Viernes, 28 de noviembre de 2014

| 1989/05/01 00:00

Dustin, el pequeño gigante

Nadie lo quiere, pero todos respetan en Hollywood a este hombre, considerado uno de los mejores actores del siglo.

Dustin, el pequeño gigante

Quizás la mejor definición sobre Dustin Hoffman, el actor norteamericano que acaba de imponer un nuevo lenguaje, una nueva disciplina, un nuevo alcance en un oficio que algunos asocian con el desorden, la fama y el dinero en Hollywood, sea la frase pronunciada por un productor el día de los Oscares: "Todos lo odian pero también todos lo respetan".

Rencoroso, detallista hasta la exasperación, avaro, solitario, enemigo de las ruedas de prensa y las entrevistas, amante de su familia hasta el delirio, vengativo con sus enemigos --como lo prueba el que hubiera causado diez años después la caída de David Puttman, el presidente de la Columbia Pictures, por todos los problemas que tuvieron durante el rodaje de "Agatha"--, meticuloso del maquillaje, las luces y el vestuario que utiliza en los rodajes, Dustin Hoffman siempre ha sido mirado en el cine norteamericano como una rareza. Es un actor que no se deja manipular por los estudios, que impone los directores con quienes quiere trabajar. También impone a sus compañeros de reparto y hasta a los guionistas y técnicos. Se trata de un hombre demasiado difícil pero con una vocación tan profunda por su oficio, que sólo así pudo salvar del fracaso una película que casi nadie quería hacer, por distintos motivos: Rain Man.

Una de las personas que puede llamarse realmente su amigo, porque se conocen desde cuando eran simples estudiantes, lo recuerda como obsesionado con sus cosas, con el orden, con la memoria, con el tráfico, con las comidas que ingerían y aún en los años sesenta, cuando buscaban que algún director de teatro les diera la oportunidad de aparecer en el coro de alguna de esas piezas que cierran pocos días después del estreno. Hoffman adoptaba un aire de dignidad que lo diferenciaba de los demás que buscaban empleo y comida. Gene Hackman, su gran amigo y competidor este año en una carrera que ya todos sabían quién ganaría, recuerda que Hoffman alguna vez comparó este oficio con estar en la cárcel: "Es que existe una enorme correlación entre nosotros los actores y los que están encerrados. Estos no son tontos no se dejan manipular, no están adoptando los papeles que no quierer y siempre expresan sus sentimiento como pueden. Lo mismo pasa con los actores. Están encerrados, están limitados y sólo si se esfuerzan, si deciden ser ellos mismos podrán avanzar en su carrera".

LAS VACAS FLACAS
Californiano de nacimiento, estudió con Hackman en la Pasadena Playhouse. Hijo de un decorador escénico, fanático de las comedias mudas, y de una mujer que adoraba llenar las paredes de la casa con fotos de sus actores favoritos (Dustin se llama así por un vaquero de principios de cine, Dustin Farnunm. A su hermano lo bautizaron Ronald por Ronald Colman), se marchó con quien años después interpretaría un agente del FBI en "Misisipi en llamas". Se fueron para Nueva York, en busca de trabajo, el que fuera. Pero, por encima de todo, estaba la obsesión con el teatro y el cine. Entonces, se matricularon en las clases de actuación de Lee Strasberg, duraron dos años mientras Hoffman trabajaba como asistente en un hospital siquiátrico, experiencia que le serviría 30 años después para acabar de modelar su personaje de Raymond Babitt en Rain Man.

El método Strasberg, uno de los más famosos en el cine y el teatro internacionales, producto del temperamento díscolo de un rebelde como ese hombre de pelo blanco y escaso que le dio una expresión en ocasiones exagerada a los dramas escritos por Tennesse Williams y Arthur Miller, fue mirado con desconfianza por Hoffman. Pero a diferencia de otros estudiantes no le discutía al maestro simplemente escuchaba.

Lo que más le molestaba era que Strasberg fuera obedecido, escuchado y seguido como si fuera un dios que gritaba y arrojaba las cosas contra el techo. Ahí estaban otros estudiantes que más tarde serían tan famosos como Hoffman: James Dean, Robert Duvall, Marlon Brando, el mismo Hackman, siguiendo las instrucciones de Strasberg y los otros maestros mientras les llegaba alguna llamada de un estudio que necesitara extras o una pieza teatral que estaba montándose.

Fueron años amargos, llenos de esperanza, hambre y contradicciones.

Hoffman no ha podido olvidar esa experiencia y cuando tuvo la oportunidad de aplicar algunos de esos gestos, algunos de esos recuerdos a los personajes descastados, rebeldes y antisociales que ha interpretado en su carrera, lo hizo. Y los directores, especialmente los que lo trataban por primera vez, quedaban sorprendidos por esos matices extraños que Hoffman iba extrayendo, aparentemente de la nada. Eran días fríos y oscuros, tensos, llenos de cansancio y expectaciones, recordados ahora con bromas y sonrisas amargas, días durante los cuales el desempleo, el rechazo (eso es lo que más le duele de los recuerdos, cómo los rechazaban en las películas y las obras de teatro, cómo les cerraban las puertas), las largas e interminables esperas en las antesalas de los agentes y los directores, le hacían sentirse infeliz. Todo eso se siente en la película Tootsie, con ese actor desempleado quien tiene que disfrazarse de mujer para poder conseguir un trabajo y enseguida se convierte en estrella, no por lo que es en realidad, sino por lo que aparenta ser.

Cuando habla de esa época --y pocas veces lo hace--, Hoffman no siente rencor pero sí se pone tenso porque piensa que perdió varios años, esperando y rogando: "Nunca me llegué a ganar más de tres mil dólares al año sólo desde los 31 años pude tener un sueldo que pudiera llamarse decente digno de alguien que quería viviry comer de su profesión".

Si no hubiera sido por el dinero que los padres le enviaban desde California todas las semanas, no hubiera resistido el asedio económico.

Además del hospital siquiátrico muchos neoyorkinos deben recordarlo ahora porque seguramente lo vieron en alguno de los numerosos oficios que desempeñó. Trabajo detrás de un mostrador en el almacén Macy's, manejando cámaras escondidas para espiar lo que hacían los clientes durante las horas pico y una vez, sólo por diversión, acusó injustamente a una mujer de haberse robado una tontería sólo por ver su reacción, sólo por grabar la expresión aterrada de su rostro. Hacía llamadas telefónicas pidiendo fondos para campañas de caridad. Repartió orquídeas llegadas de Hawai. Trabajó algunas semanas en el archivo de la revista Time, reorganizando la sección de fotos de muertos ilustres. De esa época recuerda con entusiasmo sus relaciones con los pacientes de la clínica mental a quienes preparaba síquicamente para que aceptaran los tratamientos eléctricos que eran dolorosos.

Y los oficios no pararon ahí. Manejó un taxi durante el invierno, enseñó a muchachos que estaban perdiendo el semestre en los colegios del Bronx, fue mesero en un restaurante que le exigía atender con acento francés a los clientes y nunca entendió por qué. También lavó platos en numerosas cafeterías, algunas de las cuales han puesto letreros que dicen: "Aquí trabajó y se superó Dustin Hoffman en los sesenta". Luego se empleó en una gigantesca juguetería de Manhattan, ayudando a las mamás y los niños a entender cómo funcionaban los trenes eléctricos.

Las necesidades llegaron a ser tales que Hoffman y Hackman se pararon en una esquina y ofrecieron en alquiler el bebé del segundo, como si fuera un muñeco de tamaño natural y gozaron toda la noche con la reacción de una señora que casi lo compra, pero que gritó espantada cuando tocó el pequeño bulto y sintió la temperatura y los latidos del corazón. Después trabajaron como mecanógrafos haciendo las listas para las páginas amarillas.

Entonces le ofrecieron a Hoffman su primer papel en el cine, pequeñísimo, en una película policiaca llamada Nake City. Le pagaron 500 dólares y se gastó 150 en un buen abrigo, porque estaba preocupado por el comentario que sobre su apariencia le hizo una muchacha. El día que llegó al almacén, sintió los ojos recelosos de la vendedora y su espanto cuando señaló uno de los abrigos más caros y llamativos. Casi que le pide que le mostrara el dinero antes de enseñárselo.

Lo cierto es que durante varias semanas, en medio del invierno, Hoffman era incapaz de usar el costoso abrigo porque se sentía culpable después de tantas penalidades, hasta cuando Hackman lo tomó y se lo llevó porque hacía mucho frío.


GRADUADO CON HONORES
Entonces llegó "El graduado" y comenzó la leyenda.

Se acabaron las dificultades. También quedó atrás su primer papel en el teatro en una obra que Hoffman no ha podido olvidar, Yes is for a very young man, y luego A cook for Mr. General. Entraron en el recuerdo sus relaciones con el Theatre Company of Boston durante tres meses que fueron decisivos, y su regreso a trabajar en Nueva York con el director Ullu Grossbard (el realizador de "Confesiones verdaderas") así como su trabajo en la primera de las obras de Arthur Miller que protagonizaría a lo largo de su carrera, "Panorama desde el puente", con la que ganó a comienzos de los sesenta dos premios teatrales. Llegó Mike Nichols, lo descubrió y le ofreció el papel del muchacho obsesionado con una señora madura en "El graduado", con la música nostálgica de Simon y Garfunkel.

La leyenda superó todos los parámetros. Fue nominado al Oscar por el que casi era su debut en el cine, premio que ganaría años después por su papel de papá separado en "Kramer contra Kramer", escrita y dirigida por Robert Benton. También recibiría otras nominaciones al Oscar como actor principal, una de ellas por su personaje de un lisiado que sobrevive con las sobras que encuentra en los basureros y se alía con un vaquerogigoló. en "Perdidos en la noche" del británico John Schlessinger. Otra por su papel de un cómico vulgar y rebelde, Lenny Bruce, en la película dirigida por el desaparecido Bob Fosse, "Lenny". Y más tarde también sería nominado por el que millones de espectadores en todos los idiomas consideran su mejor papel, el de una mujer en Tootsie, dirigida por Sidney Pollack.

La historia de estos últimos 30 años en el cine norteamericano está marcada por la presencia de este actor en películas como "Pequeño gran hombre" de Arthur Penn, "Papillón" de Franklin Schaffner, "Los hombres del presidente" de Alan Pakula "Maratón de la muerte" de John Schlesiger, "Tarde de perros" de Ullu Grossbard, "Perros de paja" de Sam Peckinpah, "Alfredo, Alfredo" de Pietro Germi, "Agatha" de Michael Apted y la que filmó antes de Rain Man, el gran fracaso de todos los tiempos, Ishtar, que costó 50 millones, recaudó menos de 3 en la taquilla y arrastró con la plana mayor de Columbia Pictures.

Además de los dos Oscares, Hoffman ha ganado numerosos premios teatrales, el más notable por "La muerte de un agente viajero" de Arthur Miller, realizada por el alemán Volker Schlondorf. Con la versión para televisión de "Tambor de hojalata" ganó el Emmy.

LA HISTORIA OFICIAL
El que Rain Man se hubiera convertido en la película de éxito que es ahora, se debe en gran parte a la terquedad de Hoffman en hacerla. Todo comenzó en 1984 cuando el escritor Barry Morrow, creador de la película Bill, la historia de un retardado mental protagonizada por Mickey Rooney, concibió el reencuentro de dos hermanos, uno de ellos autista, que hacía muchos años no se veían. Coincidencialmente, Hoffman por esos días había mirado un informe del programa "60 Minutos" sobre el autismo y quedó sorprendido.

Morrow escribió el primer borrador del guión y lo envió al presidente de la productora Guber-Peters, para interesarlo en el proyecto. El guión fue remitido al director Barry Levinson, quien lo rechazó porque en ese momento estaba preparando el rodaje de "Buenos días, Vietnam", con Robin Williams.

Entonces enviaron el borrador al director Martin Brest quien ya haBía rechazado la realización de "Buenos días, Vietnam" y aceptó la oferta. Al mismo tiempo le enviaron el guión a Hoffman pero con la intención de que interpretara al otro hermano, Charlie, papel que tomaría Tom Cruise.

Barry Morrow pasó varios días a la caza de Hoffman, en Malibú, dialogando con los productores y el actor. Hoffman incorporó otra persona al equipo, su amigo el escritor Murray Schisgall. En ese momento, cuatro años antes del rodaje, ya Hoffman estaba obsesionado y le dijo a sus amigos: "Quiero que me recuerden por este papel". Ya había decidido que quería interpretar al autista.

Artistas Unidos quería que la película se estrenara para diciembre del 87. Hubo amenaza de una huelga de directores. Martin Brest tenía la cabeza en otra parte, quería dirigir primero "Fuga a la medianoche", con Robert de Niro.

Se incorporó a los planes el actor Tom Cruise, quien tenía seis años cuando se estrenó "El graduado". Le confesó a Hoffman que, cuando era más joven, se iba con sus amigos Sean Penn y Timothy Hutton a espiar cerca de su casa, y se estableció una relación enérgica entre ambos actores.

Cuando se decidió que alguien tan joven como Cruise interpretara a Charlie, el guionista Morrow protestó, fue despedido y lo remplazaron por Ronald Bass. Por eso aparecen ambos recibiendo sendos Oscares.

Tom Cruise propuso otro guionista y fue llevado Richard Prince, el de "El color del dinero". No funcionó y lo cambiaron por Michael Bortman. Entró un nuevo productor, Mark Johnson. Tres semanas antes de iniciar el rodaje, Artistas Unidos anunció la cancelación del proyecto. Brest renunció y se fue a dirigir "Fuga a la medianoche". Las malas lenguas afirman que usó los escenarios, algunos diálogos y numerosas situaciones que pertenecían a Rain Man.

Entonces Steven Spielberg recibió el guión, pero estaba filmado "El imperio del sol" y tenía en mente "Indiana Jones III". Hoffman mientras tanto siguió investigando sobre los autistas. Bass regresó a trabajar en el guión. Hubo discusiones porque se proponían hasta seis desenlaces, todos felices. Artistas Unidos volvió al proyecto y quiso la película para la Navidad de 1988. Spielberg se marchó y entró en escena Sidney Pollack, a pesar de su pelea con Hoffman en Tootsie. Entraron otros guionistas Daniel Rayfield y Kurt Luedtke. Poliack no se integró y renunció. Entró de nuevo Barry Levinson, quien adoraba la historia.
Seguían discutiendo sobre el decenlace. Que fuera feliz, que fuera dramático, hasta cuando tomaron la decisión de volverlo un final sencillo, una despedida, como aparece. Comenzaron a rodar con 27 millones de dólares de presupuesto. En el fondo, era un riesgo con un actor que acababa de fracasar en una película de 50 millones. Levinson logró filmar con 25 millones, y eso en Hollywood es una bendición.

Filmaron como casi nadie filma en el cine norteamericano, con continuidad. Es decir, como aparecen en la película ya finalizada. Eso ayudó a que Hoffman y Cruise desarrollaran mejor los personajes. Durante los ensayos, intercambiaron los papeles, pues Hoffman tenía dudas. Miró las primeras pruebas, los rushes y dio un grito, lloró desesperado porque lo que estaba viendo en la pequeña sala del estudio era una parodia de interpretaciones suyas anteriores. Era, ni más ni menos, una burla a su carrera. Decidió filmar todo de nuevo, pues sus gestos eran exagerados y nadie creería que se trataba de un autista.

Una tarde calurosa iban caminando por el sendero que sale de la clínica mental donde Raymond Babitt estaba recluido y de donde es secuestrado por el hermano menor. Filmaron algunas tomas y de pronto, con la voz fría e impersonal del personaje, Hoffman comenzó a quejarse de la ropa interior que llevaba estaba demasiado ajustada. En ese momento todos comprendieron que por fin, el gran actor se había topado con un gran personaje. No había que hacer gestos, el autismo es interior, es la incapacidad de comunicarse con el mundo exterior, y Hoffman lo consigue, camino al Oscar.

Cuando el lector mire Rain Man, se encontrará con una escena que resume muy bien las intenciones de esta película, que cuenta el drama de los autistas quienes conforman un número mayor de personas de lo que se cree: están en un hotel, Cruise y la novia están haciendo el amor, Raymond los escucha sin entender el origen de los quejidos. Entra en la habitación, contempla los cuerpos bajo las sábanas, se sienta en la orilla de la cama, mira el televisor y mientras la pareja gime, él también gime, repite los sonidos, como hace siempre. Algunos espectadores se divertirán con la escena. Quienes conocen el mundo de los autistas, sentirán pesar, mucho pesar.-


ENTREVISTA
DUSTIN HOFFMAN:
"INTENTO ENVEJECER LO MAS LENTAMENTE POSIBLE"

Enemigo de las entrevistas por, que piensa que le quítan tiempo para preparar sus distintos personajes en el cine y la televisión, Dustin Hoffman tuvo que hacer una excepción cuando "Rain Man" gano un premio en Berlín. Este es el diálogo que sostuvo algunas semanas antes del Oscar:

PREGUNTA: Usted tiene fama de ser un actor difícil, que busca la perfección hasta en los detalles más fastidiosos. ¿Es cierto?
DUSTIN HOFFMAN: No entiendo cuando oigo que en Hollywood dicen que soy difícil, que busco la perfección y, en cambio, no acusan de perfeccionista a un camarógrafo porque espera a que una nube desaparezca del cielo para una toma, o a un sonidista que aguarda hasta cuando un camión sale de su campo. Es como si estuvieras en la mesa de operaciones y dijeran: "Te va a encantar este cirujano, es un tipo agradable aunque no es un perfeccionista". Creo que en el fondo se trata de un ataque contra ciertos actores importantes. A Barbra Streisand también la llaman fanática del control y eso es absurdo.

P.: ¿Por qué interpreta siempre personajes que están fuera de lo convencional?
D.S.: Cuando me enviaron el guión de Rain Man dieron por supuesto que interpretaría el personaje de Tom Cruise. Pero hasta entonces nunca había representado a nadie que fuera clasificado como enfermo mental, y supongo que eso me fascinó. En 1958, cuando llegué por primera vez a Nueva York, conseguí un trabajo como asistente siquiátrico del Instituto Mental y algunas semanas después leí la novela "Atrapado sin salida" y pensaba que eso, precisamente eso, era lo que vivía.

P.: Durante los últimos años ha aparecido menos en el cine: ¿se siente cansado?
D.H.: Por simples razones de edad sé que ya hay algo que no funciona como antes. Los próximos diez años son cruciales. Me sentiría feliz si pudiera hacer treinta películas más antes de morirme.

P.: ¿No será porque los directores no se atreven a proponerle numerosos papeles?
D.H.: He leído que soy un actor insoportable, pero la verdad es que sólo he tenido problemas en dos películas, Straight Times y Tootsie. Esto se supo porque los directores decidieron hablar públicamente. Lo que no dijeron es que yo no era sólo el actor, era también el productor.

P.: O sea, es más fácil ser un actor asalariado...
D.H.: Cuando sólo eres el actor lees el guión y entregas tus comentarios. Después coges el dinero y sales corriendo, y a lo mejor ni siquiera verás la película en la pantalla. No hay nada de malo en eso. En cambio cuando el proyecto es tuyo comienzan las dificultades.

P.: Usted es un obsesionado con la vejez, con la muerte...
D.H.: Lo que pasa es que intento envejecer lo más lentamente posible. Si no fumas, si te mantienes dentro de tu peso, ayuda mucho. Mi padre tiene 81 años, un buen aspecto y espero tener sus genes, tan buenos. Sin embargo, hay personas que te hacen volver a la realidad. Cuando le digo al padre de mi mujer, Lisa, que estoy en la mitad de la vida, me responde entonces si conozco a alguien que haya vivida 102 años y esa es la más desagradable de las sorpresas. Te das cuenta que el juego es limitado.

P.: ¿Es cierto que le molesta que la gente no haya visto sus películas anteriores?
D.H.: No sólo me molesta, me aterra. Un día, no hace mucho, un catedrático me invitó a hablar en su clase de cine. Había unos cuarenta alumnos que me hacían preguntas y yo les respondía utilizando ejemplos de mis películas. En la última pregunta comencé a hablar de "El Graduado" y a mitad de la charla me di cuenta que ninguno la había visto. Cuenta mi mujer que me cambió la cara. Empecé a sudar y me quedé con la mente en blanco durante unos 10 minutos, y ellos estaban avergonzados. Ese día volvi a casa temblando y pensando, se acabó. Veinte años. Te despiertas un día y de golpe sientes que todo se acabó.

P.: ¿Está satisfecho con lo que ha vivido, con lo que ha logrado? D.H.: Un día le pregunté a mi padre si las personas que habían muerto de cáncer y con las que había estado tenían algo en común, y él me respondió que la ira. No la ira porque fueran a morir, sino la ira por lo que no habían hecho en sus vidas, por las cosas que pudieron haber hecho. Así se tiene esa sensación a los 51 y no quiero estar rabioso por eso.

LOS "IDIOTAS SABIOS"
Rain Man, la película que este año ganó cuatro Oscares, ha tenido un impacto mayor que el de los premios y la taquilla. Ha logrado introducir cambios en la vida de los autistas y sus familias. Brent Aden, un niño autista de 12 años, le escribió a Hoffman una carta que dice: "Me siento bien ahora. La gente dice que el autismo es O.K". Un tío de Brent reconoce que la película ha tenido un "efecto fenomenal" en su sobrino. "La imagen que tiene de si mismo cambió, camina ahora con la cabeza erguida y mira directamente a los ojos de la gente que se acerca a él", agrega.

Este caso aislado es apenas una muestra. Pero hay mucho más. Bernard Rimland, fundador de la Sociedad de Autismo de los Estados Unidos y director del Instituto para el Comportamiento Infantil, sostiene que "hay ahora mucha mayor comprensión, simpatía y apoyo, y una preocupación más real por el autismo". Por otra parte, la película ha tenido también un impacto financiero. La fundación ha comenzado a recibir mucho más dinero y en casi todas las donaciones, las personas mencionan la película.

Pero, ¿qué es el autismo? No hay aún una clara y tajante definición de ese desorden. Lo que se sabe es que es una incapacidad neurológica severa que dura toda la vida, que aparece generalmente al nacimiento y se presenta en 4 ó 5 casos en 10 mil nacimientos. Afecta tres veces más a los hombres que a las mujeres y se caracteriza por un comportamiento de aislamiento compulsivo, falta de contacto emocional con los demás y, con frecuencia, una extrema sensibilidad al tacto y a los sonidos.

En los Estados Unidos, por ejemplo, hay cerca de 200 mil autistas, 75 u 85% de ellos funcionalmente retardados. Pero 10% de los autistas exhiben un comportamiento inteligente e inclusive un 1% de ellos tiene capacidades extraordinarias y talentos específicos.

El término "idiota sabio" que fuera acuñado en 1887 por John Langdon Down (un psicólogo británico más conocido por el sindrome que causa el mongolismo) para describrir a las personas deficientes mentales con talentos inusuales.

Estudios realizados desde hace ocho años en Londres, revelan que esos autistas que son "idiotas sabios" se pueden dividir en tres principales categorías: músicos, artistas y calculadores de fechas. Las autistas sabios no entienden cómo hacen las cosas que hacen con tanto talento o lo que ellas significan. La mayoría del tiempo su comportamiento seguía por una lógica bizarra.

Las investigaciones revelan que los autistas no tienen memoria fotográfica. Si un calculador de fechas tuviera en su cabeza la imagen visual de un calendario, podría pasar rápidamente las páginas y encontrar a una velocidad sorprendente, en qué día de la semana cae la Navidad de cualquier año. Muchos de los autistas sabios pueden jugar con cifras de 20 dígitos en sus cabezas o decir en cuál día de la semana de un año cualquiera, pasado o futuro, cae una fecha determinada.

Las pruebas de autistas con talento musical o artistico ofrecen resultados similares. Autistas sabios pueden aprender fácilmente piezas de Grieg, que siguen las reglas clásicas, pero se atolondran con obras como las de Bartok, que creó un lenguaje musical que se sale de las limitaciones de la armonía tradicional. Por otra parte, hay algunos que pudiendo encontrar números primos, no pueden hacer la más simple operación de suma o resta.

Aunque ahora se sabe que hay un mecanismo que se rige por ciertas reglas y que funciona en los autistas sabios, nadie puede decir a ciencia cierta cómo se desarrolla el sindrome. Sin embargo, hay una hipótesis según la cual el cerebro compensa el daño en los lóbulos cerebrales, reorientando la información a través de un centro cerebral más rudimentario cercano a la base del cerebro. Debajo de la corteza cerebral, la parte del cerebro comprometida en el razonamiento, están el tálamo, una glándula y el hipocampo, comprometidos en la memoria. El tálamo controla el tiempo de atención de una persona y así determina cuál información se recuerda. La glándula escoge y cataloga los recuerdos de la misma manera como lo haría un bibliotecólogo. Y el hipocampo parece transferir los datos a la corteza cerebral para ser almacenados por largo tiempo. El daño a cualquíera de estos centros o a la conexión entre ellos, puede interferir con el aprendizaje y el recuerdo.

Sin embargo, el cerebro también tiene un sistema simple de memoria. Los ganglios basales, algunas veces llamados el cerebro reptil, porque fue el primero en evolucionar, es el responsable de los reflejos y los hábitos. Se cree que los autistas sabios pueden procesar muchos de los datos sensoriales allí, donde pueden ser operados rápidamente y fuera de la mirada de la mente consciente.

Un hipótesis ligeramente diferente, expuesta en 1987, sugiere que la parte derecha del cerebro del feto se desarrolla Primero, dejando a la izquierda más vulnerable a las drogas y otros riesgos antes del nacimiento. Un peligro es la hormona masculina, testosterona, que puede hacer más lento el crecimiento de la corteza cerebral. Si la testosterona interfiriera con el desarrollo del lado izquierdo del cerebro, las neuronas de ese ládo quedarían libres de emigrar al ya establecido hemisferio derecho. Este hemisferio se volvería relativamente sobredesarrollado. La hipótesis explicaría por qué más autistas sabios son hombres y por qué sus talentos se asocian usualmente con el lado derecho del cerebro.

Sería posible determinar cuál hipótesis es correcta con técnicas sofisticadas de scanner, que mostrarían cuáles partes del cerebro están áctivas mientras se realizan algunas tareas mentales. Sin embargo, hay quienes consideran no ético someter a los autistas sabios a un scan que ellos no comprenden qué es. El problema práctico es cómo lograr que ellos demuestren sus talentos mientras sus cabezas están inmovilizadas en un exótico aparato. Por ahora, pues, todo parce indicar qúe el síndrome seguirá siendo misterioso, lo suficiente como para seguir llamando la atención de cineastas y audiencias.--

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