado: la única forma de crecer localmente.

En los últimos años la industria colombiana de alimentos ha estado muy activa en el desarrollo de nuevos productos. Los ejemplos abundan. Alpina y Colanta han incursionado en nuevas líneas de negocio como la de productos deslactosados. La Compañía de Galletas Noel ha impulsado los segmentos de galletas integrales, saludables y con nuevos sabores. Los ingenios y las compañías de chocolate han lanzado al mercado productos light, con menor contenido de azúcar. Las pastas de preparación rápida, que sacó al mercado Harinera del Valle, y los productos congelados listos han tenido también un crecimiento importante.

Invertir en la innovación de productos tiene su recompensa. Las compañías filiales de Inversiones Nacional de Chocolates, por ejemplo, derivan el 10 por ciento de sus ventas (207.000 millones de pesos) de productos que fueron desarrollados en los últimos tres años. Y, en general, uno de los factores que explica el crecimiento de 6 por ciento en los ingresos de las empresas del sector que aparecen en la lista de las 100 más grandes, se debe a la intensa actividad de mercadeo y de innovación de nuevos productos.

Pero si las ventas se han mantenido estables en términos reales, las utilidades operativas han bajado. Los márgenes de rentabilidad de las compañías de alimentos se han visto afectados por el costo de los insumos y por la dura competencia de promociones que se libra en algunos segmentos. En la encuesta de opinión industrial, la baja rentabilidad y el encarecimiento de las materias primas son los dos problemas que siguen en la lista después de la debilidad de la demanda.

Los directivos de Harinera del Valle y Pastas Doria destacan, por ejemplo, el alza en los precios internacionales del trigo como uno de los hechos que influyeron negativamente en los resultados de 2003. La Compañía Nacional de Chocolates aumentó los precios de sus productos debido al fuerte incremento que tuvo el costo del cacao el año pasado.

De otra parte, los colombianos se han acostumbrado a encontrar en los supermercados la etiqueta de 'pague uno y lleve dos' en los productos de alimentos. María Fernanda Garzón, vicepresidenta de mercadeo de Alpina, señala cómo, por ejemplo, en el segmento de yogures las promociones dejaron de ser una estrategia puntual para convertirse en cosa de siempre.

Un tema espinoso que ha estado sobre la mesa desde hace varios años es el de las relaciones de los industriales (especialmente los del sector de alimentos) con las cadenas de supermercados. Los proveedores se quejan del trato de los grandes almacenes a la hora de negociar los productos. Alegan que las condiciones en materia de precios, pagos, requisitos para codificar artículos, inversiones en publicidad, entre otros, están afectando su rentabilidad. Varios industriales, incluso, se retiraron de algunas cadenas y otros amenazaron con hacerlo.

Después de nueve meses de conversaciones, Fenalco, Andi y Acopi llegaron en diciembre del año pasado a un acuerdo para fijar las reglas del juego entre las cadenas y sus proveedores. La idea de firmar un 'código de conducta' es prevenir posibles disputas, determinar formas de resolverlas y, sobre todo, evitar que los consumidores no encuentren en los supermercados una amplia variedad de marcas.

Según varias empresas de alimentos consultadas por SEMANA, el acuerdo ha servido para no llegar a posiciones extremas, como, por ejemplo, que una cadena decida retirar de las estanterías los productos de un proveedor que no acepte sus condiciones. Sin embargo, dicen, las relaciones todavía son difíciles. Los grandes supermercados asumen posturas fuertes al momento de negociar márgenes de rentabilidad o de pedir descuentos para fechas especiales. Esto ha llevado a algunas compañías a fortalecer otros canales de comercialización como las tiendas tradicionales.

Con un ojo afuera

El otro frente que deben cubrir las empresas de alimentos es el externo. Según cifras de Proexport, la agroindustria es el cuarto sector que más vende en el exterior, con una participación de 6 por ciento en las exportaciones colombianas totales. Sus principales destinos son Venezuela, Estados Unidos, Centroamérica y el Caribe.

Las ventas de productos agroindustriales al mercado venezolano completaron dos años de caída. Desde 2001 se han reducido 43 por ciento, a raíz de la recesión económica que atraviesa el vecino país y las restricciones para el pago de las exportaciones por el control de cambios. Los negocios con Venezuela, sin embargo, se han reactivado y, como el resto de los sectores, el de alimentos espera que en 2004 se revierta la tendencia.

Como reacción a la crisis venezolana, las empresas buscaron exportar más hacia otros países. Las ventas del sector hacia Estados Unidos, por ejemplo, crecieron 4 por ciento, con lo cual algunas compañías pudieron mantener o, incluso, incrementar sus ingresos por exportaciones.

El futuro de la industria de alimentos está ligado a las oportunidades y amenazas que surjan de los acuerdos de libre comercio en el que se ha embarcado el país. El firmado recientemente con Mercosur o el que comenzará a negociarse a mediados de mayo con Estados Unidos representan buenas posibilidades de crecimiento para las empresas más grandes, que desde hace rato tienen presencia en estos mercados.

Hay, sin embargo, algunos temas críticos. Uno de ellos es el menor costo al que pueden comprar sus insumos agrícolas las compañías de alimentos en otros países, pues están protegidos con subsidios. Esto hace más difícil para las empresas colombianas competir en igualdad de condiciones en mercados como el estadounidense.

Es seguro que la agenda del sector de alimentos continuará agitada en los próximos años. No sólo deberá esforzarse por aprovechar el crecimiento que se espera en el consumo interno, sino prepararse para ganar terreno en Estados Unidos, un mercado gigantesco pero también muy competido.

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