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| 1/15/2001 12:00:00 AM

El innovador

La teoría de la Autorrehabilitación Acompañada de Alberto Fergusson les ha devuelto a las personas discapacitadas el poder para liderar su propia mejoría.

Alberto Fergusson se graduó como siquiatra en los años 70, en el apogeo del movimiento antisiquiátrico. El movimiento se oponía a la reclusión de los enfermos y al uso de medidas represivas, como las camisas de fuerza, pero no planteaba suficientes alternativas. Entonces, si bien consiguieron que los sanatorios abrieran sus puertas, las calles de las grandes capitales del mundo se llenaron de locos indigentes. “Teníamos conciencia de lo que no se debía hacer, el reto era ensayar propuestas de lo que sí se debía hacer”, afirma Fergusson, quien creó con otras personas la Fundación Granja Taller de Asistencia Colombiana (Fungratá) en 1982.

Fungratá o La Granja, como más se le conoce, se creó como un programa de puertas abiertas para rehabilitar a locos de la calle. La hipótesis que manejaba es que todas las cosas que la humanidad ha demostrado que le hacen bien al hombre ‘normal’ para desarrollarse también les sirven a los que padecen de locura. Un concepto que aunque parece obvio, el sistema le negaba a los enfermos. Entonces, con el apoyo del Banco de la República y del Interamerican Foundation, principalmente, crearon una granja donde los pacientes obtienen terapias pero a la vez trabajan la tierra, tienen una panadería y una lavandería y gozan de una vida artística. Fungratá evolucionó con una gran participación de las universidades que adelantan sus prácticas allí.

A finales de los 80, sin embargo, decidieron evaluar el programa y para ello contrataron al doctor John Strauss, un profesor de Yale con autoridad en el tema de la esquizofrenia. Aunque la evaluación arrojó resultados positivos Fergusson y sus colegas se dieron cuenta de que no habían alcanzado todos los objetivos que se plantearon inicialmente. Entonces Fungratá dio un salto cualitativo. “Tomamos conciencia de que teníamos rudimentarios conocimientos de la enfermedad mental”, dice este profesor universitario y padre de cuatro hijos. “Eso nos permitió decirles a los pacientes, háganse cargo de su asunto. Les vamos a entregar todo lo que la ciencia conoce pero, sobre todo, hacerlos conscientes de todo lo que ignora”.

Al esquizofrénico le contaban todo lo que sabían de la enfermedad pero también que algunos científicos decían que ésta no existía y otros que era hereditaria. Entonces la persona, con toda esa información comenzaba, por ejemplo, a descubrir que hacía crisis cuando se rodeaba de personas pero que se sentía muy bien cuando estaba con sus perros. La terapia de autorrehabilitación se dirigía, entonces, a que la persona diseñara su vida como ermitaño. “La opción era ser raro o ser loco”, afirma Fergusson, quien rompiendo los paradigmas tradicionales de la siquiatría les ha devuelto a sus pacientes el poder para rehabilitar su vida.

Recientemente el equipo de Fungratá, en conjunto con la Fundación Colombiana de Rehabilitación, ha comenzado a aplicar su teoría de Autorrehabilitación Acompañada a personas con discapacidades físicas. “Los pacientes piensan que todavía hay algo allí afuera que los va a salvar”, dice Fergusson. Alberto les mata su ilusión. Los convence de que sólo ellos son capaces de liderar su rehabilitación y de diseñar una nueva vida que incorpore su discapacidad. Los terapeutas creen que pueden realmente ayudar al paciente. Fergusson los baja de esa nube. “El terapeuta no puede hacer más que acompañarlo”, explica el médico. Es un golpe intenso para el narcisismo terapéutico”. Lo que sí puede hacer el terapeuta es darle a la persona toda la información que existe sobre la discapacidad, suministrarle artículos sobre las teorías que se manejan al respecto y sobre los aparatos que se están utilizando en el mundo para el caso en cuestión.

“Lo volvemos un experto en su lesión y lo convencemos de que sea él el que lidere su rehabilitación, que sea él el que decida cómo replantea su vida”, explica Alberto, quien ha beneficiado con su enfoque a más de 1.000 personas con discapacidad, sobre todo mental.
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