Lunes, 16 de enero de 2017

| 1994/07/11 00:00

EL FUTBOL Y LA POLITICA

EL FUTBOL Y LA POLITICA



1934 POLITICA
El fascismo, que apareció en Italia en 1919, está en la cúspide del poder a comienzos de la década de los 30.

Benito Mussolini -'Il Duce'- fue consciente del aparato de propaganda polìtica que puede construir sobre el Segundo Campeonato Mundial de fùtbol a realizarse en 1934.

El aparatoso despliegue de propaganda fascista, aunque no influyò en los resultados en la cancha, dejò un mal sabor entre la comunidad internacional, preocupada por la utilizaciòn del deporte para exacerbar los ànimos del pùblico y glorificar las bondades de un règimen polìtico.

Ordenes son órdenes
Mussolini citó en su palacio al general Vaccaro, presidente de la Federazione Italiana de Calcio, y le impartió dos órdenes: La primera: obtener la sede del campeonato mundial.
La gestión política del general surtió efecto. Así, el viernes 13 de mayo de 1932 Suecia, que pretendía la sede, retiró con discreción su aspiración y 148 días más tarde, en Zurich, la FIFA confirmó a Italia como organizadora del segundo mundial.
La primera orden del Duce estaba cumplida.

Segunda orden
Italia debe ganar... o ganar. La segunda orden del Duce resultó aún más complicada: "No sé cómo hará, general, pero Italia debe ganar el Mundial". Vaccaro golpeó los talones, levantó el brazo al estilo fascista, y pálido salió del Palacio Venecia en Roma. El general conocía al Duce. Por eso ni siquiera intentó explicar que "una cosa es ganar la sede para Italia en un congreso, y otra derrotar al suficiente número de equipos en la cancha para alzarse con la Copa".
Il Comissario Tecnico, Vittorio Pozzo, responsable del equipo, no tuvo escrúpulos en alinear a cinco jugadores extranjeros naturalizados para contribuir a cumplir la orden.


El 'Mundial de Mussolini'.
El Torneo parece el Mundial de Mussolini. Música militar. Saludos fascistas. Y los estadios con claras alusiones políticas:
En Roma: Nacional Fascista.
En Turín: Benito Mussolini.
En Florencia: Berta
En Bolonia: Littorale.
En Génova: Luis Ferrari.
En Trieste: Littorio.


Mundial por radio
El interés por el mundial creció gracias al cubrimiento que las agencias de noticias le dieron al evento. La oficina de prensa emitió credenciales para 277 periodistas de 29 países.
Por primera vez se transmitieron internacionalmente las incidencias de un campeonato mundial por la radio.

Domingo de final
El 10 de junio llegó. Italia y Checosiovaquia disputarían la Copa.
Toda Italia estaba de fiesta. En las calles se cantaba el himno La Giovinezza. El estadio del Partido Nacional Fascista de Roma parecía más el escenario de una histérica manifestación política que de un partido de fútbol. Al momento en que apareció teatralmente en el palco oficial Benito Mussolini, el estadio se meció con los gritos incesantes de "Italia, Duce", "Italia, Duce".

El buen ejemplo
Para desestimular a los funcionarios oficiales que intrigaban por pases gratis para ingresar a la final, Benito Mussolini compró su entrada de cien liras. Así, sin preferencias, se acomodaron a su lado 45.000 hinchas a 60 liras por cabeza.

Mussolini, 'campeón del mundo '
El partido resultó durísimo. Durante el primer tiempo no hubo goles. En el segundo, el checo Puc abrió el marcador y con esa ventaja se mantuvo, entre la tensa expectativa de los italianos. Faltando ocho minutos para la final empató Italia. El Duce se salió del protocolo, gritó, gesticuló, mientras el estadio al unísono coreaba: ¡Italia! ¡Duce! ¡Italia! ¡Duce!
En el tiempo de prórroga que debieron jugar para resolver el empate, Schiavio marcó el segundo y definitivo gol italiano.

'Coppa del Duce'
La sobria estatuilla de apenas 30 centímetros, con la que la FIFA premiaba al campeón, lucía aún más discreta y bella al lado de la aparatosa Coppa del Duce -escoltada por fieles camisas negras- que el régimen instituyó como premio adicional.
Una vez terminado el partido, Benito Mussolini recibió en el Palazzo Venezia al equipo campeón, al árbitro sueco Eckling y al cuerpo técnico. Mientras estos últimos lucían elegante traje y corbata, los jugadores y el árbitro ingresaron con el uniforme de competencia y los guayos puestos.

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