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| 6/24/2006 12:00:00 AM

El estropajo

Un singular y popular utensilio que se renueva y que se resiste a desaparecer en la época de los grandes avances en la estética.

Los colombianos valoran mucho el aseo personal. El baño diario es una obligación y muchos son tan fanáticos de la higiene, que suelen repetir el ritual hasta dos veces al día. Quién no ha entrado a la ducha de agua muy caliente con un jabón en una mano y un estropajo en la otra. La mayoría son fieles a las bondades de esta planta. Otros, por el contrario, han sido traumatizados por ella. Tal es el caso de toda una generación de primos en la familia Molina, que tuvieron que sufrir en carne propia el abuso de este implemento durante el baño dominical. Gracias a la tía Paty, quien siempre renegó que: "Están percudidos". Sin tener en cuenta que por genética eran morenitos y pecosos. La ducha se convirtió en una pequeña tortura, ya que el uso exagerado del estropajo deja la piel muy roja y adolorida.

Pero aun así, restregar con estropajo sigue siendo 'bendito' para las callosidades, la piel reseca, el acné, la flacidez, la celulitis y las ollas pegadas. Y cuando se oyen palabras tan propias de estas tierras, como restregar o refregar, es inevitable pensar en este utensilio. "El estropajo es tan colombiano como el café", dijo Óscar Fernando Escobar, gerente general de Estrocol, empresa especializada en la producción de productos hechos con base en el estropajo. Curiosamente, ambos fueron traídos a América por los colonizadores desde las lejanas tierras asiáticas.

La luffa cylindrica fricatoria pertenece a la familia de las cucurbitáceas, que son plantas trepadoras, es decir, prima del pepino y la calabaza. El fruto pasa por un proceso de deshidratación y secado para conseguir su textura fibrosa y puede llegar a ser de hasta 60 centímetros de largo. Se da muy bien en climas tropicales, y en Colombia, sus plantaciones más fructíferas se encuentran en la zona cafetera y el Valle del Cauca. Acá es utilizada desde la época de la Colonia y se convirtió en un importante implemento dentro del mercado mensual. En cada casa se compraba un estropajo grande al que se cortaba en dos. Una mitad era utilizada para restregar los platos y las ollas, la otra, para refregar el cuerpo durante el baño.

Aún hoy se pueden encontrar los frutos de esta planta en su estado original en muchos semáforos de las grandes ciudades, en las plazas de mercado y en algunas tiendas naturistas. Pero al igual que el café, que ahora viene en todo tipo de variaciones, el estropajo ha ido cambiando y estilizándose con los avances de la industria. Ahora se le conoce como lufa y viene en diferentes presentaciones, como pomitos, en guantes o pegado a toallas. Su presentación cilíndrica y poco anatómica se ha convertido en delgada y elegante, ideal para utilizar en sesiones de spa. Ya no es tan dura y picosa como hace años y tiene diferentes niveles de firmeza para asegurar una excelente exfoliación.

Esta esponja vegetal, que además es completamente biodegradable, se utiliza también para confeccionar sandalias, plantillas para los pies, filtros para calderas, relleno de asientos para carros y aviones y también como aislante acústico. Por esto se ha convertido en un importante producto de exportación. Pero aun así, los colombianos siguen asociando y utilizando el estropajo para su función original, dejarlos limpios, relucientes y despercudidos después de cada ducha con agua hirviendo.

* Periodista de Semana.
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