Lunes, 16 de enero de 2017

| 2007/10/06 00:00

El buen ejemplo

Angelino Garzón, gobernador del Valle, se ganó la confianza de sus coterráneos gracias a su responsable gestión. SEMANA hace un corte de cuentas y divulga sus resultados.

El buen ejemplo

Si algo es común en un año electoral es que los aspirantes a cualquier cargo de elección popular, en algún momento de la campaña, pongan el espejo retrovisor y lancen una lluvia de críticas contra los gobernantes que están por salir. Pero, para sorpresa de los vallecaucanos, eso no está pasando con Angelino Garzón; por el contrario, hay unanimidad en la buena gestión del ex ministro de Trabajo. Su gobierno, que comenzó con una incertidumbre alta, hoy genera toda clase de elogios y confianza entre amplios sectores de la población, incluso entre algunos de los que al principio se mostraron reticentes.

Hace 15 días Garzón se reunió con la plana mayor de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), para hablar con ellos del balance de su gobierno, lo que el mandatario llama la rendición de cuentas. Luego de una hora de exposición, los presidentes de las más grandes compañías e industrias asentadas en el Valle lo felicitaron. Había logrado lo que todos estos altos ejecutivos saben de memoria: bajar la deuda, aumentar el recaudo e invertir el excedente para mejorar las condiciones de vida de la gente en el Valle del Cauca.

Pero el reconocimiento a su gestión trascendió el ámbito regional y, según el Departamento Nacional de Planeación, el manejo responsable de las finanzas del Valle en estos cuatro años le permitió pasar del puesto 30 al 13 en el desempeño fiscal de la última vigencia.

"No tengo ninguna fórmula mágica", dice el gobernador cuando se le pregunta cómo hizo para sacar adelante las finanzas de la región. "Concentré la contratación en mi despacho, rompí con los pactos politiqueros que habían 'cooptado' las dependencias y no cedí al chantaje de la asamblea", señala Garzón como las medidas que más rédito le dieron. Cada viernes, desde enero de 2006, el gobernador se reúne al final de la tarde con el secretario de Hacienda y varios de sus más altos funcionarios, para estudiar el comportamiento del recaudo, pedir explicaciones cuando los presupuestos no se están cumpliendo y ubicar coyunturas para mejorar ingresos.

Lo que no dice Garzón es que desde cuando tomó esas medidas, junto con otras como aprobar el prepuesto de cada año por decreto cuando la asamblea no se lo aprobaba, se ha granjeado muchos enemigos entre los políticos de la región ávidos de presupuestos y cuotas burocráticas.

Las medidas de control sobre el gasto las tomó cuando comenzaba el tercer año de su mandato y luego de ver que, por mucho que se apretaba el cinturón, no lograba bajar los gastos de funcionamiento, que en 2005 estuvieron 2 puntos por encima de lo que la Ley 617 o de Ajuste Fiscal permite a los departamentos que están con el semáforo en rojo, ad portas de la bancarrota.

Y es que cuando Garzón llegó al palacio de San Francisco, sede del gobierno departamental, la olla estaba raspada. Tan sólo en 10 años la deuda pública del Valle llegó a niveles alarmantes. En 1994 se situaba en 89.000 millones de pesos y para enero de 2004 ya ascendía a 675.000 millones de pesos. Durante ese mismo lapso la inversión del ente territorial nunca fue superior a los 160.000 millones, la mitad de los cuales eran recursos del Sistema General de Participaciones, o sea, dinero que envía la Nación. Las cosas llegaron a tal punto que para 2001 la Gobernación del Valle sólo destinó 14.000 millones de pesos para la inversión social.

"El propósito central de mi gobierno fue mejorar la gobernabilidad y para lograrlo, partimos de la defensa y la administración responsable y transparente del patrimonio público, a través del diálogo social, la concertación y la participación ciudadana", explica Garzón. En otras palabras, sin dinero para invertir en tratar de cerrar la brecha de injusticia social, los ciudadanos no respetan la ley ni el gobierno, mucho menos si sospechan que el dinero de sus impuestos no está siendo bien manejado. Lo que viene pasando en Cali, la capital del departamento.

Según Garzón, eso explica por qué la gente no se compromete con el cuidado de lo público y por qué la desconfianza en las instituciones crece. "¿Si no damos el ejemplo los que estamos en el gobierno o en las altos cargos de la empresa privada, qué modelos podrá seguir el común de la gente?", se pregunta este hombre de centro izquierda.

Pero si el gobernador de Valle no acepta que tenga una fórmula mágica para resolver los problemas, sí resalta la concertación como la clave para el desarrollo. "Sin importar la corriente de pensamiento o ideología, yo no habría podido gobernar sin contar con el gobierno nacional, en cabeza del presidente Uribe, y con cada uno de los alcaldes y las alcaldesas de los 42 municipios del departamento; tampoco habríamos avanzado a buen paso sin el aporte de los privados", reconoce Angelino.

Gracias al sello particular de la administración de Garzón, hoy en Valle hay varios programas que son modelo para otras regiones. Entre ellos se destaca la seguridad alimentaria para la población infantil, que beneficia 658.000 niños y niñas que desayunan y almuerzan todos los días gracias al programa. Otro programa, liderado por Garzón y su esposa, Monserrat Muñoz, es el complemento nutricional, que ayudó a mejorar los índices de cobertura educativa, pues cada niño que va al colegio recibe una libra de lentejas, una de fríjoles, azúcar y otros elementos que llevan a sus casas como una pequeña remesa. "Nosotros ponemos los recursos, la Iglesia certifica que los niños estén en el colegio y pertenezcan a las comunidades beneficiadas, y las cajas de compensación arman el paquete, ahí todos ganamos", concluye Garzón.

Antes de que termine su período, Angelino Garzón sueña con un proyecto que deja funcionando en su primera etapa y en plena construcción en la segunda. Se trata del Parque Tecnológico del Valle, una idea auspiciada por Orlando Rincón, inventor del concepto de parques de esa naturaleza en Colombia. "Estará ubicado en las antiguas bodegas de la Industria de Licores, cerca el del centro de Cali; tendrá la magnitud de Maloka en Bogotá, y su costo será levemente superior a los 6.000 millones de pesos", explica el mandatario. Con esto, Garzón siente que deja su granito de arena para mejorar las posibilidades de los jóvenes de la región para que cuenten con un lugar donde sus ideas y proyectos que involucren tecnologías tengan cabida y puedan ser potenciados para que se conviertan en negocios y fuentes de trabajo y de ingresos.

Finalmente, en el balance del gobierno de Angelino Garzón hay varias obras de infraestructura, que si bien no las está realizando con recursos propios del departamento, sin su participación no habría sido posible llevarlas a buen término. Por ejemplo, la doble calzada Buga-Buenaventura, el dragado del canal de acceso al puerto; la carretera Simón Bolívar, que será la alternativa para que Buenaventura nunca vuelva a estar incomunicada con el interior del país y, por último, haber logrado que se comience a construir la doble calzada La Paila-La Victoria-Cerritos.

"Dejamos una ruta sólida en materia financiera; el presupuesto de 2008, que asciende a 1.423.000 millones de pesos, listo y visibilizado como una herramienta ciudadana; saneadas las deudas con la banca, que cedió 13.500 millones de pesos de intereses; fondeado el 20 por ciento del pasivo pensional y a punto de pasar de rojo a verde en la categoría de inversión del Ministerio de Hacienda", concluye Garzón.

Con el trabajo serio y responsable de Angelino Garzón al frente del Valle, sumado al buen desempeño de otros mandatarios regionales como Sergio Fajardo en Medellín, y Lucho Garzón en Bogotá, una pregunta ronda en el aire: ¿es necesaria la reelección de alcaldes y gobernadores en Colombia?

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