Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1991/02/18 00:00

EL FACTOR ISRAEL

Si Israel entra a la guerra, las consecuencias serían menos catastróficas de lo que se ha especulado.

EL FACTOR ISRAEL

El viernes al amanecer, sonaron las sirenas de alarma en Tel Aviv y sucedió lo que el planeta entero esperaba que no sucediera Israel habia sido atacado por Saddam Hussein Ocho cohetes soviéticos Scud sobrevolando el espacio aéreo de Jordania cayeron en el centro de la capital israeli Milagrosamente nadie murió. Los cohetes soviéticos para recorrer esa distancia habían tenido que perder potencia y al llegar al blanco eran poco más que una masa de metal Pero aún asi representaban el cumplimiento de la amenaza iraquí de convertir la guerra en un conflicto árabe israelí agrediendo en forma unilateral a Israel.
El mundo se paralizó en espera de la respuesta judia de la cual dependía, teóricamente, el mantenimiento de varios de los socios en la coalición internacional. El presidente Bush le pidió al gobierno de Israel que dejara la defensa o la retaliación en sus manos Israel actuó en forma cautelosa Señaló que tenga el derecho a defenderse de esa agresión, pero que se reservaba esta facultad para cuando lo considerara conveniente. Era obvio, sin embargo, que por razones políticas internas esta prudencia y esta pasividad desapareceran en caso de un segundo ataque
El segundo ataque tuvo lugar la noche siguiente Tres cohetes del mismo calibre cayeron en territorio israelí. Aunque el daño tampoco fue muy grande, todo indicaba que Israel no tenía altemativa Por razones de dignidad, tenía que responder a esa provocación. Para disuadirla, Bush le envió misiles Patriot que le permitieran derribar en vuelo los Scud de Irak.
Pero al cierre de esta edición, el posible ingreso de Israel en forma oficial a la guerra era la gran incógnita de un conflicto que hasta el momento venía desarrollándose en forma previsible Los temores de un cambio de rumbo en la guerra se basan en la tesis de que la mayoria de los Estados Arabes son enemigos declarados de Israel, cuya existencia como Estado no reconocen Por eso, dificilmente podrían, en la eventualidad de una guerra entre Israel y un país árabe, estar alineados del lado judío Así, si se abrieran hostilidades entre Israel e Irak, los países árabes que estaban apoyando a Bush tendrían que abandonarlo e inclusive podrían cambiar de bando en la mitad de la guerra.
Pero se afirma que si Israel decide responder a la agresión iraquí, es muy probable que el escenario anterior no se produzca. Las implicaciones militares y politicas de la intervención de Israel en la guerra han sido exageradas. Militarmente, porque Irak no presenta ninguna amenaza real para la seguridad del Estado judío: los tanques de Irak tendrían que atravesar cientos de kilómetros de desierto jordano para llegar a Israel con la seguridad de que serían blanco seguro de las fuerzas aéreas enemigas. Por otro lado, mientras la fuerza aérea israelí está intacta, tras dos días de guerra la aviación iraquí ya estaba diezmada y, además, la mayoria de los aeropuertos de ese país ya habían sido destruidos. Por último, los cohetes iraquíes disponibles eran de por sí muy débiles y muy pocos desde el comienzo, pues la mayoría estaban apuntando hacia Arabia Saudita, lugar de concentración de las fuerzas de la coalición. Teniendo en cuenta que ocho ya han sido utilizados y muchos más han sido destruidos, la amenaza de los cohetes es simbólica desde el punto de vista militar.
Lo mismo sucede con las armas quimicas. A pesar de la propaganda sobre su monstruoso poder destructivo, los expertos afirman que para que los gases sean efectivos es necesario que se den algunas condiciones atmosféricas para que las armas puedan producir efecto. Si se disparan cápsulas de gas, este se dispersa en forma de neblina que, en caso de fuertes vientos, puede cambiar de dirección y perder su efectividad. Y si se disparan en forma de lluvia, sólo tienen efecto tóxico si se consumen alimentos o agua que han sido contaminados.
La amenaza militar a Israel ha sido exagerada tanto por el propio Israel como por Estados Unidos por razones políticas. A los dos lados les conviene dramatizar la situación para el manejo de opinión pública y para obtener concesiones mutuas. En la táctica, es poco o nada lo que Israel puede hacer que no hayan hecho ya dos mil aviones de la coalición.
No solo eso, en medio de tanto avión es casi imposible que, sobre la marcha, opere la Fuerza Aérea israelí en forma unilateral, sin exponer la seguridad de sus pilotos y el éxito de la operación aliada. El problema, por lo tanto, es estrictamente politico. Israel tiene que parecer ante sus ciudadanos y ante el mundo como un Estado que tiene que defenderse aunque no esté realmente amenazado. Por esto, su respuesta será probablemente no el envío de su Ejército a la guerra, sino más bien operaciones tipo comando en las cuales han demostrado ser expertos.
La reacción de los países árabes que apoyan a Bush probablemente no será tan categórica como se especulaba. Egipto, Turquía y Arabia Saudita ya han manifestado que le reconocen a cualquier Estado el derecho de defenderse ante una agresión unilateral, lo cual quiere decir que siguen con Bush Los otros no han abierto la boca, pero como el ataque a Israel y su defensa serán simbólicos, no es de esperarse una ruptura de la coalición y menos un cambio de bando.
El único país que navega en dos aguas es Jordania, que no está en capacidad militar de hacer mucha cosa. Así, pues, el factor Israel que se ha convertido en el caballito de batalla de todos los países que participan en la guerra, va a acabar siendo menos significativo de lo que se ha dicho en este conflicto.

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