Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/05/26 00:00

EL COSTO DE SER MUJER

Los hombres no lo saben pero triunfar en el trabajo y ser mamá, esposa y ama de casa al mismo tiempo es más difícil de lo que creen

EL COSTO DE SER MUJER

Son las 5:45 de la mañana. Suena el despertador. Rápidamente Cristina lo apaga y se levanta, se dirige al cuarto contiguo y despierta a sus dos hijas, Laura de 7 años y Mariana de 4. Aún somnolientas y un poco a regañadientes las dos se levantan y se meten a la ducha seguidas de su mamá, que está más apresurada que de costumbre. A las 7 a.m. debe exponer, ante todos los ejecutivos del banco para el cual trabaja como vicepresidenta financiera, cuáles serán las estrategias de inversión de los próximos cinco años. Con los temas que tratará rondando en la cabeza, Cristina organiza a las niñas para que se vistan y se arregla. Repentinamente Mariana empieza a llorar y a llamarla "¡Mamá! ¡Mamá!". Cuando Cristina llega la encuentra en el piso con una mejilla hinchada y una pequeña herida cerca al ojo. "Se cayó y se pegó con el borde de la mesa de noche", le explica Laura. Cristina llama de inmediato al pediatra, quien le aconseja llevarla a urgencias sin demora. Al colgar está aún más afanada. Su esposo está de viaje y no regresará antes del fin de semana. No tiene alternativa. Rápidamente sale para la clínica y desde el carro llama a su mamá para pedirle que se encuentren allá. A las 6:45 deja a Mariana en manos de su abuela y sorteando una larga fila de carros llega finalmente a su oficina a las 7:02. El presidente del banco ya la está esperando. Cristina, administradora de empresas con máster en finanzas, piensa que lo tiene todo: dos hermosas hijas, un matrimonio estable, una carrera exitosa y unos ingresos familiares que le proporcionan una vida acomodada. Sin embargo, con 40 años recién cumplidos, no puede evitar sentirse a veces insatisfecha y con deseos de revaluar su agitada vida. Como ella hay en Colombia cerca de 650.000 mujeres en cargos ejecutivos para quienes ocupar un lugar destacado dentro de sus empresas representa una gran satisfacción, pero también un gran esfuerzo: el de ser al mismo tiempo profesionales, mamás, parejas y amas de casa. Para estas mujeres el manejo de sus deberes como profesionales y como miembros de familia se convierte en muchas ocasiones en un dilema difícil de resolver y que se traduce en un alto grado de estrés, ansiedad, incertidumbre e insatisfacción. Según un estudio sobre mujeres ejecutivas realizado por Luz Gabriela Arango, Mara Viveros y Rosa Bernal para la facultad de administración de empresas de la Universidad de los Andes entre 1989 y 1993,"las formas de resolver este conflicto son múltiples: poner entre paréntesis la vida personal, aplazando el matrimonio y la maternidad; negociar continuamente responsabilidades familiares y profesionales con el costo personal que esto implica, o bien afirmar el proyecto profesional por encima de las limitaciones familiares, desencadenando algunas veces rupturas conyugales".
Las pioneras La forma como cada mujer afronta este dilema depende usualmente de su edad, su educación y del momento de la vida en que se encuentre. La actitud frente al trabajo de las mujeres que tienen hoy en día entre 20 y 30 años es radicalmente diferente a la de las que tienen 50 años o más. El reto de las mujeres que irrumpieron en el campo laboral hace 30 ó 40 años fue salir de la casa a disputarles a los hombres un espacio que había sido tradicionalmente masculino. Para ello comenzaron a calificarse y a obtener títulos universitarios, los cuales les abrieron las puertas en puestos ejecutivos. Aunque las relaciones al interior del hogar cambiaron poco, cada paso que daban en la calle era ganancia. Es por eso que, según la socióloga de la Universidad Nacional Florence Thomas, "las ejecutivas que hoy en día tienen entre 50 y 60 años no poseen un sabor de amargura. Estaban sometidas a una gran subordinación y todo lo que hacían era un avance en la ruptura con el rol de mujeres que les había impuesto una sociedad machista".
Las que siguieron Para las mujeres que salieron a trabajar en medio del boom de la liberación femenina las cosas fueron a otro precio. En su afán por recuperar un espacio que supuestamente les habían quitado los hombres, pretendieron volverse iguales a ellos y disputarles el poder en un mundo hecho por hombres y para hombres. En ese intento fueron varias las que sucumbieron. Muchas de las mujeres de esa época, que hoy están entre 40 y 50 años, tienen un sabor amargo porque la cultura no las siguió en su lucha por la igualdad. Para la doctora en ciencias sociales Mara Viveros,"las ejecutivas de esta generación exacerbaron el modelo masculino y cambiaron sus valores por los de ellos". El reto de las mujeres que tienen hoy entre 30 y 40 años es distinto. Su principal problema es que constituyen una generación sandwich a la cual le ha tocado manejar un presente cada vez más cambiante con conceptos rígidos formados en el pasado. Las situaciones para las que fueron educadas ya no existen, los modelos han sido revaluados y por eso se han visto obligadas a improvisar en el manejo de casi todos los aspectos de la vida.Para las profesionales que no han llegado aún a los 30 las cosas son a otro precio. Para estas mujeres el trabajo forma parte integral de sus planes y la mayoría no se plantea una opción distinta y los hombres que las acompañan tampoco. Las más jóvenes ya pertenecen a una generación de madres profesionales que así no hayan trabajado corresponden a un modelo distinto de mujer, y eso les ayuda a sortear mejor las dificultades.

El trabajo
El primer reto que afrontan las ejecutivas es, naturalmente, su trabajo. Aunque las épocas en que las mujeres tenían que hacer cosas descomunales para lograr llamar la atención de los jefes sobre sus capacidades ya pasaron, la posición de los hombres y de las mujeres dentro de las empresas aún dista mucho de ser igualitaria. No sólo porque la proporción de hombres y mujeres en el nivel ejecutivo puede ser fácilmente de 10 a 1, sino porque además las diferencias salariales son notorias. Varios estudios realizados en el país han mostrado que por el mismo trabajo las mujeres ganan en promedio 30 por ciento menos del salario que reciben los hombres. Esto no quiere decir que los jefes desconozcan las aptitudes de las mujeres. En general ellas son percibidas como más consagradas, más creativas, más responsables y con mayor capacidad de trabajo que el hombre. Según la sicóloga Elsy Bonilla, "el problema es que la cultura es masculinizante. Hay un gran reconocimiento para las aptitudes de la mujer en el trabajo pero a la hora de tomar decisiones el perfil masculino sigue predominando". Las diferencias, sin embargo, no son sólo cuestión de números. Mientras los hombres llegan al trabajo y prácticamente se desconectan de su casa, la mayoría de las mujeres no logran hacerlo. Desde la oficina llaman a disponer el almuerzo, preguntar por los hijos, ayudarles a hacer las tareas, así sea a larga distancia, y cerciorarse de que no haga falta nada. Aunque muchos hombres, y en particular los más jóvenes, comparten cada día más tareas de la casa con las mujeres, la mayor parte de las responsabilidades del hogar, y en especial las que conciernen a los hijos, continúan recayendo sobre los hombros de la mujer, para la cual el desempeño exitoso de las tareas del hogar sigue siendo símbolo de feminidad. En palabras de la sicóloga María Consuelo Cárdenas de Santamaría, "el hecho de que las mujeres sean gerentes de empresas no significa que dejen de ser gerentes de sus casas, así el marido ejecute algunas de las labores que antes sólo hacían las mujeres, como hacer mercado o llevar los niños al médico". Esta situación genera sobre ellas un estrés permanente del que difícilmente pueden librarse, no importa qué cargo ocupen.

La pareja
El segundo frente en el que una ejecutiva sabe que tiene que trabajar son los hombres. Para ella construir una relación de pareja o conservarla es otro reto que debe afrontar permanentemente. Mientras más alto sea el nivel de educación y el éxito profesional alcanzado por los dos, más alto es su nivel de exigencia frente al otro. "En las parejas en las cuales los dos son profesionales uno de los elementos más importantes del equilibrio es el manejo que cada uno hace del poder", afirma la sicóloga clínica Juanita Gempeler. "Y es esto precisamente lo que hace que las relaciones entre ellos no sean fáciles". Muchas mujeres han sucumbido en el intento y han decidido afrontar el conflicto descartando la vida en pareja o adoptando otras formas de relación que le ayuden a resolver el problema afectivo. Para ello, según la socióloga de la Universidad de Antioquia Argelia Londoño,"algunas mujeres se vuelven creativas: se involucran con hombres casados, o solteros pero menores que ellas, se limitan a parejas ocasionales o convierten la soledad en una opción". Uno de los esquemas que está adquiriendo adeptos es el del hombre y la mujer que deciden formar pareja pero manteniéndose independientes, cada uno en su casa y conviviendo eventualmente en la de alguno de los dos. Las dificultades que afrontan las ejecutivas en su relación de pareja varían según la edad. Las mayores de 50 años no tienen tantos conflictos en su vida matrimonial como los que viven las más jóvenes porque para la mayoría de ellas la familia estaba siempre por encima de todo. Pero abrir el camino tampoco fue fácil. María Eugenia de Rodríguez, ejecutiva de 55 años dedicada a los seguros, dice: "Tanto para mi marido como para mí fue muy difícil al principio. A él le gustaba que saliera y me desarrollara profesionalmente, pero cuando yo tenía que trabajar los sábados llegaban los reclamos. De todos modos lo más importante para mí siempre han sido mi hogar, mi casa y mis hijos". Lo más difícil para los hombres de esta generación fue aceptar que sus mujeres podían triunfar en la calle y ser tan exitosas como ellos . "No sé qué habría hecho si Judy hubiera sido la única exitosa de la familia", reconoce el libretista Bernardo Romero, de 54 años, casado con la actriz Judy Henríquez. "Para un hombre de mi generación aceptar que la esposa fuera la exitosa de la familia y uno fuera 'el marido de' era inconcebible".
Para las que vinieron después la situación fue muy distinta. Enfrentarse a los hombres en el trabajo significó para muchas mujeres tener que encararlos también en la casa. El principal obstáculo de las mujeres que tienen hoy entre 30 y 40 años radica en que los modelos de hombre, de mujer y de relación de pareja con los que fueron educados, tanto ellas como sus compañeros, no corresponden a la realidad que les ha tocado vivir. Aunque la mayoría de ellas estudió una carrera para ejercerla y en ese propósito han contado con el apoyo de sus parejas, a la hora de enfrentar el dilema entre ser profesionales y ser madres no pueden evitar tener sentimientos de culpa que las hacen desistir muchas veces de sus aspiraciones profesionales. Sus compañeros sienten la misma ambigüedad: admiran el trabajo que realiza la mujer y se muestran dispuestos a apoyarla, pero a la hora de la verdad les cuesta trabajo ceder en el terreno familiar para ayudarlas. En palabras de una alta funcionaria del sector público, "las mujeres somos unas verracas en la oficina mientras no falte la leche en la nevera". El problema, en opinión de Mercedes Borrero, oficial de programa del Fondo de Población para las Naciones Unidas, es que "estos hombres están buscando una mujer que ya no existe y sus mujeres a un hombre que aún no ha nacido". En las relaciones entre profesionales jóvenes las reglas del juego tienden a ser mucho más claras, pero las exigencias también mucho más altas. Las mujeres que se convierten en exitosas antes de los 30 creen saber lo que quieren y exigen resultados rápidos. Para evitar los conflictos que agobian a las treintonas, de entrada plantean pactos con su pareja. Muchas quieren vivir su romance y su sexualidad sin compromiso y otras deciden aplazar el matrimonio para no comprometer su profesión. Según la periodista Alexandra Uribe, dedicada a los temas de pareja, "las ejecutivas solteras no tienen afán de matrimonio. Lo aplazan por un posgrado o un trabajo. Cuando sienten que están listas para casarse el reloj biológico las presiona y comienzan a sentir ansiedad. Su visión del amor es práctica. Lo ven como si fuera una junta ejecutiva. Exigen claridad, puntualidad, y manejan el amor como el trabajo".

El hogar y los hijos. En cuanto al manejo de la casa, al igual que en el cuidado de los hijos, son muchas las mujeres que siguen llevando sobre sus hombros una buena parte de la responsabilidad (ver encuesta). Sin embargo en un buen número de casos la culpable de esta situación es la misma mujer. Según la socióloga Luz Gabriela Arango, "las mujeres se siguen sintiendo responsables de la casa y no dejan que ellos ayuden con las tareas domésticas. No creen que el marido haga las cosas bien y ellas mismas se crean esa doble carga de la cual se quejan tanto". Por otro lado, si un hombre es sensible, sabe cocinar y es buen amo de casa, parece subversivo y ellas lo miran con cierta sospecha. "Las mujeres, dice Florence Thomas, son cómplices de su propia subordinación". El terreno en el que más ansiedad e incertidumbre desarrollan las ejecutivas, sin embargo, es en el manejo de los hijos. Inclusive quienes se sienten más satisfechas con la forma como han logrado equilibrar trabajo y familia sienten algún tipo de duda sobre el impacto que esto ha tenido sobre sus hijos. Aunque para un gran número de mujeres profesionales es más fácil manejar la relación con sus hijos que con el marido, es en la primera en la que se generan más sentimientos de culpabilidad (ver entrevistas). La ansiedad y el estrés que genera esta ambigüedad ha llevado a un gran número de mujeres a dedicarse a su casa mientras crecen los hijos. "Eso que algunas ven como desventaja frente a los hombres es realmente una ventaja. Mientras las mujeres pueden todavía optar por dedicarse exclusivamente a la maternidad por un tiempo sin que nadie las juzgue, los hombres no tienen la oportunidad de hacerlo", dice María Consuelo Cárdenas de Santamaría. Pero quizás una de las transformaciones más significativas que se han producido en este sentido es que, gracias a la planificación familiar, las mujeres dejaron de asumir la maternidad como su destino para asumirlo como opción. "Se ha pasado de la maternidad valorada por lo cuantitativo a la maternidad valorada por lo cualitativo", asegura la enfermera Mariluz Mejía.
Sexo y fidelidad La posibilidad para la mujer de separar sexualidad y reproducción transformó radicalmente su vida sexual. Para Argelia Londoño, "la mujer pasó de ser objeto de deseo a ser sujeto de él y los hombres que antes sólo la veían como mamá empezaron a verla también como mujer". Al abrírsele esta nueva posibilidad, simultáneamente con su incorporación al campo laboral, la mujer comenzó a explorar caminos en un terreno que antes estaba reservado para los hombres. Las oportunidades de conocer otra gente le facilitaron relaciones de tipo sexual con personas distintas a su pareja, las cuales se tradujeron en un incremento de la infidelidad femenina. Esta exploración la llevó a descubrir nuevas fuentes de placer pero, paradójicamente, en la medida en que comenzó también a tener satisfacciones en otros campos la mujer fue dándose cuenta de que el hombre no era la fuente de todos los placeres y la satisfacción que antes encontraba solo en la cama empezó a encontrarla también en el trabajo, el éxito y el reconocimiento profesional. Sin embargo el estrés y las presiones empezaron a obrar en contra suya. "Los individuos se sumergen tanto en sus propios mundos que ya no tienen tiempo para el sexo", asegura la sicóloga Pilar Aguirre. El empeño de algunas mujeres en ser tan perfeccionistas y exigentes consigo mismas y con los demás ha afectado también la intimidad. "Como es prácticamente imposible hacerlo todo bien, generalmente la vida íntima con la pareja es la que sufre. Al final del día estas mujeres están tan cansadas que no les quedan energías para tener una vida sexual activa", afirma la terapista de pareja Marta Lucía Palacios. A pesar de que sus múltiples funciones les generan incertidumbres e insatisfacciones son muy pocas las mujeres que desearían regresar al pasado. La independencia, la autoestima y el nivel de desarrollo personal que la mayoría ha logrado son, para ellas, motivo suficiente para seguir adelante buscando el equilibrio que les permita llegar a la meta de ser excelentes ejecutivas, esposas, amas de casa y madres. Las mujeres reciben en promedio un 30 por ciento menos del salario de los hombres María Isabel Patiño
María Isabel Patiño quiere llegar a los 60 años sin sentimientos de frustración por no haber hecho lo que quería a lo largo de su vida. Su actual ritmo de vida es bastante agitado, aunque no tanto como cuando era la presidenta de Asocolflores. Hoy se desempeña como consultora privada, actividad a la que roba tiempo para atender a su marido y a sus dos hijas: María Luisa y Andrea, de 4 y 2 años, respectivamente. Cree que mantener el equilibrio entre el trabajo y el hogar, y hacer las cosas bien en ambos escenarios, no es una tarea fácil. "Para poder ser al mismo tiempo ejecutiva y madre de familia lo primero que hay que hacer es preguntarse qué tipo de educación quiere uno para ellos. Si piensa que estar con ellos es indelegable, lo mejor es quedarse en casa. Creo que más adelante les voy a aportar mucho más con mi experiencia que si estuviera todo el tiempo con ellos. Como ya decidí eso, no me siento mal", dice María Isabel. Pese a sus esfuerzos por intentar cumplir a cabalidad en todos los frentes, reconoce que por sus labores se ha perdido momentos importantes de la vida de sus hijas y que el cansancio puede afectar la vida sexual, razón por la cual hay que buscar tiempo y espacio para relajarse.
María Elvira Arango"Si me pusieran a escoger entre mi trabajo y ser mamá escogería ser mamá, eso le dura a uno toda la vida. Pero espero no tener que escoger", dice María Elvira Arango, esposa de Roberto Ossa, mamá de María, de cuatro meses, y presentadora del noticiero CM&. Para esta periodista, al igual que para muchas profesionales, el dilema entre ser una cosa o la otra ronda por su mente, aunque ya no con tanta frecuencia. Ahora dedica su día y su concentración a su hija y, cuando ella se duerme, aprovecha el tiempo para leer o para ir a la peluquería, lo cual es necesario en su trabajo. A su esposo lo ve un poco menos porque se cruzan sus horarios, pero está tranquila porque sabe que él goza con su éxito. Con este estado de cosas, María Elvira tiene un solo propósito en mente:"Lograr hacerlo todo bien. Ahí vamos_ ".
Adriana Sarmiento
Adriana Sarmiento tiene 35 años, es la vicepresidenta de mercadeo del Banco de Bogotá y una de las ejecutivas más ocupadas del país. Como le gusta su trabajo y no quiere dejarlo, organiza su tiempo de tal manera que pueda cumplir con sus actividades de esposa, madre y ama de casa. Para ella el hecho de que su esposo trabaje en Caracas y los visite sólo el fin de semana facilita las cosas. Con su esposo lejos, su tiempo lo divide entre su hijo de un año y sus labores del banco. "Me levanto como a las seis de la mañana, le preparo el desayuno a Michael, lo baño, lo visto, juego con él y hacia las 9:30 lo acuesto de nuevo y lo dejo en manos de la enfermera. Luego me voy para la oficina y le doy derecho hasta las seis de la tarde. Nunca salgo a almorzar. A las seis regreso a la casa, le doy de comer al niño, lo baño, juego con él y a las 8:30 lo acuesto y me pongo a trabajar hasta medianoche", dice Adriana, para quien esta rutina no es un sacrificio sino un gusto.
María Cristina Mejía
María Cristina Mejía, presidenta de Celumóvil, no se arrepiente de haberle dedicado tanto tiempo al trabajo, al que considera una medicina, un aliciente para conservar el espíritu optimista frente a la vida. Lo dice hoy con confianza después de 25 años de matrimonio con Lázaro Mejía y con dos hijos grandes a cuestas. Lo único que lamenta es que las horas no sean más largas para poder tener más tiempo para sí misma. En realidad más que la cantidad de tiempo lo que siempre le ha preocupado es la calidad del mismo. Por eso, cuando no tiene ocupaciones laborales en su agenda, se dedica a jugar tenis o a practicar la equitación con Nicolás y Santiago, sus hijos de 20 y 12 años, respectivamente. O mejor, a hablar con ellos sobre cualquier tema. Así, al igual que con su trabajo, se siente realizada. María José García
María José García, presidenta del Banco Central Hipot0ecario _BCH_, tiene claro que los tiempos han cambiado y que para la mujer de hoy la vida no es sólo hogar o trabajo, sino una mezcla de los dos. "Fuimos educadas por mujeres que no trabajaban y por eso no nos pudieron transmitir lo que necesitábamos para enfrentar este tipo de reto. Hoy uno se pregunta si tendrá que sacrificar su desarrollo personal o será posible que pueda aprovechar su preparación. ¿Dónde está el punto de equilibrio?", dice María José, quien se las arregla para dedicarle tiempo a su hogar y a su hijo Sebastián, de 8 años. Con él siente que realizó a plenitud su maternidad. Para ella lo más problemático de ser ejecutiva y mujer de hogar es que los hombres lo comprendan. "El problema de ellos es que continuamente confrontan la información que recibieron, su sueño de pareja, de familia, con la realidad y entran en crisis. Una ejecutiva necesita a su lado un hombre maduro, seguro de sí mismo,comprensivo, tolerante, que se sienta, antes que esposo y jefe de hogar, compañero", dice.
Isabel Londoño
Isabel Londoño, presidenta ejecutiva de Colfuturo, no se anda con rodeos: acepta que le ha dedicado bastante tiempo de su vida al trabajo, por opción y porque le ha tocado. Las consecuencias que le ha acarreado esta decisión son diversas. Por un lado, se convirtió en el orgullo de sus padres y de su hija Ana María. Por el otro, tuvo problemas con sus dos esposos, se perdió de muchos momentos importantes de la vida de su hija y el mismo ritmo que lleva la hace olvidarse de sí misma. Hoy, a los 40 años, está separada, vive con su hija, de 19, se declara feminista y con la conciencia tranquila. "Yo creo que lo más difícil de ser mamá y profesional es manejar el sentimiento de culpa. Yo siempre he trabajado porque me ha tocado. Esto me ha ayudado a no tener sentimientos de culpa en cuanto a mi hija y al tiempo que le dedico. Ahora estamos en plan de recuperar tiempo perdido, mi hija me dice que necesita unos años más de mamá, que le han hecho falta", dice Isabel.
Mabel García Los fines de semana
Mabel García se olvida de que es la presidenta de Caracol Televisión y se entrega de lleno a su familia. Lo cual no es poca cosa si se tiene en cuenta que le gusta lo que hace y el número de personas que componen su hogar. Mabel tiene cinco hijos. Tres son del primer matrimonio de su actual marido: Daniel, Camilo y Pedro. Uno, Carlos José, es hijo de ella y de su esposo anterior (con quien estuvo casada tres años y medio y enviudó) y el menor, Felipe, es hijo de ambos. Como ocurre con la mayoría de las ejecutivas, su mayor problema es organizar el tiempo: "Uno trata de imponerse una disciplina pero muchas veces se presentan inconvenientes que le desorganizan a uno las cosas. Mi hijo chiquito es el que más se queja por mi falta de tiempo. Los miércoles voy a almorzar a la casa pero siempre les parece que es muy poco lo que estoy con ellos".

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.