Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1990/03/05 00:00

EL DESEMPLEO DEL SICARIATO

La muerte de El Mexicano y el cerco militar a Pablo Escobar, han dejado a 3 mil sicarios desocupados. SEMANA investiga las consecuencias de este fenómeno.

EL DESEMPLEO DEL SICARIATO

Un automóvil negro y lujoso atravesó el corazón de Medellín. Dejo atrás las chimeneas de la zona industrial y se interno en el sur de la ciudad, por entre un laberinto de calles iluminadas apenas por el neón de los bares y las discotecas. Después de superar una empinada cuesta llegó a La Estrella, un pequeño municipio anexado a Medellín donde habitan cerca de cinco mil personas y funcionan 22 moteles de construcciones suntuosas con pisos de mármol y antena parabólica.
El vehículo recorrió las calles de La Estrella y, después de unos minutos de inspección, ingresó al motel "Los Chalet". En su interior viajaba John Jairo Velásquez Vásquez, alias "Popeye", la mano derecha de Pablo Escobar Gaviria, jefe de sus escoltas y responsable de las bandas de sicarios de Antioquia. El mismo hombre que junto con "Chiruza" -asesinado hace unos meses- negoció en la cancha de fútbol de este municipio el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla y pagó luego los 500 millones de pesos que costo la misión. Eran las diez de la noche del 23 de diciembre pasado. Una hora antes 9:00 p.m. habían llegado al mismo sitio 150 hombres. Muchos de ellos no pasaban de los 15 años, pero a su edad son los cabecillas de las bandas de sicarios más tenebrosas que operan en las comunas nororientales y noroccidentales; las de Bello, Envigado, Niquía y La Estrella. Ya desde las primeras horas de la noche, una caravana de camperos se había tomado las calles del pueblo y sus ocupantes lo "militarizaron".
Durante más de una hora "Popeye" se reunió con la cúpula del sicariato en "Los Chalet", a menos de una cuadra del puesto de policía de La Estrella. Alrededor de la medianoche, abandonó el lugar y el resto de asistentes a la "cumbre" improvisó durante toda la madrugada un verdadero carnaval por las calles del pueblo, con música y licor.
¿Por qué tanto alborozo? No era una bacanal más de las que acostumbra el narcotráfico. La reunión había tenido un objetivo preciso: Don Pablo mandaba a decir con "Popeye" que el sicariato paisa continuaría subvencionado por el cartel de Medellín, mientras pasaban las dificultades del negocio. Por plata, pues, no había que preocuparse. Don Pablo les garantizaba su mesada. La promesa comenzo a cumplirse al día siguiente, cuando"Popeye" les hizo llegar a las bandas una gruesa suma de dinero con la que éstas compraron reses y licor, y celebraron la navidad a todo taco.
La reunión era el reconocimiento de que el sicariato atravesaba a esas alturas un problema claro de desempleo. Si se tiene en cuenta que las autoridades calculan la existencia de 300 bandas con un promedio de diez miembros cada una, se trataría de por lo menos 3.000 hombres adiestrados para matar y secuestrar. Todo un ejército que tras la muerte de El Mexicano y el cerco tendido a Pablo Escobar, con una red de intermediarios asustada y una organización infiltrada por las fuerzas de seguridad, estaba perdiendo aceleradamente una fuente fija de contratos millonarios.
Seguramente, en medio de la euforía los sicarios no se detuvieron a pensar por que al jefe del cartel le preocupaba tanto la estabilidad económica de las bandas. ¿Acaso por esos días de navidad, dado de baja El Mexicano y acorralado el mismo como nunca por el ejército y la policía, estaba contemplando ya la posibilidad de una rendición? Es muy probable, si se tiene en cuenta que para esa fecha el cartel de Medellín tenía en su poder a varios personajes de la alta sociedad secuestrados para presionar al gobierno, entre ellos las señoras Patricia y Diana Echavarría y el hijo de Germán Montoya, Secretario General de la Presidencia. En esas condiciones no parecía prudente tener sueltos a centenares de sicarios delinquiendo por su cuenta y riesgo, en busca de dinero, y más bien podrían convertirse en un estorbo para sus proyectos de negociación.
O, por el contrario, ¿pensaba Pablo Escobar que más que nunca era necesario tener estimulada esa "fuerza disponible" para el caso de que la guerra se agudizara?
Sea lo que fuere, el hecho irremediable es que el sicariato ha caído en una época de vacas flacas con graves consecuencias para la sociedad colombiana y, particularmente, para los antioqueños. El fenómeno del desempleo sicarial puede resultar como cuando el remedio es peor que la enfermedad. Si bien es cierto que el país tiene la certidumbre de que el narcoterrorismo está tocando a su fin, ya sea porque en realidad se cumple el proceso de rendición de los extraditables, o porque, como se presume desde diciembre, las autoridades le caen en cualquier momento a Escobar y a Ochoa para extraditarlos o darlos de baja, no podría esperarse lo mismo de la violencia generalizada. Con sobradas razones muchos sectores temen que las bandas de sicarios desempleados, delinquiendo indiscriminadamente para tratar de suplir los millones que antes se ganaban de un disparo, resulten ahora más peligrosas que Escobar o El Mexicano.
Las autoridades son conscientes de la amenaza. El coronel Evans, comandante de la Policía Militar, declaró a SEMANA que si no hubieran intervenido desde diciembre en el control de las bandas, los antioqueños habrían pasado una amarga navidad. Si en los peores momentos de la delincuencia se contabilizaron hasta 200 crimenes en una noche el coronel Evans estima que esa cifra se hubiera duplicado.
La primera voz de alerta sobre las consecuencias del problema la dió el comandante de la policía metropolitana, Humberto Camero Maldonado, hace tres meses cuando denunció un auge en el robo de carros y se lo atribuyó a "los vagos del narcotráfico". De ahí en adelante el desempleo de los sicarios se vió reflejado en la diversificación de sus delitos. Muchachos entrenados para matar con armas sofisticadas se dedicaron al asalto callejero, al robo de bancos y corporaciones financieras, y a la industria del secuestro. Sus víctimas son profesionales de clase media alta a quienes les exigen considerables sumas de dinero que deben ser canceladas en menos de 48 horas. Las autoridades calculan que en el mes de noviembre fueron asaltados seis bancos y secuestradas 35 personas, por cuenta de estas bandas. Para diciembre se comprobó que 14 mas cayeron como rehenes, y en enero, Antioquia registró un total de 54 secuestros, aunque el ejército solo ha confirmado 12 en poder de estas organizaciones. El robo de carros ha sido constante y se calcula un promedio de 14 diarios que se cometen a plena luz del día amenazando con pistola a los conductores.
Quizas la mayor prueba del nivel delincuencial en el que cayeron los desocupados del narcotráfico en la práctica de la "vacuna vecinal", un sistema de extorsión que consiste en exigirle a pequeños y medianos comerciantes o industriales de barrio sumas que oscilan entre 100 y 500 mil pesos para que él y su familia puedan dormir tranquilos. Uno de los grupos sicario-vacunadores se llamaba "El Chispero" y fue desmantelado en el barrio San Blas de la comuna de Manrique.
Si para la sociedad el mal parece cada vez más inmanejable, para el propio Cartel es una especie de Frankestein que será muy difícil de liquidar. La organizacion vertical y compartimentada que existía comenzó a desmoronarse. Casi la totalidad de las bandas que en otros tiempos vivían unidas, se declararon la guerra entre sí, y es común ver fenomenales grescas a muerte en las calles. En la sola cárcel de Bellavista (ver recuadro) en la última semana han sido asesinados cuatro matones de quienes se sospechó podrían ser informantes del ejército. En el barrio Aranjuez, comuna nororiental, tres grandes bandas que copaban una zona de medio millón de habitantes y cometían el 50% de los crímenes de Medellín, se desintegraron para conformar grupos de cuadra, de apenas ocho miembros con tal ferocidad que pasar de una cuadra a otra puede significar la muerte. Fue lo que le ocurrió la semana antepasada a un joven de 12 años que se salió de sus límites huyendo de un soldado y terminó muerto de 35 puñaladas sin que el soldado del Batallón Girardot pudiera reaccionar.

En otros sitios los grupos optaron por asaltarse entre ellos. Los expendedores de estupefacientes han sido el blanco. En los parajes solitarios los esperan para robarles el matute -delito que estaba prohibido en el código sicarial- y de paso los asesinan. Las vías principales de Medellín han comenzado a verse despejadas de las famosas "narcotoyotas" y de los demás signos de agresión que fueron un factor sicológico de apoyo a todo el esquema de poder implantado por el narcotráfico en la ciudad. Y lo peor de todo para la organización criminal es que simultáneamente con el desempleo surgió otro factor en contra: las bandas parasicariales. Es decir, grupos armados de los mismos barrios que se dedican a limpiar sus zonas. Se les conoce con el nombre de "Los Capuchos" y se asegura que son, en parte, responsables de muchos amaneceres con cadáveres al descubierto en los alrededores de la ciudad.
En medio de este caos interno a los sicarios sólo les faltaba cometer un error de cálculo. Y lo cometieron el 4 de enero pasado. La IV Brigada recibió información sobre el paradero de Alfredo Vasquez, alias "El Panadero" o "El Pana", encargado por el cartel de la contratación de bandas en la comuna nororientaL Dos soldados encubiertos fueron encargados de las labores de inteligencia. A dos cuadras del Batallón Girardot, y cuando interrogaban a unos jóvenes se vieron rodeados por muchachos armados con cuchillos que los asesinaron. El crimen rebozo la copa de los militares que en segundos se tomaron la zona y detuvieron a 200 sospechosos. A partir de ese momento el General Harold Bedoya, comandante de la IV Brigada, ordenó una contraofensiva a fondo que, según sus propias palabras," sólo terminará cuando sean desmanteladas esas bandas de lacras".
Los primeros resultados de la operación parecen ser un alivio en medio de tanta sangre. 250 delincuentes, a quienes se les ha comprobado participación en crímenes, han quedado a ordenes de los jueces y algunos pasaron a la cárcel de Bellavista. 85 bandas han sido plenamente identificadas y desbaratadas: mientras muchos de sus miembros están presos los otros andan huyendo. Durante el mes de enero cerca de cuatro mil uniformados allanaron los sectores en donde operan las bandas e incautaron 117 armas y 4 vehículos. Además retuvieron a 426 individuos denunciados por la ciudadanía, de los cuales 103 pasaron a ordenes de las autoridades para que se les estudie su participación en homicidio, secuestro y terrorismo .
Aunque la última cifra oficial, al cierre de esta edición, indica que de 35 crímenes diarios cometidos en promedio durante noviembre y diciembre, se bajo a 6 en enero, no se puede cantar victoria. La verdad e que los principales cabecillas del sicariato están sueltos y si, definitivamente, Medellín se les vuelve invivible, no sería extraño que comenzaran a operar en otras regiones. Por otra parte la cárcel de Bellavista no es ninguna garantía y mientras siga siendo una república independiente en donde los que mandan son los sicarios y terroristas, siempre se está corriendo el riesgo de una fuga masiva. De hecho los directivos del penal temen que en cualquier momento se produzca una hecatombe.
La debilidad de la justicia tampoca da mucha credibilidad a las gentes que, en principio, se han mostrado alborozadas por la acción del Ejército. Los militares consideran que es urgente establecer una alternativa, por ejemplo, mediante tribunales superespeciales que puedan estar al margen de presiones y amenazas. La solución sería válida también para los "soplones" que en las condiciones actuales no se atreven a sostener ante los Jueces lo que en privado denuncian ante los militares.
Y si en el terreno de los hechos inmediatos todo es tan frágil, en el de la acción gubernamental a largo plazo el asunto suena peor. Al parecer, las autoridades civiles no están preparadas para llenar con planes sociales y educativos el vacío que eventualmente dejen las hordas de sicarios "barridos" de las zonas marginales de Medellín. En síntesis, si en el mejor de los casos el virus se acaba, el terreno seguirá abonado por ahora para que más niños y adolescentes se en rolen en la única profesión que en los últimos diez años se ha enseñado en esas zonas: ¡matar!

REVUELTA EN EL INFIERNO
A la cárcel de Bellavista la llaman el infierno. Allí, en dos rectángulos de 100 metros de fondo por 15 de ancho cada uno, funcionan los patios cuarto y octavo, y viven 1.600 reclusos: el 43% del total de la población carcelaria. Una cifra que está por encima de cualquiera de las otras 183 cárceles que hay en el país. En esos patios se libran dos guerras: una por el espacio y otra por el ajuste de cuentas entre las bandas de sicarios.
Bellavista es una bomba de tiempo. Mensualmente se presenta un promedio de 16 asesinatos, 40 heridos y unas 15 violaciones. Más de la mitad de los reclusos consumen estupefacientes y en los dos últimos años se han presentado 18 fugas. A finales del año pasado se intento una evasión masiva que terminó con la muerte de 13 presos y dos guardianes. La situación ha empeorado en las últimas tres semanas cuando el Ejército inició una fulminante ofensiva contra las bandas de sicarios que sembraron el terror en la capital paisa. Dentro de la cárcel operan cuatro bandas que están en guerra y cada día los enfrentamientos dejan por lo menos cuatro muertos. Desde allí se manejan los negocios de afuera. Se dan ordenes para ejecutar miembros de grupos que suponen se convirtieron en informantes de las autoridades. Adentro se encargan de asesinar a jóvenes que fallaron en misiones y que cobraron gruesas sumas de dinero sin haber terminado su trabajo. Las cuatro bandas que siembran el terror dentro del penal son "Pucho eléctrico", encargados de manejar los negocios del vicio dentro de los diferentes patios; " La laguna", integrada por los informantes que son los encargados de sonsacarle datos a los guardias sobre las fechas en que las directivas del penal van a realizar pesquisas en busca de las caletas donde esconden las armas que logran penetrar en los días de visitas."Tinto Frío", encargados de ejecutar a los homosexuales; y "La Guayana", la banda mas poderosa dentro de la cárcel de Bellavista. Está integrada sólo por los cabecillas de organizaciones que han participado en crímenes de altos funcionarios o en atentados dinamiteros. Hasta hace unos meses estas bandas compartían los patios cuarto y octavo. Pero las cosas comenzaron a cambiar cuando el Ejército decidió desmantelar el sicariato organizado de Antioquia y muchos de los sicarios decidieron colaborar con las autoridades. Entonces se inicio por parte de estas organizaciones una operación "rastrillo", en la que ha rodado mucha sangre dentro del centro penitenciario.
Es tal la situacion, que las directivas de la cárcel temen por una revuelta general en los próximos días. Y la situación es mucho más agravante, si se tiene en cuenta que en Bellavista no hay manera de realizar requisas minuciosas a los visitantes que domingo a domingo ingresan a los predios de la cárcel en un numero mayor a los tres mil.
El domingo 21 de enero, en un golpe de suerte, los guardianes encargados del ingreso al penal descubrieron una granada de fragmentación que trataba de meter una mujer que se disponía a ingresar al patio octavo. Un arma explosiva lo suficientemente poderosa para haber causado decenas de muertos dentro del penal. Esos golpes de suerte muy de vez en cuando se dan. Por ello el tráfico de armas como el de estupefacientes es muy común dentro de este infierno llamado cárcel, donde los mismos directivos no se atreven a ingresar a los patios porque nadie les garantiza sus vidas.

VER CUADRO PAGINAS 24 A 25

ORGANIGRAMA DEL SICARIATO ANTIOQUEÑO

LAS CIFRAS DEL OPERATIVO
. Soldados en acción 4.000
. Banda de sicarios identif. 85
. Sicarios denunciados por
la ciudaddanía 426
. Sicarios detenidos con
crímenes comprobados 250
. Armas incautadas 117
. Vehículos decomisados 4

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