Domingo, 22 de enero de 2017

| 1980/12/11 00:00

El grano que cambió al país

Durante casi un siglo la economía colombiana se movió al ritmo del café, la exportación que inició el camino del progreso nacional.

El grano que cambió al país

El café llegó de las islas del Caribe a Venezuela y de allí pasó a las misiones jesuitas de Santa Teresa en el Orinoco. En 1736 se siembran las primeras plantas de café en el seminario de Popayán. Pero es en los actuales Santanderes donde se inicia su cultivo con fines comerciales. En Salazar de las Palmas el sacerdote Francisco ponía penitencias a sus feligreses en matas de café sembradas.

Los primeros registros de exportación de café datan de 1835 y se cree que para ese año la producción llegó a 2.592 sacos de 60 kilos. Se trataba de un cultivo incipiente.

Entre 1835 y 1875 se produce la difusión de este cultivo por las provincias de Boyacá, Cundinamarca y Tolima. Posteriormente llega a Antioquia, donde va a encontrar mejores condiciones ambientales para su desarrollo.

El primer auge cafetero sucede entre 1887 y 1895 cuando la producción del grano llega a 35.000 sacos anuales, al tiempo que su cultivo se estaba extendiendo considerablemente. Esta pequeña bonanza estuvo seguida de la primera crisis, sucedida entre 1898 y 1905, originada por la caída de los precios en los mercados externos y por la destrucción de vidas y propiedades que ocasionó la Guerra de los Mil Días y que contó con las zonas cafeteras como uno de sus principales escenarios.

Al comenzar el siglo, el 17 de noviembre de 1904 se fundó la Sociedad de Productores de Café por iniciativa de Francisco Ospina Alvarez. Décadas después, en 1920, se realizó el primer Congreso Nacional de Cafeteros, que dos años después, en su segunda versión, da vida a la Federación Nacional de Cafeteros.

De aquí en adelante el primer medio siglo tendrá al café como el principal protagonista de la vida nacional. La política cafetera brasileña, establecida entre 1906, 1937, sostuvo el precio en alza y benefició al café colombiano, cuyos productores no incurrieron en los costos de retener cosechas para mantener los precios.

El despegue cafetero permitió la modernización de los transportes, la consolidación del sistema bancario, la apertura de nuevas tierras y el inicio de la industrialización. La dinámica cafetera produce una nueva geografía nacional: los puertos del Caribe se reaniman, se consolida la sociedad de vertiente en el Occidente colombiano, se produce la apertura hacia el Pacífico por la vía a Buenaventura, que provoca el auge de Cali, y reafirma a Bogotá como capital nacional.

El café encontró en la colonización antioqueña el terreno abonado para gestar allí la principal región cafetera. Surgen ciudades como Manizales, Pereira, Armenia, que le deben al grano su desarrollo.

El café permite la creación de un mercado interno e integra las ínsulas económicas que conformaban la Colombia de principios de siglo XX.

En 1962 se firma el Primer Convenio Internacional del Café, signado por 32 países que representan 95 por ciento de las exportaciones del grano.

En 1976 se firma el Segundo Convenio Internacional del Café, en medio de la crisis brasileña por las fuertes helada, que provocan alza en el precio internacional del grano y una bonanza nacional cuando el precio internacional de la libra llega a siete dólares.

En el Congreso Cafetero de 1983 empieza a distribuirse la variedad Colombia, un tipo de café resistente a la roya y que cambiaría el panorama de la caficultura nacional.

El Pacto del Café se rompe en 1989, lo que causará la eliminación del sistema de cuotas y liberará el mercado internacional del grano. Esto provoca la caída de los precios.

Entre 1998 y 2002 los cafeteros viven una de sus peores crisis. Los bajos precios y la falta de apoyo amenazan el futuro de 450.000 familias que viven del grano.

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