Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/10/01 00:00

El hombre detrás de la noticia

Así vivió el 11 de septiembre Aaron Brown, el presentador líder de ‘CNN’, quien les informó a millones de televidentes sobre los trágicos sucesos.

El hombre detrás de la noticia

Era la una de la mañana cuando Aaron Brown se quitó el audífono de su oído y el micrófono de su solapa después de la emisión de noticias. Cruzaron con un colega la desolada calle hacia el bar de enfrente del edificio, donde están localizados los estudios de CNN en Nueva York. Se tomaron unos tragos rápidamente y luego él se dirigió a un hotel al lado del edificio de CNN, localizado en Penn Plaza, en pleno corazón de Manhattan. Era un huésped inusual. No se trataba de un turista, ni llevaba equipaje y tampoco sabía por cuánto tiempo estaría hospedado en aquel lugar que queda a tan sólo 45 minutos del condado de Westchester, donde vive con su esposa y su hija. Cuando terminó el papeleo de rigor en la recepción subió a la habitación y se tumbó de una en la cama. Aunque estaba agotado después de haber trabajado sin interrupción por más de 18 horas fue difícil relajarse y conciliar el sueño. Esa noche sólo durmió unos minutos. “Lloré en esa habitación y desde ese momento he llorado muchas veces”, confesó a esta reportera.

Me sorprendió que Brown fuera tan asequible. Contactarlo no fue tan difícil. Tres meses después del 11 de septiembre, cuando su vida volvió a la normalidad, pude conversar con él por teléfono durante 45 minutos. En un tono directo y amable el presentador estrella me habló de las grandes decisiones periodísticas que debió tomar en ese momento.

Aquel 11 de septiembre había comenzado como cualquier otro dia pero terminó siendo el más importante de su carrera. Esa misma mañana, mientras conducía por la autopista West Side a la altura de la calle 70, repasaba mentalmente la serie de compromisos que debía atender. La mayoría eran entrevistas con periodistas que querían trabajar para él y citas con personajes que podrían ser interesantes para su programa, una especie de noticiero estrella de CNN que sería emitido por primera vez el 15 de octubre. Sería su presentación oficial al público. Tan sólo dos meses atrás Brown había firmado con la cadena mundial para ser, además de presentador de ese show nocturno, el presentador líder de noticias de última hora.

Pero una llamada cambió todos esos planes. Era su productor para contarle que un avión se había estrellado contra una de las Torres Gemelas. Como la gran mayoría, creyó que se trataba de un terrible accidente. Pero ante semejante tragedia supo que no tendría un día normal de trabajo.

En ese momento la mayoría de sus colegas se encontraban en una reunión editorial rutinaria que organizan todos los días a las 8:30 de la mañana. Medio centenar de periodistas estaban allí cuando el jefe de noticias de la oficina de Nueva York interrumpió y a grito herido les comunicó a todos acerca de la tragedia. La reunión se disolvió en cuestión de segundos y todos fueron abajo a la sala de noticias a prepararse para el cubrimiento. Para entonces la cadena ya estaba ofreciendo imágenes en vivo de la tragedia, convirtiéndose en la primera en mostrar estos históricos hechos al mundo.

Brown llegó a los estudios 15 minutos después de la llamada y fue recibido por sus colegas con la noticia de que un segundo avión había impactado la Torre B. “Me di cuenta de que no era un accidente, que nos estaban atacando y que mi vida iba a cambiar. Me tocaría estar al aire y pasar mucho tiempo relatando esa historia”, dijo el periodista de 53 años.

Sus cálculos no estaban errados. Durante tres semanas no pudo regresar a su casa, trabajó en promedio 18 horas diarias y en las siguientes dos semanas no pudo dormir más de 20 minutos al día. Cree que él es la persona en el mundo que más ha visto las imágenes de los aviones estrellándose contra las torres. Cada vez que cerraba los ojos la misma trágica escena se proyectaba en su mente como un ciclo al cual él no podía ponerle fin.

Teniendo en cuenta que desde la azotea del edificio se podían ver las torres se improvisó un estudio en el techo. Se subieron las cámaras, los monitores, micrófonos y todo el personal que debía controlar la emisión tomó un lugar en ese espacio. Una hora después de que el primer avión hubiera impactado una de las torres Aaron Brown apareció en las pantallas de millones de televisores en el mundo diciendo “pues es una imagen grotesca la que se observa desde aquí”, mientras pasaba la mirada hacia atrás, por encima de sus hombros, a los edificios envueltos entre el fuego y la humareda. Desde entonces se convirtió en el rostro que relató minuto a minuto la tragedia y a través de su voz los televidentes del mundo entero comprendieron la magnitud de los hechos que cambiarían el curso de la historia.

El olor a combustible quemado y el humo que emanaba del incendio llegaban hasta la azotea donde se encontraba Brown esa despejada mañana de otoño. Se escuchaban también las sirenas de las ambulancias y los carros de bomberos. A unos pocos metros de ese lugar, en la sala de noticias de CNN Nueva York, el ambiente no era más calmado. Unos entraban, otros salían, se escuchaban gritos y en el fondo el repicar de los teléfonos reforzaba esa sensación de caos. En la estrecha azotea donde Brown pasó la mayor parte del día, sin embargo, la situación no era tan frenética. Había mucha gente pero todos eran conscientes de que su principal misión era mantener a Brown aislado de esa locura que imperaba a unos metros de él. Muchos de ellos se conocieron con él ese día y a pesar de que nunca habían trabajado juntos conformaron rápidamente un equipo sólido que logró que todo funcionara. “El productor me decía quién estaba disponible para hablar y lo conectábamos. Así fuimos haciendo el cubrimiento”.

Fue el comienzo de la más compleja operación que se haya hecho en la historia de la televisión. La gran ventaja de CNN frente a la competencia fue que, así como tenía oficinas en Washington y Nueva York, también contaba con más de 30 corresponsales internacionales localizados en diversas partes del mundo, incluyendo Pakistán y Afganistán. Esto le permitió llevar la delantera frente a otras cadenas en el mundo.

Brown había trabajado durante los últimos 10 años en ABC News al lado de Peter Jennings en el programa World News Tonight. Era él quien remplazaba a Jennings los fines de semana y a Ted Koppel en su programa Nightline. En ese cargo también tuvo en sus manos importantes misiones, como informar sobre la muerte de la princesa Diana, cubrir la entrega de Hong Kong a los chinos, el regreso del presidente Aristide a Haiti, el juicio de O.J. Simpson y el terremoto de Los Angeles en 1994. Brown tenía experiencia de sobra para cubrir hechos de última hora. Pero esto no se parecía a nada que hubiera hecho antes. El impacto de los eventos le hizo estar consciente todo el tiempo de que no sólo estaba cubriendo una historia sino haciendo historia. “En una hora dos edificios habían colapsado, el Pentágono estaba en llamas, un avión se había estrellado en Pennsylvania, había muchos desaparecidos. Sabía que algún día los hijos de mis nietos oirían las palabras que yo estaba diciendo. Sabía que el mundo estaría mirando, los principales líderes mundiales, probablemente el presidente de Rusia, el de Francia, incluso el de Irak y el de Colombia estarían informándose con nuestro trabajo. Pero lo curioso es que en mi mente nada cambió. Había una historia que contar y no teníamos mucho tiempo”.

Brown permaneció al aire durante horas enteras junto con Paula Zahn, quien había sido recientemente contratada por la cadena y había empezado su trabajo apenas el día anterior. Ellos fueron respaldados por caras más conocidas, como Jeff Greenfield y Larry King, y juntos lograron organizar una audiencia mundial. El trabajo fue agotador. Cuando no estaba al aire, Brown planeaba la próxima emisión, hablaba con expertos o contactaba a los corresponsales para tratar de entender qué estaba pasando.

Una de las decisiones más rápidas —y tal vez la más trascendental de todas las que él y sus colegas debieron tomar esa mañana— fue la de no emitir imágenes de aquellas personas que al sentirse atrapadas entre el humo y el fuego saltaron al vacío desde las ventanas de las torres. No lo hicieron sólo por respeto hacia las víctimas ni porque se tratara de sus propios conciudadanos muertos. También pensaron en los televidentes. Brown cree firmemente en que hay ciertas historias que contienen imágenes muy perturbadoras para la audiencia, independientemente de dónde sucedan. El trabajo debía ser muy responsable y para ellos esto significaba no asustar a la gente, ser precisos y no presionar ningún botón que pudiese disparar el pánico. Si esta decisión no les gustó a sus colegas a Brown no le importó. Lo cierto es que CNN cubrió la noticia sin que los televidentes tuvieran que ver una gota de sangre, un hecho que fue aplaudido por la prensa mundial.

A medida que transcurrieron las horas también se decidió controlar el uso de las imágenes de los aviones estrellándose contras las torres. “Creía que la gente las había visto ya lo suficiente. Lo que sentí fue que si en una historia un reportero necesitaba esa imagen para contar parte de su reportaje la podía usar pero si era sólo para llenar un espacio les pedí que no lo hicieran”, dijo Brown. Una vez más las opiniones en contra lo tuvieron sin cuidado. En lo que sí estuvieron de acuerdo todos era en prescindir de la programación habitual y de la publicidad para hacer un cubrimiento sin cortes las 24 horas. “No fue una decisión difícil de tomar. Era obvio que no queríamos detener la historia, cortar y pasar a comerciales”, explicó. Lo complicado fue determinar cuándo los volverían a retomar. Esa semana la mayoría de cadenas emularon a CNN y estuvieron atentas para ver cuál de ellas era la primera que volvía a incluir los comerciales.

Durante una semana CNN dejó de emitirlos, sacrificando buena parte de sus ingresos. Pero recibió una recompensa que no tenía precio. Se

calcula que sólo el 11 de septiembre hubo más de 100 millones de personas en el mundo pegadas a su televisor sintonizando esta cadena. La disparada de los ratings no pudo ser más gratificante si se tiene en cuenta que la cadena había ido perdiendo su identidad en los últimos años. Con la presencia de nuevos competidores en la escena, como Fox y MSNBC, los directivos de la empresa habían pensado en cambiar su infraestructura para que dejara de hacer noticias de última hora en el mundo y se enfocara más en programas de análisis, discusiones y entrevistas. Pero el cubrimiento del 11 de septiembre volvió a poner a la cadena como líder en el mundo —al igual que sucedió durante la Guerra del Golfo—.

Parte del éxito se debió a este periodista de Hopkins, Minnesota, una cara conocida para muchos norteamericanos. Brown se había ido ganando la confianza de los espectadores en el mundo entero gracias al estilo relajado y conversacional que le imprime a su trabajo. No tiene la prepotencia de otros presentadores, es directo y posee un gran olfato para saber qué conmueve a la audiencia. Además exhibe una especie de inocencia que lo hace ver más cercano a sus televidentes. A uno de sus invitados le dijo “no tengo preguntas brillantes aquí” y durante el cubrimiento muchas veces admitió al aire “no sabemos” cuando no conocía los pormenores de la historia. “Creo que es muy importante decirle a la gente lo que se sabe pero también lo que se ignora. Había muchos temas a los cuales se les debía hacer seguimiento y por eso lo mejor era contar la cosas sin especular sobre lo que podía o no ser”.

Aunque los televidentes no percibieron su tristeza muchas de las historias lo afectaron profundamente. Todos los relatos de las personas que lograron escapar con vida de los edificios impactados fueron desgarradoras. Se le estremecía el corazón con los familiares de las personas desaparecidas y aún se inspira en el coraje de los bomberos y miembros de los equipos de rescate que murieron tratando de salvar a otros. Nunca se derrumbó al aire pero muchas veces ese día, lejos de las cámaras, no pudo detener el llanto.

La noche siguiente a los atentados, cuando anunció que había una amenaza de bomba en el Empire State Building, a sólo unas cuadras de donde se emitía el programa, Brown —quien seguía hablando al aire desde la azotea— continuó su reportaje, volteándose de vez en cuando en la dirección del famoso edificio pese a que en cualquier minuto podía estallar prácticamente en sus narices. “No tengo una respuesta para saber cómo mantuve la compostura. Tiendo a ser calmado en el aire y soy bueno para eso pero, sobre todo, soy consciente de que en momentos como el 11 de septiembre los televidentes llegan a nosotros en parte porque necesitan la información pero también porque quieren ser parte de una comunidad. Me preocupaba que si yo estaba nervioso o ansioso podría transmitir a los televidentes esas mismas sensaciones”.

Un periodista como él siempre está esperando el momento en que aparezca una buena historia para poder contarla. Pero esta historia rebasó todas sus expectativas. Paradójicamente, se benefició gracias a uno de los peores ataques terroristas de la historia. Su programa Night News con Aaron Brown en CNN atrae a una audiencia de 1,6 millones de espectadores y se le considera uno de los presentadores de las grandes ligas del periodismo de televisión en Estados Unidos.

Todavía no ha bajado la guardia. Dos meses después se encontraba en su cama leyendo el periódico cuando oyó el timbre del teléfono. Era alguien de CNN para informarle que el avión que hacía el vuelo 587 de American Airlines había caído cerca de Manhattan. Mientras conducía su carro hacia los estudios de CNN no pudo evitar volver a reproducir en su mente las escenas de las cuales había sido testigo desde la azotea cuando las torres se desplomaron. “Esas imágenes viven conmigo. Uno puede dividir esta historia en muchos momentos: el de los aviones estrellándose, las torres cayendo, el comienzo de la guerra contra el terrorismo, el video de Ben Laden, pero para mí nada se compara con lo que pasó el 11 de septiembre. No logro imaginar que vaya a existir algo tan impactante como lo que viví ese día”.

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