Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 1/15/2001 12:00:00 AM

El emprendedor

Alfredo Hoyos ha hecho de Frisby un modelo sin precedentes de responsabilidad empresarial.

En estos vientos hura-canados de recesión hacer empresa en Colombia se ha vuelto un acto heroico. Pero hay alguien que se ha embarcado en esa odisea con éxito. El pereirano Alfredo Hoyos, fundador y presidente de Frisby, no sólo ha hecho de su firma la tercera más importante de comidas en Colombia sino que se ha inventado un modelo exitoso y sin antecedentes en el mundo empresarial del país. De 54 años, Hoyos inició su carrera como fundador y socio de Kokoriko hace más de 30. Al poco tiempo decidió que quería experimentar con su propia compañia y le vendió su parte a los hermanos Eduardo y Antonio Robayo. Creó Frisby, pionera del pollo frito en Colombia, con una sucursal en el centro de Pereira y seis empleados. Veintitrés años después Frisby tiene 65 puntos de venta y más de 1.000 empleados.

¿Cuál ha sido la estrategia para incrementar la rentabilidad de la empresa y además mejorar la calidad de vida de sus empleados? La respuesta es Suani (que en idioma muisca significa armonía). Este programa lo inventó un siquiatra antioqueño para que la gente se liberara de sus caciques políticos y fue llevado a la práctica en algunos municipios del Valle. Frisby lo adaptó de manera novedosa para el ámbito empresarial.

Suani busca lograr un cambio en la conciencia y autoestima de los trabajadores para que se vuelvan independientes y capaces de tomar sus propias decisiones. Hoyos asumió esta metodología porque está convencido de que el complejo de inferioridad de los colombianos ha llevado a que nadie se sienta orgulloso de lo que es o de lo que hace. “Cuando un cantante va a México y se vuelve famoso, entonces cobra importancia en Colombia. La gente ha renunciado a su identidad buscando imitar cosas que no se acomodan”, afirma Hoyos. Por eso busca rescatar lo autóctono reforzando la autoestima de sus empleados para que entiendan que en los colombianos hay más sabiduría que en otras partes.

Lo hace mediante talleres de outdoor training en un bosque cerca de Pereira a los que todos los empleados de Frisby, desde los directivos hasta los de menor nivel, deben asistir semanalmente, durante seis meses o un año. Este entrenamiento al aire libre consiste en varios ejercicios de alto nivel de esfuerzo que al final permiten quitarles los miedos a la gente. En un país tan estratificado no es fácil encontrar a un presidente de una compañía que esté dispuesto a subir por una montaña vendado y cogido de la mano de ‘tú a tú’ con la señora de los tintos. “De lo que se trata precisamente es de eliminar la doble moral que causan las barreras jerárquicas. Con este programa se produce un nuevo sistema de comunicación basado en la transparencia”, explica Alfredo Hoyos.

Lo cierto es que es difícil encontrar otra empresa en la que los empleados se sientan tan felices y comprometidos como los de Frisby. Esta compañía nunca ha tenido ni siquiera un intento de sindicato y en la mayoría de encuestas de las firmas de auditoría sobre servicio al cliente ha salido como una de las mejor calificadas. El truco es simple: convertir a los trabajadores en seres humanos independientes, líderes capaces de tomar decisiones y de asumir sus responsabilidades.

Pero eso no es todo. Alfredo y su esposa, Liliana Restrepo, gerente de la compañía, crearon un colegio para 550 niños de estrato uno que subsidian desde hace 15 años y que funciona en Dosquebradas (Risaralda). Este año salió la primera promoción con excelentes resultados en el Icfes. No sólo los enviaron a Cartagena de excursión sino que Frisby les otorgó cuatro becas a los mejores para que estudien la carrera que quieran en cualquier universidad.

Hoyos, además, dedica la mitad de su tiempo a dictar conferencias en diferentes universidades sobre liderazgo e importancia de hacer empresa en Colombia con responsabilidad social.

Frisby es el mejor ejemplo de ello. No se trata de donarles plata a los pobres, se trata de mejorar las condiciones de la gente menos favorecida, pero involucrándose con ella. Y, como dice Alfredo, “esa es la diferencia entre la caridad y la solidaridad. La primera vuelve a la gente cada vez más dependiente; la segunda hace a las personas libres porque permite que se paren en sus propios pies”.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1830

PORTADA

En la cuerda floja

La economía avanza a paso muy lento. Se necesita con urgencia un estartazo, pero el desánimo y el pesimismo limitan las posibilidades de una recuperación.