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| 3/14/2004 12:00:00 AM

El cura luchador

Tras 27 años de trabajo continuo en el barrio La Paz, el padre Cyrillus ha logrado construir uno de los modelos comunitarios más importantes de Barranquilla que beneficia a más de 80.000 personas de escasos recursos.

Cuando llegó en barco desde Amsterdam hace 27 años, Cyrillus Swinne, un sacerdote holandés, pensó que su visita a Barranquilla duraría unas semanas. Esta no era su primera vez en Latinoamérica, pues tiempo atrás unos padres italianos de su comunidad en Chiclayo (Perú) lo invitaron a conocer la capital del Atlántico.

Llegó un domingo de carnaval y los 40 grados de las fiestas en el Paseo Bolívar le hicieron olvidar el frío invernal de Holanda. "Quedé enamorado". Un contraste que sintió más en el barrio La Paz, en el suroccidente de Barranquilla, en donde los religiosos camilos de Holanda tenían una pequeña parroquia.

Fue en ese momento, en 1977, cuando decidió quedarse y conjugar el verbo que hoy es su muletilla a cada momento: luchar. Fue un inicio duro para un holandés que apenas balbuceaba algunas palabras de castellano, en un barrio en el que surgían las casas hechas con retazos de tabla, en medio del barro, los arroyos, la desnutrición, las enfermedades, y en donde no había servicios públicos ni mucho menos hacía presencia el Estado.

Las luchas del padre Cyrillus comenzaron por concientizar a los habitantes de La Paz de la necesidad de solidarizarse con ellos mismos. "Entonces no había sentido de comunidad. Eran personas desplazadas por la violencia y las necesidades, que corrían toda clase de riesgos para construir una nueva vida, como pelar un alambre de púas para conectarse a la luz eléctrica", recuerda el sacerdote.

El trabajo con la comunidad fue el punto de partida para edificar lo que hoy es uno de los modelos comunitarios de autogestión más importantes de Barranquilla que atiende a más de 80.000 personas del suroccidente de la ciudad. Con la comunidad construyó el Centro Don Camilo, una clínica de primer nivel que atiende a 75.000 personas al año; el Centro de Recuperación La Paz para niños desnutridos y discapacitados, el Hogar San Camilo y el Centro Día para la Tercera Edad, el Grupo Guías de Salud, la Biblioteca Popular La Paz; la Cooperativa Multiactiva, el Colegio San Pablo, el Hogar Policarpo para niños de la calle o de familias en crisis y la Guardería La Paz.

Esta gran obra no fue fácil de edificar. Cuando llegó a Barranquilla, el padre Cyrillus estaba recién graduado de enfermero y pensó que aliviando a los enfermos paliaría un poco el sufrimiento de los habitantes de este sector olvidado de la ciudad. Al principio improvisó en un cuarto un consultorio con dos voluntarios y una remesa de medicinas que su comunidad había enviado desde Italia. Descubrió que eran pañitos de agua tibia para un barrio que padecía de la indiferencia de una ciudad que crecía a sus espaldas.

La Paz es un sector de invasión que junto con otros barrios vecinos como Sourdís, Lipaya, La Manga, Las Malvinas, La Esmeralda conforman la Comuna Cuatro en Barranquilla y en el que hoy viven más de 70.000 personas. "Nos dimos cuenta de que había otros problemas que influían en la salud de los vecinos". Entonces se empecinó en que tenían que realizar un proyecto de desarrollo integral para la comunidad.

Convenció a la gente de formar comunidad en torno a la solución de sus problemas. Primero construyeron un parque, "no era indispensable, frente a la salud o el alcantarillado, pero se logró que todos trabajaran".

De allí y poco a poco le fueron quitando espacio a los politiqueros que -según él cuenta- tenían en la falta de servicios públicos, de salud y educación una forma de tener amarrados a los habitantes de La Paz. Detrás de Cyrillus llegaron el padre Humberto y la hermana María Poulisse, también religiosos camilos. Humberto recuerda que los intimidaban por fomentar marchas en la comunidad para exigir los servicios básicos. "Un detective del DAS me preguntaba por qué venía de un país rico como Holanda a uno pobre como Colombia. 'Seguro son guerrilleros", le decía el funcionario.

Con la creciente organización aprovecharon que una junta de acción comunal había dejado abandonadas dos aulas convertidas en un basurero y refugio de drogadictos para construir el colegio comunal mixto. "Era pura arena y barro", recuerda su rector Edgardo Camargo. El colegio creció por la gente. El plantel pasó a manos de una fundación conformada por los mismos padres de familia, ex alumnos y estudiantes. En la actualidad atienden a 595 alumnos de toda la zona, en dos jornadas: en la mañana, la primaria, y en la tarde bachillerato con énfasis comercial.

"Cuando lo reconstruimos y ampliamos nos tocó luchar contra la junta de acción comunal para que no nos lo quitaran", recuerda Cristian, uno de los jóvenes que formaba parte del círculo estudiantil.

Ese fue el comienzo de la Red Educativa del Suroccidente, un sistema de siete colegios comunales que se unieron y que en la actualidad atiende a más de 3.000 alumnos pobres. La Red ha logrado que el Estado pague el 80 por ciento de los gastos de funcionamiento de los colegios y subsidie a buena parte de los alumnos.

Judith Sarmiento, uno de las directivos de la Red, explica que esta organización ha sido un puente entre la comunidad y las autoridades, que logra el apoyo del gobierno hacia los niños pobres y proteger su derecho a la educación. Sin ningún colegio público en la zona, ellos han crecido y desde 2002 reciben apoyo directo del Ministerio de Educación.

"Si no existiera el colegio los índices de violencia en La Paz serían mayores", señala Sarmiento. A pesar de este esfuerzo, se calcula que 60.000 niños del suroccidente de Barranquilla no tienen cupos educativos.

La Paz de hoy

Todavía, 27 años después, las luchas del padre Cyrillus Swinne continúan. La Paz ha cambiado mucho desde que llegó en 1977, con algunas calles pavimentadas y uno que otro arroyo canalizado los problemas y las necesidades no han desaparecido. Mucho de lo que tiene el barrio lo logró tocando puertas en Europa y Colombia, con ONG y el sector privado de la ciudad que apoyaron esta obra comunitaria.

Según el sacerdote, la corrupción ha deteriorado todo. "Es una lucha". El colegio y el centro médico subsistían con los recursos de régimen subsidiado de salud, pero estos dejaron de llegar.

El colegio funcionaba por subsidios que el gobierno nacional trasladaba a la Alcaldía de Barranquilla, pero como lo señala Cyrillus, los retrasos en los giros tienen al colegio a punto del cierre; a los maestros mientras tanto les deben siete mesadas. "Es la angustia porque desde 1994 hay que pelear para que se cancelen los subsidios", dice su rector Eduardo Camargo. A pesar de esto la tenacidad de los mismos maestros ha hecho que el proyecto continúe.

Entre tanto, el centro médico San Camilo está en aprietos porque muchas de las ARS han dejado de pagar oportunamente las facturas de la atención de las familias que dependen del régimen subsidiado. Las deudas del Distrito y las ARS con San Camilo suman 2.000 millones de pesos. A pesar de las dificultades no han dejado de atender a la población.

Sin embargo, en La Paz no dejan de soñar y Cyrillus continúa con sus luchas y sueños. Planean construir la plaza de La Paz, un lugar de zonas verdes y parques propicio para la cultura y los deportes. Además, convertir el centro San Camilo en un hospital materno infantil y ampliar el ancianato para poder recibir a más de 40 ancianos sin familia.

Con la Fundación La Paz se proyecta construir un parque interactivo. El proyecto está diseñado para que enlace virtualmente la biblioteca del centro comunitario con la biblioteca Piloto del Caribe. Ya cuentan con el apoyo de la Fundación Luis Eduardo Nieto Arteta.

Cyrillus recorre los patios del ancianato y muestra con una mezcla de orgullo y humildad el sitio donde va a construir una casa de recreo para los ancianos. Tal vez será su sitio favorito, porque confiesa que ahora quiere envejecer y morir en Barranquilla.
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