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| 10/18/1982 12:00:00 AM

EL FIEL DE LA BALANZA

La crisis de los países "pobres" da la medida de la recesión. Sin embargo, unos cuantos países industrializados tienen la responsabilidad del grueso de los aportes.

Todo empezó el 1 de julio de 1944, poco después de que los aliados desembarcaran en Normandía. Todavía faltaba el último tirón de la guerra, pero ya 44 países habían decidido unirse en una liga económica en contra del Eje, cuyo principal objetivo sería la reconstrucción de las regiones afectadas por el conflicto.
Reunidos en Bretton Woods, pequeña población del septentrional estado norteamericano de New Hampshire, los 44 delegados decidieron en ese verano anterior a la victoria, fundar dos instituciones financieras que permitieran regular los cambios de las diferentes monedas y el flujo de dineros hacia países pobres, por un sistema de asociación. Esas dos instituciones eran el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo, o Banco Mundial. Y aunque su fundación no fue protocolizada hasta finales del 44 y del 45 -y no entraron en funcionamiento sino dos años después- su germen estuvo en la guerra.
La finalidad inicial del Banco Mundial fué promover las inversiones extranjeras a largo plazo, función que el Fondo Monetario no podía cumplir. Paulatinamente, a medida que pasaron los años, la atención del Banco pasó de los países devastados por la guerra a los países devastados por la pobreza. En 1960, los asociados habían subido a sesenta. Y en 1969 vino un cambio radical en el Banco, con la elección como presidente de Robert S. McNamara, que le dio una nueva estructura. La asociación se haría por regiones, y el poder decisorio se daría por paquetes de votos, en proporción directa a la cantidad de aportes que cada país hacia. Aunque esta organización dio nueva dinámica al Banco fue muy criticada por algunos sectores, ya que les otorgaba un dominio casi total a los Estados Unidos, país que tenía la cuota mayoritaria, equivalente a un 20% del total anual reunido por el Banco.
Trece años más tarde, se hizo evidente que aquellos críticos tenían razón. Pero no porque Estados Unidos hiciera uso criticable de su poder de voto (y de veto), sino por la más inesperada razón: Estados Unidos dejó de pagar una de las cuotas correspondientes a una sección del Banco Mundial. Esa cuota, que asciende aproximadamente a 1.200 millones de dólares, fue retenida por el Congreso norteamericano, con la aprobación tácita del gobierno de Reagan, con la esperanza de presionar al Banco para que modifique su sistema de aportes y busque apoyo en la banca privada norteamericana y de los demás países. Esta iniciativa, dicho sea de paso, ha sufrido un total rechazo por parte de los representantes de las finanzas privadas reunidos en Toronto.

CUOTA SIN FONDO
Los 1.200 millones retenidos corresponden a una de las tres cuotas que el antiguo presidente Carter se comprometió a entregar entre 1981, y 1983, con destino a una sección del Banco llamada "Agencia Internacional de Fomento". La AIF es una entidad especial, destinada a prestar dinero a países muy pobres, sin intereses y a plazos larguísimos. Es la única posibilidad de acceso al crédito internacional que tienen países ,como los del norte de Africa, por ejemplo. El aporte norteamericano prometido a este fondo por Carter asciende a unos 3.800 millones, pagaderos en tres años.
Ahora bien, el Banco Mundial, formado por la asociación de más de cien países, funciona por medio de aportes anuales que, sumados, alcanzan cifras astronómicas. La cuota anual destinada por los países ricos para el fondo de préstamos llega actualmente a unos 65 mil millones de dólares, de los cuales el 20% (14 mil millones) corresponden a los Estados Unidos. Esta voluminosa cifra permite a ese país ejercer un control efectivo sobre el sistema de crédito, aunque nominalmente no se admita. Unos cuantos países industrializados más (que componen el llamado grupo de los diez) tienen la responsabilidad del grueso de los aportes, mientras que el grupo de los venticuatro (países desarrollados o en vía de desarrollo) debe luchar por la distribución de los créditos, sin tener (paradójicamente) la mayoría.
Anualmente, el Fondo Monetario Internacional y el Banco tienen una asamblea de "gobernadores", o sea, de funcionarios que administran los asuntos de ambas entidades en las diferentes regiones del mundo. La reunión de este año, celebrada en Toronto, Canadá, del 7 al 10 de septiembre, tuvo especial resonancia, porque tenía lugar en medio de la recesión económica más grave desde 1930, con el ingrediente adicional de la crisis en los mecanismos del Banco por la negativa (o la dilación) de los Estados Unidos en pagar.

PRECIOS Y TASAS ALTAS
En efecto. La situación económica mundial se refleja especialmente en el crecimiento económico del Tercer Mundo, que alcanzó sus niveles más bajos en muchas décadas en 1981. Roger Lawrence, funcionario de comercio de las Naciones Unidas, formuló ese análisis en Ginebra un día después de terminada la conferencia de Toronto. "La mejoría prevista para 1982 no tendrá lugar, agregó, e inclusive en algunas regiones los resultados serán peores que en el 81".
Además, las altas tasas de interés de 1981 se reflejaron en un aumento de las deudas externas de estos países, sumadas a los déficit, de por sí altos, del año anterior. Esta situación no es nueva para los países del Tercer Mundo. A finales de 1970 se vieron sometidos a intensas presiones debido a la recesión de las economías de los países industrializados. Pero había una serie de factores que aliviaban la situación en estas regiones del mundo incluyendo altos precios de las materias primas y un mayor flujo de capitales.
Actualmente, el sistema financiero parece haber perdido su capacidad de incrementar el flujo monetario dirigido al Tercer Mundo. de modo que estos países encuentran cada vez menos respaldo en las instituciones financieras. Se han visto obligados a reducir su crecimiento para poder cumplir sus compromisos financieros internacionales, en lugar de ajustar su producción y capacidad de consumo.
Esta situación hace urgente el establecimiento de medidas que permitan el libre acceso de los productos del Tercer Mundo al mercado. Se esperaba que algún esbozo en este sentido saldría del cónclave económico de tres días en Toronto, pero no fue así.
Una de las principales preocupaciones en Toronto era la posición antagónica en que llegaron a la conferencia el "grupo de los diez" y el "grupo de los veinticuatro"; mientras los países del Tercer Mundo solicitarían incrementos en sus ayudas, los países industrializados como Estados Unidos solicitarían "restricciones" en las actividades del Banco Mundial y del Fondo Monetario.

RESERVA AMENAZADA
Mientras se pide el aumento de la cuota anual del Banco a cien mil millones de dólares, la Agencia Internacional de Fomento, AIF, se vió reducida de hecho en un 35%, cifra total de los recortes en su presupuesto de préstamos de cuatro mil millones. Muchos de los países que aportan fondos condicionaron su participación a la cuota norteamericana. Sin embargo, el presidente del Banco, A.W. (Tom) Claussen, logró de una docena de delegados la promesa de que cumplirán sus compromisos independientemente de la posición norteamericana.
El gobierno de Reagan, que busca impulsar al sector privado de su país para que "invierta" en el Banco Mundial, ha recibido rotundas negativas por parte de los representantes de entidades financieras como el American Express y de centrales obreras de la importancia de la AFL-CIO. Por el contrario, se le solicitó a Reagan cumplir los compromisos gubernamentales con el Banco Mundial. Pero el gobierno alega que la aprobación de las partidas depende del Congreso, y teme que los incrementos no sean aceptados por los palamentarios.
Sin embargo, se considera que los 27 mil millones de dólares de reserva con que cuenta el Banco son insuficientes para resolver los problemas de balanza de pago en los próximos años. Si ocurren más casos de emergencia como el de México, la reserva se agotaría rápidamente. Actualmente México está tramitando un crédito de 4.500 millones de dólares con el Fondo Monetario.
Así las casas, el panorama para los años 90 parece cada vez más sombrío Países como los del sur del Sahara verán incrementada aún más, si cabe, su miseria. Pero, en realidad, sucede que los países industrializados apenas alcanzan a controlar su propia economía, acosada por el incremento de los gastos militares, los recortes de los programas sociales, de alimentación y energía, y la fuerza negativa del desempleo, que sólo en los Estados Unidos alcanzó este año la cifra récord de once millones de personas.
Por todas estas razones, la galería de fotografías expuestas en la recepción del Hotel Sheraton de Toronto, sede de la asamblea, resultaba un poco paradójica. Allí estaban, sonrientes, los rostros de los banqueros y funcionarios participantes. Pero el panorama interno no tenía nada que ver con tales sonrisas.
Por ahora la discusión ha quedado "en punta". No hay un acuerdo sobre el aumento de las cuotas para el Banco, mientras que el crecimiento del Producto Nacional Bruto de los países tercermundistas ha descendido a la increíble cifra del 2.2.% anual. Si las nuevas cuotas, sean las que sean no entran en vigor sino hasta el 1985, de acuerdo a los plazos establecidos desde trece años atrás, dos o tres créditos de la magnitud del solicitado por México pueden agotar las reservas. Ahora, se abre un compás de espera hasta abril próximo, cuando el comité interino del F.M.L vuelva a reunirse. Lo cual, obviamente, no resolverá nada, hasta la próxima asamblea de ambos organismos.
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